viernes, 10 de abril de 2020

TEORÍA FILOSÓFICO-ONÍRICA DE LOS DOS LADOS





















TEORÍA FILOSÓFICO-ONÍRICA DE LOS DOS LADOS
Fermín Huerta Martín

“Todos los días suceden en el mundo cosas que no se explican por las leyes que conocemos de las cosas. Todos los días, habladas durante un momento, se olvidan, y el mismo misterio que las ha traído se las lleva, convirtiéndose el secreto en olvido. Tal es la ley de lo que tiene que ser olvidado porque no puede ser explicado. A la luz del sol, continúa siendo normal el mundo visible. El ajeno nos acecha desde la sombra.”
Libro del desasosiego. Fernando Pessoa.

1
La realidad consta como mínimo de dos lados. Ambos de diferente naturaleza pero igualmente materiales. Para el hombre esto se traduce en una actividad en un lado que se desarrolla cuando se está despierto y otra actividad en el otro lado que se desarrolla mientras dormimos. Definiremos a ambos puestos como lado 1 el despierto y lado 2 el dormido. El cerebro es el órgano que enlaza ambos lados. El sueño es el instrumento físico que utiliza el cerebro para reducir su actividad en el lado 1 y así potenciar la actividad del lado 2. La memoria y el yo residen en el lado 2 pero solo pueden tener una experiencia física por mediación del cerebro y la materia del lado 1. Anexo 1.
2
“Ha sido sólo un momento, y me he visto. Después, ni siquiera sé decir ya lo que ha sido. Y, por fin, tengo sueño, porque no sé por qué, creo que el sentido es dormir.”
Libro del desasosiego. F. Pessoa.

“Esta manera de enfocar el fenómeno del sueño tiene ciertas consecuencias heurísticas. Le quita algo de misterio al fenómeno. No tenemos que buscar tan penosamente una explicación ya que podríamos considerar el sueño como el estado “normal” o “basal” del cerebro, y que lo raro fuese estar despierto. No tenemos porqué sugerir que ese estado de sueño sea esencial para la “estabilización de los rastros de los recuerdos”, para “recargar las sinapsis” (…) sólo tenemos que “explicar” el estado consciente (…) podríamos decir que el estado consciente es la manera que tiene el animal de preservar el estado inconsciente (…) el estado de alerta, la atención, sobrevienen para que el animal pueda “hacer su vida” (…) habiendo logrado estos fines, habiendo hecho que el milieu intérieur sea tan óptimo como sea posible, el estado consciente ya no es necesario y el cerebro puede pasar otra vez a su estado basal.” Pág. 380.
EL CEREBRO. C. U. M. Smith.
“El estado de vigilia es aquel que nos importa prácticamente, mientras que el sueño es lo más ajeno a la acción, lo más inútil del mundo. Como, desde el punto de vista práctico, es un accesorio, somos llevados a considerarlo, desde el punto de vista teórico, como un accidente. Apartemos esa idea preconcebida, y el estado de sueño nos aparecerá al contrario como el substratum de nuestro estado normal. Él no se sobreañade a la vigilia: es la vigilia la que se obtiene por la limitación, la concentración y la tensión de una vida psicológica difusa, que es la vida del sueño. En un sentido, la percepción y la memoria que se ejercen en el sueño son más naturales que las de la vigilia: la conciencia se entretiene allí en percibir por percibir, en recordar por recordar, sin ninguna preocupación por la vida, desinterésense: por ello mismo pasan del yo de la vigilia al yo de los sueños, menos tenso, pero más extenso que el otro. El mecanismo de la vigilia es entonces el más complejo, el más delicado, también el más positivo de los dos, y es la vigilia, mucho más que el sueño, lo que reclama una explicación.” Pág. 139.
La energía espiritual. Henri Bergson.
3 ANESTESIA
“A pesar de que se administran anestésicos a millones de pacientes cada año, los mecanismos farmacológicos que producen la pérdida de conciencia y la analgesia se conocen mal.”
Anestesiología. Investigación y ciencia,  nº 105.
Peter M. Winter, John N. Miller.
“Si se llega a probar la hipótesis de que la pérdida de conciencia por la anestesia está causada por la inhibición del movimiento de los electrones en los microtúbulos (diminutos tubos de pared proteínica que forman el esqueleto de las células), entonces podrían darse procesos cuánticos no-algorítmicos que hiciesen surgir la conciencia.” Pág. 154.
El problema cerebro-mente. Enric Trillas.
“Tales procesos se desarrollarían en los microtúbulos, partes de las células en las que, según el anestesiólogo Hameroff, las aplicaciones anestésicas indican que se inhibe el movimiento de los electrones al suprimirse la conciencia.” Pág. 205.
El problema cerebro-mente. Ramón Pascual.
3A
La anestesia no anula la conciencia, la anestesia desactiva los mecanismos cerebrales que el lado 1 utiliza para contactar con la conciencia que se encuentra en el lado 2.
3B
“Un camino importante hacia la respuesta de preguntas relativas a las bases físicas de la consciencia surge de un examen de lo que precisamente desconecta dicha consciencia de forma muy concreta. Los anestésicos generales tienen precisamente esa propiedad –completamente reversible, si las concentraciones no son demasiado altas—y es un hecho notable el que la anestesia general puede ser inducida por un gran número de sustancias completamente diferentes que parecen no tener ninguna relación química entre sí (…) A medida que los gases anestésicos se difunden entre las células nerviosas individuales, sus propiedades dipolares eléctricas (que no tienen mucho que ver con sus propiedades químicas comunes) pueden interrumpir de este modo las acciones de los microtúbulos (…) Como apoyo para las sugerencias de que es el citoesqueleto el que está directamente afectado por los anestésicos generales, puede comentarse que no son sólo los “animales superiores”, tales como los mamíferos o los pájaros, los que quedan inmovilizados por dichas sustancias. Un paramecio, una ameba, o incluso el mantillo verde de las ciénagas es afectado de forma análoga por los anestésicos del mismo tipo y concentración aproximada (…) Presumiblemente, para que la consciencia aparezca en general no es un citoesqueleto como tal lo que es relevante, sino alguna acción física esencial que la biología se las ha arreglado astutamente para incorporar en la actividad de los microtúbulos. ¿Cuál es esta acción física esencial? (…) es a través del control citoesquelético de las conexiones sinápticas como esta interfase cuántico/ clásico ejerce su influencia fundamental sobre el comportamiento cerebral.”Pág. 391.
Las sombras de la mente. Roger Penrose.
4
Esta teoría está filosóficamente justificada en el segundo género de materialidad de Gustavo Bueno y en el “cono” de Henri Bergson. De hecho la figura geométrica del cono, que termina en un punto, nos viene bien como imagen, mejor aún seria dos conos  unidos por ese punto. El punto seria el cerebro y los dos conos serían los dos lados de la realidad. Los sueños serian la actividad en el otro lado del cono, donde no rigen las normas o la lógica que existe en el lado contrario. Quisiera dejar claro que ambos lados pueden ser perfectamente materialidades de diferente orden ontológico, no hablo de materia/espíritu sino de diferentes materias.
5
“Sueño es la fusión con Dios, el Nirvana, sea en las definiciones lo que fuese; sueño es el análisis lento de las sensaciones, sea usado como una ciencia atómica del alma, sea dormido como una música de la voluntad, anagrama lento de la monotonía.”
Libro del desasosiego. F. Pessoa.

Mientras trabajaba en la elaboración de este texto sucedió una cosa sorprendente, buscaba frases relativas al sueño en el libro de Fernando Pessoa llamado Libro del desasosiego,  frases que pensaba usar para acompañar mis reflexiones, el libro lo empecé a leer en 1986, por alguna razón que desconozco dejé de leerlo, tengo anotaciones hasta la página 48, leía simultáneamente el libro de Piaget 6 estudios de psicología y debió interesarme más porque después continué con su  Psicología y epistemología. El caso es que el libro durmió (con algún manoseo) en mi biblioteca hasta que decidí leerlo en el verano de 2019. En otro lugar he escrito las impresiones que me produjo su lectura global. Lo interesante aquí es el contenido de la entrada 267, pues era ni más ni menos  que un resumen en toda regla de mi teoría. Comprenderéis mi sorpresa y hasta estupefacción. Hay un nexo de unión entre Pessoa y yo, se trata de Bergson, en alguna parte he leído que fue seguidor suyo, quizás la lectura de Bergson le llevara a esa reflexión o quizás es una reflexión ajena a esa lectura. En mi caso está claro que fue la lectura de Bergson (y lecturas científicas sobre estos temas) la que me hizo entender partes de la obra de Bueno que no aceptaba y de la mezcla de estas dos influencias surge el presente texto.
Confesada ya la falta de originalidad de mi teoría procedo a copiar la entrada 267 de Pessoa que tan extraña y maravillosa sensación me produjo su lectura.
6 (267)
“Pienso a veces con una satisfacción (en bisección) en la posibilidad futura de una geografía de nuestra conciencia de nosotros mismos. A mi modo de ver, el historiador futuro de nuestras propias sensaciones podrá quizás reducir a una ciencia exacta su actitud para con su conciencia de su propia alma. De momento, estamos en el principio de este arte difícil —arte todavía; química de las sensaciones en su estado alquímico por ahora. Este científico de pasado mañana sentirá un escrúpulo especial por su propia vida interior. Creará de sí mismo el instrumento de precisión para reducirla a analizada. No veo dificultad esencial en fabricar un instrumento de precisión, para uso autoanalítico, con aceros y bronces sólo del pensamiento. Me refiero a aceros y bronces realmente aceros y bronces, pero del espíritu. Y tal vez así mismo deba ser construido. Será quizás preciso concertar la idea de un instrumento de precisión, viendo materialmente esa idea, para poder proceder a un riguroso análisis íntimo. Y naturalmente será necesario reducir también el espíritu a una especie de materia real con una especie de espacio en el que existe. Depende todo esto del aguzamiento extremo de nuestras sensaciones interiores, que llevados hasta donde pueden ser, sin duda revelarán, o crearán, en nosotros un espacio real como el espacio que existe donde están las cosas de la materia, y que, además, es irreal como cosa. Ni siquiera sé si este espacio interior no será tan sólo una nueva dimensión del otro. Tal vez la investigación científica del futuro venga a descubrir que todo son dimensiones del mismo espacio, ni material ni espiritual por eso. En una dimensión viviremos como cuerpo; en otra viviremos como alma. Y hay quizás otras dimensiones donde vivimos otras cosas igualmente reales de nosotros. Me gusta a veces dejarme poseer por la meditación inútil del punto hasta donde esta investigación puede llevar. Tal vez se descubra que aquello a lo que llamamos Dios, y que tan patentemente está en otro plano que no la lógica o la realidad espacial y temporal, es un modo nuestro de existencia, una sensación de nosotros mismos en otra dimensión del ser. Esto no me parece imposible. Los sueños también serán tal vez o también otra dimensión en que vivimos, o un cruce de dos dimensiones; como un cuerpo vive en la altura, en la anchura y en la longitud, nuestros sueños, quién sabe, vivirán en lo ideal, en el yo y en el espacio. En el espacio, por su representación visible; en lo ideal, por su presentación de otro género que la de la materia; en el yo, por su íntima dimensión de nuestros. El propio Yo, el de cada uno de nosotros, es quizás una dimensión divina. Todo esto es complicado y a su tiempo, sin duda, será aclarado. Los soñadores actuales son tal vez los grandes precursores de la ciencia final del futuro. Pero eso no viene al caso. Hago a veces metafísica de éstas, con la atención escrupulosa y respetuosa de quien trabaja de veras y hace ciencia. Ya he dicho que hasta es posible que esté haciéndola realmente. Lo esencial es que yo no me enorgullezca mucho de esto, dado que el orgullo es perjudicial para la exacta imparcialidad de la precisión científica.”
Libro del desasosiego. F. Pessoa.
7 PENROSE
“Estoy convencido de que nunca estoy despierto. No sé si no sueño cuando vivo, si no vivo cuando sueño, o si el sueño y la vida no son en mí cosas mixtas, intersecadas, de las que mi ser consciente se forme por interpenetración.”
Libro del desasosiego. F. Pessoa.

La teoría de Penrose sobre la conciencia, expuesta por ejemplo en Las sombras de la mente, es un buen ejemplo del modelo que nos gustaría para nuestra teoría filosófico onírica. Aunque se le puede acusar de ser una mera especulación, el autor propone una teoría sobre la mente compatible con la investigación científica, postula además los posibles mecanismos de existencia y funcionamiento, nuestra teoría solo modificaría un aspecto de la teoría de Penrose. Para nosotros, las tubulinas (o el retículo vesicular presináptico que Penrose cita de Eccles) no generarían la mente sino que serían las responsables de contactar con la mente. Lo importante es el modelo de explicación que aúna la especulación filosófica con la ciencia. Lejos de explicaciones espiritualistas.
En el libro citado de Penrose habla de “materia mental” y de una “mente” dualista que es (lógicamente) externa al cuerpo. Este no es nuestro caso, la materia mental no es estrictamente externa y está por ver a que leyes se somete. Mi propuesta no es algo “externo” al cuerpo, hay contigüidad de contacto en esas tubulinas o lo que sea, entre los dos lados. Lo que implica que esa materialidad contacta con la otra dentro del cerebro. Comenta Penrose “Es difícil, sin embargo, argumentar contra un punto de vista semejante de un modo riguroso, puesto que por su propia naturaleza está despojado de reglas claras que la permitirían someterse al argumento científico.” Este es clarísimamente el reto al que nos enfrentamos, extender la cientificidad al lado 2. Penrose lo dice admirablemente: “qué lugar podría llegar a encontrarse dentro de una ciencia que indudablemente se extenderá mucho más allá del ámbito limitado que admite hoy (…) debemos buscar mucho más profundamente dentro de las estructuras “materiales” físicas y reales que constituyen los cerebros (…) no hay en definitiva otra solución que sondear más profundamente en las verdades que realmente yacen en las raíces de la Naturaleza (…) Incluso si de hecho hay efectos importantes de una naturaleza cuántica que son esenciales para el funcionamiento de los microtúbulos y para la acción cerebral consciente, podría no ser fácil demostrar su presencia mediante experimentos concluyentes”, y esta es nuestra postura.

8
“Para mí, el cerebro es como una plancha llena de agujeros, que dejan pasar la conciencia pero no la crean” Conversaciones con Bergson, J. Chevalier.



Imaginemos una figura como la anterior, con dos departamentos de igual tamaño separados por una lámina por la mitad horizontalmente, la parte superior está llena de agua, la inferior esta vacía. Si el separador fuese una trampilla, todo el contenido de la parte superior podría pasar a la inferior, si el separador no puede moverse pero podemos realizar agujeros por donde puede haber un trasvase de contenido de uno a otro lado. Esto es lo que realiza el cerebro con cada microtúbulo, un poro por el que puede circular contenido de uno a otro espacio. A más conexiones neuronales mayor conciencia, las neuronas después intentan reconstruir mediante conexiones la unidad original del “líquido” contenido arriba y ahora vertido abajo.  Al nacer el cerebro del niño comienza a hacer contactos con el lado 2 (el superior en la imagen). Aquí podríamos usar la imagen que utiliza Antonio Dopazo en Bergson y el problema de la creación “alma universal como interioridad sin conciencia”. Los poros del cerebro contactarían con el contenido de 2 vacío de todo registro, las experiencias adquiridas en 1 empezaran a llenar de registros (memoria) el lado 2 personal del sujeto. Quizás como plantea Bergson este registro es total y se conserva integro. De alguna manera ese registro es personal e intransferible, debe haber algún mecanismo (pues no hay que olvidar que estamos hablando de una forma de materialidad) que garantice esto. Que garantice el acceso a una porción virgen de contenido en 2. Que garantice el mantenimiento de la misma porción durante toda la vida del sujeto. Queda finalmente abierto el asunto del destino post mortem de esta porción una vez utilizada ¿Qué puede ocurrir con ella?
Pueden darse varias opciones:
Que el registro se borre y pueda ser utilizado por otro individuo. Quizás cada persona tenga un código de acceso diferente que garantice su accesibilidad individualizada.
Que el registro ocupado siga existiendo una vez rotos los lazos con el lado 1. Pero sin posibilidad de aumentar el registro, lo cual solo es posible en el contacto con el lado 1, inutilizado tras la muerte del individuo. Dice un insigne representante del Materialismo Filosófico:
 “¿Qué ocurre con los contenidos psíquicos en la muerte cerebral? El materialismo filosófico no puede aceptar ni que pervivan ni que se aniquilen”
Principios y problemas abiertos del materialismo discontinuista. Javier Pérez Jara.
¿Podemos hablar en este caso de supervivencia de la mente tras la muerte del cuerpo?
Cabe la posibilidad de que exista lo que denomino supervivencia onírica, esto se deduce del planteamiento que he realizado a lo largo del presente artículo sobre la importancia de los sueños, como actividad del yo en el lado 2 cuando la conexión con el lado 1 esta disminuida pero no desaparecida.
¿Persistirá así indefinidamente esta actividad onírica tras la muerte? Si la memoria se conserva intacta tiene un material asegurado para construir sus historias-sueño. La clave está en saber si ese yo-memoria tendría algún tipo de autonomía exclusiva en el lado 2 tras la desconexión total con el lado 1. Es decir en saber si ese lado 2 sería una interioridad con conciencia o con registros de conciencia pero sin conciencia. Evidentemente la cuestión está abierta. Si algún día podemos construir una maquina capaz de operar con este tipo de materialidades quizás sea posible contactar con memorias completas de personajes históricos muertos y solucionar todos los enigmas pendientes de la historia de la humanidad.
También es factible que este registro separado del lado 1 se disuelva gradualmente como parece el destino de toda materialidad.
9
“Quiero sentir al sueño llegar como vida, y no como reposo.”
Libro del desasosiego. F. Pessoa.

En nuestra ontología dualista, el lado 2 solo puede “manifestarse” en contacto con el lado 1, durante la vigilia el lado dominante es el 1, durante el sueño el lado dominante es el 2, pero en ninguno de ambos casos hay separación total de ambos. El yo y la memoria son partes materiales del lado 2. Para operar en el lado 1 necesitan las conexiones que las neuronas establecen en el cerebro con el lado 2. Las “entradas” con información se producen en el lado 1 a través de los sentidos y de ahí parten las necesidades de búsqueda para la acción en la memoria del lado 2. No podemos suscribir la afirmación de Bergson de que la memoria lo registra todo. En todo caso postulamos una asimetría entre los contactos neurales y el contenido del lado 2. Para que hubiese una simetría completa en ambos lados, debería haber un contacto total entre los dos lados, cosa que no ocurre. Precisamente es el incremento en el número de conexiones lo que establece el concepto de evolución intelectual, desde el ser más primitivo al ser humano actual.
Para Eccles la memoria esta codificada neuralmente en el cerebro (lado 1), dice en El yo y su cerebro pág.425 “La mente autoconsciente puede provocar actividades cerebrales que resultan efectivas a la hora de retirar información de los bancos de datos que probablemente se hallan ampliamente distribuidos por la corteza cerebral (…) La información recuperada se interpreta desde las áreas de relación del cerebro y se contrastan con los resultados esperados en virtud de lo que podríamos denominar la función de reconocimiento de memoria de la mente autoconsciente. En virtud de este reconocimiento de memoria, la mente autoconsciente puede descubrir que la recuperación del banco de datos es errónea.” Esto supone una duplicidad, pues la mente autoconsciente (lado 2) es el árbitro que dilucida cuando un recuerdo es correcto, lo que implica que debe existir allí también. Para nosotros, la memoria está en el lado 2 codificada de algún modo, durante la vigilia los entramados neuronales monitorizan la mente autoconsciente. Cuando uno busca una palabra olvidada (en mi caso, palabras recurrentes que olvido, tallarines, diabético, castidad), se puede tener una imagen o contexto de lo buscado, pero falta el nombre, no se da con él, la parte del circuito neural que debe contactar con la parte de la memoria que lo almacena sufre alguna disfunción, tras un esfuerzo de búsqueda se restablece la función o se consigue un enlace alternativo, se encuentra el nombre olvidado, pues durante la vigilia la memoria solo es posible en la unión de los dos lados. Al ser ambos materiales pueden existir malfuncionamientos en ambos lados, al recordar la palabra olvidada puede darse error, creer que se ha recordado correctamente y no ser así. Se tendrá que recurrir a otras formas para comprobar el recuerdo, preguntar a alguien, buscar en un diccionario, en Internet, etc.
Así la palabra “tallarines” esta espacialmente en el lado 2, pero el requerimiento de búsqueda parte del lado 1 que es el que recibe el estímulo que inicia la acción. La memoria no está duplicada.
El que el yo y la memoria habiten el lado 2 no quiere decir que sean lo mismo. Cuando la interacción de los dos lados requieren la búsqueda de una palabra, esta se encuentra codificada (si es el caso) en el lado 2 área memoria, pero no en el lado 2 área yo. El yo del lado 2 es en última instancia quien decide si es la palabra correcta o no, pero no porque disponga de una memoria interna propia y duplicada que le habilite a tomar esa decisión. Por eso pueden darse los errores, el yo puede equivocarse al tomar una respuesta por correcta.
10 PREGUNTAS
¿Por qué las células nerviosas no se reproducen? Pág. 27.
No se ha obtenido una respuesta firme a la pregunta ¿Cuál es la base física de la memoria? Pág. 34.
¿Cómo puede un sistema constituido por unidades si/no, inflexibles, dar una respuesta flexible capaz de adaptarse? Pág. 131.
¿Cómo pueden ser convertidos los efímeros flujos de iones de los impulsos nerviosos, que tan solo duran unos pocos milisegundos, en un rastro que puede durar toda la vida?¿Cómo puede un tal engrama convertirse otra vez en potenciales de acción dinámicos durante el proceso de recordar?¿Qué forma podría adoptar un engrama que poseyese tales cualidades? Pág. 354.
El cerebro. C.U.M. Smith.
¿Cómo se pasa de eventos físicos a eventos psíquicos? Pág. 267.
¿Cómo pueden reducirse a procesos cerebrales y términos neurocientíficos, esto es, moléculas, potenciales de acción y circuitos, los pensamientos y las emociones? Pág. 269.
El problema cerebro-mente. Francisco Mora
11 IGNORANCIAS
Cuando se consiga un teoría física del cerebro. Pág. 270.
Los neurobiólogos no tienen casi la menor idea sobre los posibles orígenes del pensamiento simbólico. Pág.279.
Las relaciones entre mente y materia no están resueltas, sino tan solo almacenadas, en la teoría del comportamiento. Pág. 305.
El problema de la memoria individual, espera todavía a su Darwin. Los Galápagos del cerebro están todavía por visitar, o si lo han estado todavía tenemos que aprender sus lecciones. Pág. 341.
El estudio de los procedimientos que tiene el cerebro para aprender, no nos responderá fácilmente a la pregunta de dónde almacena el cerebro la información que ha aprendido, o bajo qué forma se almacena esta información. Pág.350.
La neurofisiología solo nos ayuda a explicar el comportamiento de otros, y de nosotros mismos, en tanto en cuanto nos podemos observar “desde el exterior”: no ilumina la naturaleza de nuestra propia experiencia individual. La dicotomía entre mente y cerebro, experiencia y comportamiento es mucho más profunda que esto. El neurofisiólogo solo podría demostrar unos ciertos potenciales de acción y unas ciertas reacciones químicas a nivel sináptico. Pág. 392.
El cerebro. C. U.M. Smith.
El sistema en conjunto tiene propiedades que superan las previsibles en un simple sistema modular. Pág. 53
Aún no es posible dar una explicación completa del desarrollo de ninguna parte del cerebro y mucho menos del cerebro en conjunto. Pág. 69.
Las benzodiacepinas son el tipo de fármacos psicoactivos más ampliamente recetados, no obstante, todavía estamos sin conocer su mecanismo de acción. Pág. 90.
Vale la pena señalar que nadie tiene la más remota idea acerca del porqué las rutas del sistema nervioso muestran esa sorprendente tendencia a cruzarse. Pág. 116.
Problema real, de qué manera, exactamente, analiza el cerebro la información. Era como si la representación pudiera ser un fin en sí misma en lugar de servir a una finalidad más sutil. Como si lo que el córtex hiciese fuese complacer a algún geniecillo  que estuviera sentado en el interior de la cabeza y supervisara las imágenes que se movían a través del córtex. A lo largo de este artículo  demostraremos que, cuando menos para la visión, el mundo está representado en una forma muchísimo más distorsionada, cualquier geniecillo que intentara entresacar información  de la proyección cortical acabaría perplejo y desconcertado. Pág. 116.
Desconocemos el sustrato biológico de la fatiga cerebral, de su aparición al prolongarse el estado vigil y de su desaparición. Pág. 206.
El cerebro. Libros de Investigación y ciencia.
Por extraño que parezca, no entraña ninguna ventaja, desde un punto de vista evolutivo, que algunos tipos de dolor sean conscientes. Pág. 501.
El yo y su cerebro. Popper y Eccles.
Es impensable el paso de la física del cerebro a los correspondientes hechos de conciencia. Pág.80.
La apariencia subjetiva o la cualidad experiencial de lo mental, aún está fuera del ámbito de cosas que pueden ser explicadas con los principios científicos con que contamos. Pág. 80.
No tenemos ni el menor atisbo de una teoría general que nos explique por qué una cierta operación física del sistema nervioso central humano da lugar al tipo de conciencia que produce. Pág. 81.
Las ciencias no demostraran probablemente nunca la intimidad del funcionamiento cerebral. Pág. 262.
Ciertamente las neurociencias actuales están todavía muy lejos de aportar una hipótesis integrada del funcionamiento cerebral que permita explicar en términos neuronales los fenómenos más complejos (procesos mentales). Pág. 266.
Ningún área es destino final común del procesamiento del cerebro. No hay en la corteza cerebral teatro alguno en el que se represente el acto final, ni lugar o morada para un supremo analizador ajeno o propio al cerebro. La corteza cerebral parece ser como una madeja sin principio ni fin. Pág. 279.
Desconocemos, verdaderamente, cómo funciona el cerebro. Pág. 288.
Desvelar la lógica de los procesos cerebrales, que subyacen a los procesos mentales, requerirá de una nueva y diferente aproximación científica a la que se ha seguido hasta ahora. Las neurociencias están faltas de una revolución. Pág. 288.
El problema cerebro-mente. Varios autores.
12 SUEÑO
El sueño puede deberse a una inhibición activa de la conciencia, pudiera no ser un mero relajamiento de la tensión cerebral; sino un estado de actividad diferente. Pág. 379.
Muchas neuronas corticales están bastante más activas durante el sueño que en estado consciente. Pág. 380.
El cerebro. C.U.M. Smith
El ritmo del metabolismo cerebral es relativamente constante tanto de día como de noche e incluso puede verse ligeramente aumentado durante los periodos de sueño de la noche. Pág. 85.
Actividad llena de misterio que son los sueños. Pág. 206.
La necesidad biológica de soñar no parece imponerse, puesto que, al parecer, perturba el descanso reparador del organismo. Pág. 206. Las neuronas no descansan mientras dormimos,  tienen una actividad diferente de la que efectúan cuando estamos despiertos. Pág. 206.
Se comprende mal como puedan los sueños constituir una ventaja evolutiva. Pág. 206.
El cerebro. Libros de Investigación y ciencia.
El sueño sigue siendo, en muchos de sus aspectos, una incógnita. Pág. 17.
Todos tenemos una experiencia personal de lo que es el sueño, pero su origen, sus mecanismos y su significado funcional siguen siendo en gran parte un misterio. Pág. 21.
Durante el sueño tiene lugar una compleja actividad en el encéfalo: la actividad neural y mental puede llegar a ser mayor en ciertas fases del sueño que en vigilia. Quedan aún muchas incógnitas por resolver y todavía no se puede responder satisfactoriamente a preguntas tales como ¿Qué sucede en el cerebro durante el sueño? O ¿por qué se necesita tanto dormir? Pág. 21.
El EEG del sueño REM es muy similar al de vigilia (…) esta similitud es sorprendente si se considera que dichos estados son tan distintos desde un punto de vista comportamental. Pág. 38.
Tradicionalmente se ha supuesto que el sueño sirve para el reposo y la restauración del desgaste que el organismo ha sufrido en vigilia, pero los datos experimentales indican que el aumento de actividad en vigilia no siempre produce un aumento del tiempo de sueño subsiguiente y, por otra parte, es obvio que el reposo físico no basta para suprimir la necesidad de dormir. Pág. 79.
Pese a casi medio siglo de estudio científico del sueño, incluyendo las tres últimas décadas de intensa investigación moderna, la función del sueño sigue sin esclarecerse. Esto no significa que no se hayan planteado hipótesis sobre la cuestión, al contrario, hay quizá demasiadas si se considera la escasez de datos consistentes que apoyen cada una de ellas. Pág. 80.
Se han propuesto varias hipótesis sobre cuál puede ser la función del sueño, pero aún no se sabe con certeza su significado biológico. Pág. 101.
Dicha coherencia sugiere que el ensueño no es el producto de una actividad cerebral aleatoria, como defienden ciertos modelos neurofisiológicos de la construcción de los sueños. Pág. 174.
Todavía no se puede determinar los mecanismos de formación de los ensueños. Pág. 179.
Sueño y procesos cognitivos. Varios autores.
El sueño es una inconsciencia natural y repetida de la que desconocemos hasta su razón de ser. Pág. 558.
Cuando nos hallamos profundamente dormidos, la mente autoconsciente escudriña y no encuentra ningún modulo que reaccione los más mínimo. Es entonces cuando estamos inconscientes. Entonces, algunos módulos llegan a reaccionar un poco, desarrollando alguna actividad coherente. Eso produce que la mente autoconsciente lea un sueño. Pág.571.
El yo y su cerebro. Popper y Eccles.
El sueño nos permite entrar en nosotros. Pág. 103.
En el sueño solo vivimos para nosotros. Pág. 104.
Yo me desintereso de la situación presente, me duermo. Los recuerdos inmóviles se ponen en movimiento. Pág. 107.
En el sueño, nos volvemos a menudo indiferentes a la lógica, pero no incapaces de lógica. Pág. 112.
El sueño es la entera vida mental menos el esfuerzo de concentración. Pág. 116.
La energía espiritual. H. Bergson.
13 ESPACIALIDAD
“Para darle relieve a mis sueños, necesito conocer cómo es como los paisajes reales y los personajes de la vida se nos aparecen en relieve. Porque la visión del soñador no como la visión del que ve las cosas. En el sueño, no se da e posarse la vista sobe lo importante y lo no importante de un objeto que hay en la realidad. Sólo lo importante es lo que ve el soñador. La realidad verdadera de un objeto es sólo parte de él; el resto es el pesado tributo que paga a la materia a cambio de existir en el espacio. De manera semejante, no hay en el espacio realidad para ciertos fenómenos que en el sueño son palpablemente reales. Un ocaso real es imponderable y transitorio. Un ocaso de sueño es fijo y eterno.”
Libro del desasosiego. F. Pessoa.

En contra de la opinión de Eccles, quien dice en El yo y su cerebro pág. 422 “aunque esté en conexión con zonas especiales del neocórtex, no es necesario que la mente autoconsciente posea la propiedad de la extensión espacial (…) podemos considerar que el Mundo 2 tiene una propiedad temporal, pero no espacial” y del propio Gustavo Bueno que habla del segundo genero de materialidad diciendo: “los procesos reales dados antes en una dimensión temporal que espacial” defendemos la espacialidad del lado 2, eso se basa en nuestra concepción de la materialidad de ese lado. Si la ciencia habla de materia y energía oscura (leo en un artículo reciente: “De existir realmente, el hexaquark podría explicar el misterio de la materia oscura, esa "otra clase" de materia que no emite absolutamente ningún tipo de radiación y que, por lo tanto, resulta indetectable incluso para los instrumentos más sofisticados. “ José Manuel Nieves ABC 05/02/2020) nosotros mantenemos (mientras no se encuentren pruebas contundentes en contra) la espacialidad del lado 2, tampoco (contradiciendo a Bueno) puede darse proceso real antes en una dimensión que en otra. Si trillones de neutrinos atraviesan la Tierra sin interacciones compartiendo el mismo espacio, no veo porque negar la espacialidad del lado 2, nos parece un paso previo a negar la materialidad de ese lado y un acercamiento muy peligroso a la espiritualidad.

NOTA FINAL
Aunque esta es una propuesta filosófica, la ciencia no tiene por qué quedar al margen. Lo apuntado de anestesiología y neurología evidencia la posibilidad de seguir investigando intentando encontrar el mecanismo cerebral de contacto de los dos lados. Este descubrimiento nos pondría en la posición de poder abordar la investigación de los contenidos del lado 2 con los contenidos del lado 1.
Este artículo no está cerrado, lo iré ampliando según tenga motivos para ello, datando las sucesivas ampliaciones.

ANEXO 1, 13/04/2020
Cuando publique este texto lo publicite en mi Facebook con el objetivo de que lo leyera el mayor número de personas posible, pero solo mencione a un posible destinatario, Gerardo Primero, el motivo fue que días antes de la publicación habíamos tenido varias conversaciones muy interesantes a través de Messenger y le comunique que trabajaba en ese artículo. Gerardo tuvo la amabilidad de leerlo y hacerme una serie de interesantes críticas relacionadas con su idea de lo que debía ser un texto de filosofía científica. Él tiene una idea más estricta que yo de esa noción, aunque de alguna manera los dos nos situamos bajo ese mismo paraguas. Hubo por su parte varias propuestas concretas muy oportunas sobre las que me gustaría hacer un comentario. La frase inicial “la realidad consta como mínimo de dos lados” debería reescribirse por esta otra: “la conciencia o mente consta como mínimo de dos modos de procesamiento”, la frase de Gerardo es más concisa y detallada, la mía es más literaria, podríamos decir. También uso la palabra “realidad” sin definirla. En verdad no he entrado en definiciones rigurosas de ninguno de los términos que utilizo. Pero mi filosofía se da en un contexto determinado que estaría compuesto por mis otros escritos y mis autores favoritos (Bunge, Bueno y Bergson), así como mi adhesión al materialismo. Esto acota el espectro de las posibles definiciones de términos. Podría decir que mi frase inicial se transforma en la frase de Gerardo en el transcurso del artículo. Aquí podríamos apelar a la distinción que realiza Gustavo Bueno entre ejercicio/representación. Podríamos decir que la frase sugerida por Gerardo esta ejercida en el desarrollo del texto pero no representada. En realidad si consideramos este anexo 1 como parte del texto, si estaría ya representada.
Resulta evidente que la realidad de la que hablo que tiene dos lados no se refiere a los polos de un imán ni a los extremos de una galaxia, sino a los procesos cerebrales vigilia y sueño, como denotando dos  realidades ontológicas que incluyen dos materias diferentes. Conformando todo ello una realidad unitaria que contase de diferentes partes.
Su segunda propuesta es todavía más oportuna, se refiere a la frase “el cerebro es el órgano que enlaza ambos lados”, Gerardo comenta: “los modos de funcionamiento no son “enlazados” por el cerebro, sino que es el cerebro (y otros subsistemas) quien los realiza.” Evidentemente el cerebro realiza los modos de funcionamiento que incluyen algo que contacta con el cerebro y como tal es cerebro. En este sentido puedo admitir la corrección de Gerardo como más concisa que la mía que sería más literaria.

ANEXO 2, 18/04/2020
El hombre no debe poder ver su propia cara. Eso es lo más terrible que hay. La naturaleza le ha concedido el don de no poder verla, así como el de no poder mirar a sus propios ojos.
Sólo en el agua de los ríos y de los lagos podía mirar su rostro. Y la postura, incluso, que tenía que adoptar era simbólica. Tenía que inclinarse, que rebajarse para cometer la ignominia de verse.
El creador del espejo envenenó el alma humana.
Libro del desasosiego. F. Pessoa.
Durante algunas ocasiones en el pasado (no sé si podría volver a autoprovocarmelo), mi propia contemplación en un espejo cuando estaba solo me producía una extraña reacción, era una especie de negación del autorreconocimiento, como si esa contemplación no identificase mi rostro con mi yo, iba acompañada también de una especie de aislamiento del mundo, como si yo y mi imagen del espejo entráramos en un túnel de luz giratoria que nos separaba del mundo. Llegaba un momento que tenía que parar y separarme del espejo pues desconocía y me asustaba las consecuencias de seguir con aquella sensación. Temía muchas cosas, como un shock cerebral que me dejase secuelas o siendo más positivo y fantasioso un salto dimensional a otro espacio o tiempo. En cualquier caso nunca me atreví a continuar con esa sensación, pasados unos segundos recuperaba la cordura, seguía con mi vida e intentaba olvidar la experiencia para la que no tenía explicación. Pensaba que eso era fruto de mi natural introversión. Nunca he sido de mirarme al espejo, pero no entendía esa reacción que me sucedía, tras exponer mi teoría en el presente artículo, puede conjeturarse una explicación a ese interesante fenómeno. Es posible que el yo, que se configura en los dos lados, que actúa en los dos lados, pero que reside materialmente en el lado 2, no se identificase con esa imagen que en realidad no era él. Eso provocaría la reacción descrita. El yo material del lado 2 no se identificaría con esa imagen de un rostro del lado 1 a través del cual actúa. Los efectos físicos explicados serian consecuencia de esa perplejidad del genuino yo del lado 2. Unos efectos físicos que implican la materia del lado 2 y por eso esa sensación extraña en el lado 1. Una vez más ha sido la lectura del fragmento de Pessoa que encabeza este anexo el que me ha hecho caer en la cuenta de este asunto.
ANEXO 3, 30/10/2020
La segunda materialidad solo puede comunicarse usando los cuerpos en la primera materialidad, cuando se desconecta del cuerpo “vive” para sí misma sin posibilidad de comunicación, sus sueños son su nueva vida, alimentados por su memoria integral y construidos en “historias” por su yo. La materia en el lado 2 es como una cinta de casete virgen vacía, así no puede desarrollarse el yo que está en potencia allí. Cuando la materia del lado 2 contacta con la del lado 1 empieza a grabar, a registrar todos los acontecimientos, paralelamente el yo se desarrolla en base a esa información según se amplía la memoria. Los sueños son el “entrenamiento” de lo que nos acontece tras la muerte, en el sueño, el yo distendido construye historias con lo almacenado en la memoria. En el lado 2 se vive solo para sí mismo, no hay posibilidad de comunicación con otras partes del lado 2, eso solo es posible en el lado 1. Tras la muerte, los restos del cuerpo humano se disgregan en el lado 1, pero en el lado 2 su materialidad ya no es interrumpida por el ciclo vigilia/sueño, libre de esa necesidad, vuelve a vivir solo para sí mismo, esta vez con un contenido de memoria que garantiza la multiplicidad de sueños-historia. Al igual que el casete, su función es durar hacia delante. Es decir, preservarse en el tiempo como estructura material y avanzar en su movimiento de construirse sueños.








miércoles, 26 de febrero de 2020

DÉCIMO ANIVERSARIO DEL BLOG






















DECIMO ANIVERSARIO DEL BLOG

Fermín Huerta Martín

El próximo día 12 de marzo del presente 2020 se cumplen 10 años de la puesta en marcha de este mi querido blog. En este tiempo he publicado 67 artículos, tres de  ellos de otros autores. Para mí ha sido un estímulo adicional para escribir.
Debajo del nombre del blog aparece el rotulo: “Blog filosófico hecho por un aficionado desde una posición materialista”. Naturalmente el carácter filosófico del blog se ha mantenido y el materialismo ha tomado como principales autores a mis tres filósofos favoritos Bergson, Bueno y Bunge, del primero he publicado 5 artículos (1 compartido con Bueno), de Bueno he publicado 13 textos (1 compartido con Bergson y otro con Bunge) y de Bunge he publicado 13 artículos (1 compartido con Bueno), se puede decir que son el núcleo de mis intereses filosóficos actuales. Habrá quien piense que Bergson no casa mucho con los otros dos autores declaradamente materialistas, sin embargo yo hago una interpretación materialista de la obra de Bergson como puede leerse en Esbozos de Gustavo Bueno en Henri Bergson, me explico, una de las diferencias fundamentales entre Bueno y Bunge se da en el tema de la mente (del yo, del ego) Bunge es emergentista, para él la mente surge de las funciones de la materia cerebral, para Bueno el ego surge como interrelación de tres géneros de materialidad, no voy a entrar en detalles, pero básicamente viene a decir que no es una emergencia del primer género de materialidad tal como postula Bunge, durante mucho tiempo fui partidario de la tesis de Bunge frente a la de Bueno, en el verano de 2017 leí el libro de Bergson Materia y memoria, es curioso que fue a través de la lectura de este libro cuando comprendí verdaderamente la posición de Bueno en el tema y cuando me replantee la posibilidad de veracidad de esa postura. Volví a leer y releer libros de neurología y creo que la neurociencia  no encuentra ni el yo ni la memoria dentro de la cabeza, la relación (actualmente) entre lo que encuentra la neurociencia dentro del cerebro y lo que postula que representa no deja de ser un salto de fe, consecuentemente era intelectualmente admisible plantearse la postura Bueno/Bergson sin salir de una posición materialista, pues en ningún caso hablamos de almas ni espíritus sino de una forma de materialidad diferente, leo en un artículo reciente:
“De existir realmente, el hexaquark podría explicar el misterio de la materia oscura, esa "otra clase" de materia que no emite absolutamente ningún tipo de radiación y que, por lo tanto, resulta indetectable incluso para los instrumentos más sofisticados. Y por si esto fuera poco, los físicos han descubierto, además, que si el hexaquark tuviera una masa en particular, la partícula podría ser inmortal, y vivir para siempre.” ABC, 05/02/2020
Supongo que si la ciencia puede hablar de otra clase de materia, desde la filosofía también podemos hacerlo.
En realidad mi posición en este tema es un poco más compleja (se encuentra en una superposición de estados, siguiendo el símil de la mecánica cuántica) pues  filosóficamente me parece que ambas posturas son posibles, no renuncio totalmente al planteamiento de Bunge, debemos esperar a futuros descubrimientos científicos que nos sigan iluminando sobre el tema y marcando nuestras posturas filosóficas.
Desde un punto de vista exclusivamente filosófico, yendo a lo ontológico, no puedo descartar la posición de Bunge, porque los datos que nos faltan para esclarecer la mente pueden aparecer de funciones o propiedades de la materia cerebral sin necesidad de recurrir a otras materialidades, funciones que pueden tener relación con efectos cercanos al ámbito de la mecánica cuántica, aunque quizás esto sea necesario para ambas explicaciones, esto lo podemos ejemplarizar con las posturas de Penrose y Eccles, para el primero la mecánica cuántica ayudaría a formar la mente en el sentido de Bunge y para el segundo podría hacerlo en el sentido de Bueno (aunque es curioso que Eccles sitúa la mente “fuera” del cerebro pero la memoria no).
Hace poco caí en la cuenta de que el año pasado (2019) no publiqué nada en el blog, hay una explicación  para este suceso. El 30 de noviembre de 2018 la empresa en la que trabajé durante 35 años cerró las puertas y por primera vez en mi vida me encontré en el paro y con 56 años. El 25 de enero de 2019 me escribe Heriberto Janosch:
“Te comento que te escribirá Antonio Martino. Está haciendo un libro por los 100 años de Bunge, y le dije que tú podrías hacer un capítulo historiando la bibliografía de Bunge. Si te interesa, podría ser algo así como sus principales trabajos y un resumen de poquitos renglones sobre el contenido de cada trabajo...”
El mismo día me escribe el profesor Antonio A. Martino:
“Estimado Fermín Huerta: estoy compilando un libro de homenaje a  los 100 años de Mario A Bunge.  Le hago llegar un bosquejo de la obra.  Si Ud. Pudiera contribuir con una reseña histórica de las publicaciones de Mario le estaría eternamente agradecido.  Los tiempos son breves pues tenemos que entregar todo el 15 de marzo.  En la espera de una respuesta positiva para enviarle las directivas de Eudeba, donde publicaremos le hago llegar mis mejores saludos.”
Yo le contesto: “Sería un honor participar en el proyecto aunque no sé si estaré a la altura del resto de participantes. Estoy dispuesto a escribir un texto y remitírselo a usted para que valore si merece la pena publicarlo. Solo necesitaría conocer la extensión requerida del texto.”
El me responde: “Caro Fermín Huerta: ¡muchas gracias por su aceptación!  Frente a Mario Augusto somos todos principiantes, y por lo tanto hermanados.  Estoy seguro que hará una magnífica presentación y como prueba le digo que no hay límite de extensión, lo dejo a su criterio.”
Después de mandarle mi artículo, el 23 de febrero me comenta: “me han dicho que Ud. Posee una bibliografía de Mario excepcional. ¿Podría mandármela para agregarla en el final del libro?”
Me pongo a “limpiar”  mi biblio sobre Bunge publicada en mi blog y le mando la versión definitiva el día 12 de marzo. Finalmente adjunto también una nota a la bibliografía que explica un poco su génesis.
El contenido final del libro es el siguiente:
1. Antonio A. Martino, Proemio. 9
2. Mario Augusto Bunge, Fest Argentina. 25
3. Pablo Jacovkis, Bunge, el científico humanista joven. 27
4. Miguel Ángel Quintanilla, Piezas para una filosofía ciudadana. 39
5. Rodolfo Gaeta, Mario Bunge y el positivismo. 49
6. Heriberto Janosch González, Mario Bunge y la criminología. 89
7. Gustavo E. Romero, El último ilustrado. Entrevista. 107
8. José Luis Pardos, El Profesor, Maestro y eterno amigo, Mario Bunge. 121
9. Guillermo Denegri, Mario A. Bunge y Miguel E. Jörg: encuentro de dos gigantes intelectuales en la ciudad de Mar del Plata, Argentina. 129
10. Luis Marone, El problema de indagación en ciencia, tecnología y profesión: ideas para reflexionar sobre política científica. 135
11. Íñigo Ongay, Mente y materia: una revisión de la filosofía de la mente de Mario Bunge. 147
12. Fermín Huerta Martin, Mario Bunge: la bibliografía como signo vital. 155
13. Javier López de Casenave, Mario Bunge en la “Facultad de Ciencias” en el siglo XXI: una breve crónica del Seminario de Filosofía de la Ciencia. 165
14. Carles Muntaner, El hexágono para cambiar el mundo: materialismo, sistemismo, racioempirismo, realismo, tecnociencia y humanismo. 187
15. Antonio A. Martino. La filosofía política de Mario Bunge. 191
16. Fermín Huerta Martín, Notas a la bibliografía de Mario Bunge. 211
17. Fermín Huerta Martín, Bibliografía de Mario Bunge (1939-2018). 215
18. Sobre los autores. 277
Esto me tuvo ocupado unos dos meses a razón de 6 horas diarias. Para mí ha sido  una de las mayores satisfacciones de mi vida la publicación de mis textos en un libro en papel y junto a Bunge, finalmente titulado El último ilustrado Homenaje al centenario del nacimiento de Mario A. Bunge, con una edición de 500 ejemplares.
El 31 de mayo de 2019 vuelvo a encontrar trabajo, fueron 6 meses de paro pero muy productivos intelectualmente.  La verdad es que me había mentalizado por si no volvía a encontrar trabajo remunerado nunca más, influenciado por las noticias referentes a las dificultades para los mayores de 55 años de volver a trabajar. Monetariamente hubiese sido un desastre pero intelectualmente suponía disponer de tiempo de sobra para leer y escribir.
Sirva esto de explicación para el año en blanco sin publicar nada en el blog. Para compensarlo estoy enfrascado en mi artículo más ambicioso que espero terminar este año.
He tenido cerca de 95000 visitas, de las cuales 10000 van para la Bibliografía de Mario Bunge, que se convierte así en mi artículo estrella en cuanto a visitas, seguido de Criticas de Gustavo Bueno a la causalidad en Mario Bunge con algo más de 2200  y de Tiempo y devenir en el Materialismo Filosófico  con algo más de 1300.
La bibliografía de Bunge se convierte así en el trabajo burocrático más extenso de mi vida, le he dedicado más tiempo que ningún otro escrito. Se ha convertido en una especie de obligación moral mantenerlo actualizado. Ayer mismo lo actualice previamente a conocer la noticia de la muerte de Mario Bunge (24 de febrero de 2020). Su publicación en papel es para mí un sueño cumplido muy inesperado, aunque sea en un libro de 500 ejemplares de tirada. Es una edición que  “limpia” la versión de mi blog y que tiene el defecto de no poder corregirse ya. Pero puede ser útil para quien compre el libro para consultar la vasta selva de publicaciones que conforman su obra. Un sueño, un orgullo y un honor haberla publicado en papel.
Un efecto colateral de la publicación de artículos en el blog es el capítulo de comentarios que los lectores dejan en las entradas. Por una parte es una gran satisfacción que alguien lea algo tuyo y que le interese hasta el punto de reaccionar y querer comentarlo interactuando con el autor, a veces esta interacción ha dado paso a largas replicas y contrarréplicas, me viene a la memoria la discusión con Quique Ruiz en mi entrada Niebla en la niebla.
Aparte de los tres textos publicados en el libro El último ilustrado tengo 11 artículos sin publicar en el blog escritos entre 1988 y 2001. No sé si en el futuro me planteare publicarlos, tendría que releerlos y algunos pasarlos a ordenador, en general muestran posiciones intelectuales ya superadas y seguramente no estoy de acuerdo con alguna de las cosas que decía en aquellas épocas. Son sin embargo (al igual que los publicados) pruebas escritas de mi evolución intelectual y en ese sentido los podría publicar comentando después en que cosas no asumo ya lo allí dicho. Ahora mismo no me lo planteo, trabajo en tres artículos y leo varios libros, no tendría tiempo para dedicar a esos viejos escritos, quizás en el futuro.
Otro efecto colateral de escribir en el blog es descubrir que otros sitios web enlazan cosas tuyas, he tenido varias experiencias pero resalto en especial el enlace de filosofía.mx de mi texto La ontología materialista de Mario Bunge y una que me hizo mucha ilusión llamada Apuntes del profesor de filosofía que enlaza uno de mis artículos.
En agosto cumplo 58 años y sigo teniendo ideas en la cabeza, ideas de aficionado a la filosofía, ideas que este blog me permite hacer públicas y exponer a las críticas o a las burlas. Ideas que me hacen sentir vivo, sentir que evoluciono intelectualmente y que me proporcionan una moderada dosis de satisfacción frente a la cruda realidad social que vivimos. Espero poder celebrar 20 años del blog.
Gracias a todos mis lectores.


martes, 18 de septiembre de 2018

ESBOZOS DE GUSTAVO BUENO EN HENRI BERGSON





















ESBOZOS DE GUSTAVO BUENO EN HENRI BERGSON
Fermín Huerta Martín

De una entrevista a Gustavo Bueno del 01-09-2014 en El Mundo:
“Un verdadero pedagogo y maestro, que se interesaba por los discípulos. Me dijo: "Tiene que leerse este libro", y me dio La evolución creadora, de Bergson. Y fue el gran libro que leí en primero de carrera. Me puso al día.”
De otra entrevista a El Foro, octubre 2000:
“En el primer curso este profesor me invitó a su casa –esto era una reminiscencia de las universidades del siglo pasado, aunque éramos muchos, después de la guerra ya había cursos de 300 o 400–, y como me había estudiado y vigilado para ver por dónde iba yo, me aconsejó leer un libro ya que me iba a interesar muchísimo. Este libro era La evolución creadora de Bergson, que me pasé leyendo todo el verano y me descubrió un nuevo horizonte.”

La tarea de comparar dos sistemas filosóficos extensos y complejos como los de Henri Bergson y Gustavo Bueno me resulta desproporcionada para mis fuerzas por no decir inabarcable, aquí solo pretendo dar unos esbozos de algunas coincidencias que he encontrado mientras leía la obra de Bergson, en especial mientras leía La evolución creadora. Como reflejan las citas que encabezan este artículo Bueno leyó a Bergson de muy joven, es difícil saber cómo influyo esta lectura en el desarrollo de su pensamiento filosófico. Aquí me limito pues a recoger las coincidencias en determinados aspectos de sus obras, Bergson ha sido para mí todo un descubrimiento como filosofo en los casi dos años que he dedicado a leer su obra. Gustavo Bueno es (junto con Mario Bunge) un maestro filosófico total. Alguien a quien he criticado mucho y admirado más. Desgraciadamente no pude conocerlo en persona, recientemente he tenido la satisfacción “sustitutiva” de conocer a su nieto Lino Camprubí y a su mejor discípulo Javier Pérez Jara, mientras escuchaba a Javier cerré los ojos y exceptuando su acento andaluz, era a Gustavo Bueno a quien escuchaba.
De forma general entre Bergson y Bueno habría unas semejanzas básicas fruto de sus estudios y profesión, ambos estudiaron filosofía y fueron profesores de filosofía, ambos fueron estupendos oradores, de Bueno es fácil comprobar esto por sus numerosas grabaciones, de Bergson hay testimonios de ello, como el que da J. Chevalier en su libro Conversaciones con Bergson donde dice:
“El choque provino del contacto que tomé con el hombre en sus cursos. Desde el año 1901, en efecto, seguí con asiduidad las conferencias que daba Bergson en el Colegio de Francia. Una multitud enorme se apretujaba alrededor de la cátedra en la que el maestro hablaba del origen de nuestra creencia en la causalidad, de los conceptos, de la idea de tiempo, de Plotino, de Descartes. Se encontraban allí filósofos y sabios, jóvenes sobre todo, muchos jóvenes, ávidos de aprender y de actuar, como ese Charles Péguy a quien veíamos con su esclavina, bebiendo las palabras del maestro que le enseñaba a no pensar todo hecho, sino a pensar a medida. Se encontraban allí también hombres fatigados por una larguísima opresión intelectual, y mujeres, en gran número, atraídas por el éxito, pero tan interesadas por estas altas cuestiones, y esforzándose, como se ha dicho, “por comprender una parte de ellas con su espíritu y adivinar el resto con su corazón”. La persona del conferenciante no era extraña a su éxito: un silencio descendía a la sala, un secreto estremecedor se apoderaba de las almas cuando se le veía aparecer sin ruido en el fondo del anfiteatro y sentarse bajo la lámpara discreta, las manos libres y ordinariamente juntas, sin una nota, con su frente enorme, bajo la cual el rostro aparecía como en escorzo, sus ojos claros bajo las cejas frondosas , y sus rasgos delicados , que hacen resaltar el poder de la frente y el resplandor inmaterial del pensamiento. La palabra es lenta, noble y regular como lo es su escritura, de una extraordinaria seguridad y de una sorprendente precisión, con entonaciones afectuosas, musicales, y una especie de aspiración que le da un matiz de coquetería. La forma es de una perfección absoluta, tan perfecta que apenas se percibe su arte y parece completamente natural: es la de un filósofo que estima que la filosofía, en sus más profundos análisis y en sus más altas síntesis, viene obligada a hablar la lengua de todo el mundo. Pero, ¡qué profundidad en esta sencillez! Hechos sacados de la ciencia o de la observación interior, imágenes tomadas de la vida familiar, de la naturaleza o del arte, ilustran constantemente el pensamiento sutil y matizado del filósofo: las aprehendemos, creemos aprehenderlas, pero cada una de estas imágenes, lo mismo que cada uno de estos hechos, tiene, si podemos hablar así, trasfondos e implicaciones múltiples (…) Lo que sus libros no me habían dejado comprender, ni siquiera sentir, eso mismo me lo revelaban el contacto con el hombre y su palabra.”
Mi acceso a Bueno fue por su palabra, tuve la necesidad de leerlo después de verlo en televisión, sus apariciones televisivas fueron para mi acontecimientos casi mágicos, en la época anterior a  su difusión en Internet recuerdo que tenía una cinta de VHS siempre preparada para grabar por si aparecía el, después veía esas grabaciones con verdadera pasión y satisfacción. Fueron sus palabras las que me llevaron a sus letras.
Hay otra curiosa semejanza entre ambos, aunque no eran católicos sentían un gran respeto por el catolicismo. Aunque Bueno fue educado en el catolicismo, posteriormente desarrolló el modelo de ateísmo más potente que conozco, para luego, sin abandonar su ateísmo esencial total, volverse muy comprensivo y tolerante con el catolicismo (demasiado para mi gusto como deje claro en algunos artículos). Por su parte Bergson fue educado en el judaísmo y terminó muy cercano a la fe católica, aunque lo hizo con muchos matices y muy a su manera (una manera curiosa y peculiar).
Ambos intervinieron en los asuntos de su tiempo en la manera de sus posibilidades. También hay diferencias notables y algunas injustas, Bergson fue Premio Nobel y Bueno no fue Premio Príncipe de Asturias. Bueno escribió mucho más y construyo un sistema filosófico completo, Bergson fue menos sistémico pero igual de profundo.
Las posibles coincidencias de sus obras las he resumido en tres apartados uno dedicado a las semejanzas entre el Dios de Bergson y la Materia ontológico-general  otro entre el “cono de Bergson” y el segundo genero de materialidad y un tercero que engloba varios temas.
DIOS-MOG
Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia.
“¿Qué existe de la duración fuera de nosotros?  El presente solamente o, si se prefiere, la simultaneidad. Sin duda las cosas exteriores cambian, pero sus momentos no se suceden más que para una conciencia que se acuerda de ellos. (…) No hay, pues, que decir que las cosas exteriores duran, sino más bien que hay en ellas alguna inexpresable razón en virtud de la cual no podríamos considerarlas en momentos sucesivos de nuestra duración sin registrar que han cambiado. Por lo demás, ese cambio no implica sucesión.”
Javier Pérez Jara en De la Física a la Metafísica: cuestiones sobre Teología Natural, Mecánica Cuántica y Cosmología. Publicado en el nº 72 de El Catoblepas:
“Empecemos, entonces, diciendo que el tiempo, desde el materialismo filosófico, es, básicamente, la medida de unos movimientos respecto de otros movimientos tomados como «reloj» (esta definición nos lleva, por tanto, a que sólo podríamos hablar de un tiempo universal si hubiera un «reloj universal»). El devenir es la codeterminación jorismática de los contenidos de una multiplicidad. ¿Cuándo hay devenir? Cuando los contenidos de una multiplicidad no se codeterminan «instantáneamente», sino que van codeterminándose sucesivamente (esto es, según un «jorismós»). Pero el devenir en el Universo está visto desde nuestros «filtros mundanos», ontológico-especiales, dados en función de la dialéctica entre los géneros de materialidad M1, M2 y M3. Es decir, el devenir de la materia cósmica no es un devenir indeterminado, sino métricamente establecido «según un antes y un después», por decirlo al modo de Aristóteles. Dicho de otro modo: es un devenir temporalizado, dado a nuestra escala operatoria y métrica. Por eso carece de sentido aplicar el tiempo a la materia ontológico general, en tanto en ella no podemos medir unos movimientos respecto de otros, sencillamente porque no podemos operar con sus cauces materiales, y éstos nos son enteramente indeterminados positivamente. Esto no significa que la materia ontológico general, al serle negada la temporalidad, por su carácter mundano, haya de ser concebida como una multiplicidad pura inmutable, «eterna», porque las ideas de inmutabilidad y eternidad son ideas metafísicas y contradictorias, como hemos defendido en otras ocasiones. Y, ad hominem, si la materia ontológico general fuese inmutable, entonces no podría haber surgido el Mundo. Cursos materiales en alguna forma de devenir tuvieron que confluir y codeterminarse para dar lugar a la conformación del Universo y de los sujetos operatorios humanos y animales. Pero sería gratuito, o en todo caso no habría fundamentos positivos, para pensar este devenir «según un antes y un después», porque como hemos dicho, las mediciones diacrónicas suponen las operaciones del sujeto operatorio midiendo unos movimientos primogenéricos respecto de otros, tomados como reloj. Unos movimientos, además, de materialidades holóticamente conformadas; es decir, en la forma de todos efectivos jorismáticos.”
La energía espiritual.
“Ni la materia ni la conciencia se explican por sí mismas. (…) Todo pasa como si una inmensa corriente de conciencia, en la que virtualidades de todo tipo se penetrarían entre sí, hubiera atravesado la materia para arrastrarla hacia la organización y para hacer de ella, aunque fuera la necesidad misma, un instrumento de libertad.”
Diccionario filosófico de Pelayo García
“Contemplados desde M, los tres géneros de materialidad constitutivos del mundo no tienen por qué aparecer como “mundos megáricos” aunque yuxtapuestos, sino como “dimensiones ontológicas” de un único mundo empírico que se implican mutuamente y, en particular, con el “elemento animal” –segundogenérico– de este mundo (mucho más que de un “principio antrópico” hablaríamos de un “principio zootrópico”). Tendría incluso algún sentido ver a los contenidos del mundo como “refracciones” de los contenidos de M, con lo que contribuiríamos al menos a debilitar la tendencia a subsumir los contenidos terciogenéricos en el segundo género, como si fueran un subproducto suyo. En efecto, cuando consideramos los tres géneros desde la perspectiva de los sujetos operatorios (que convergen en un punto E, que no es trascendental en virtud de ciertas funciones a priori de su entendimiento, sino en virtud del propio ejercicio, in medias res, de los sujetos operatorios) los contenidos terciogenéricos tenderán a ser puestos bajo el severo control de M2, por cuanto éste aparece en su génesis. Pero cuando los consideramos desde la perspectiva de M, estos “canales genéticos” pueden desvirtuarse, de suerte que M3 pueda pasar a verse como una “refracción” de “algo de M” en cuanto a su estructura, independientemente de su génesis.”
Conversaciones con Bergson J. Chevalier
“Sobre la naturaleza de esta fuerza creadora, la vida no puede enseñarnos nada. Habrá que llegar a ella por conocimientos de otro orden (…) dándonos luces sobre una realidad exterior  y superior, que ella percibe”
“Partir de Dios para ir a las cosas. Tal es sin duda el método de Spinoza. Y, más generalmente, puede verse en él el método verdadero. Pero éste no es mi método (…) porque nunca parto de Dios como si fuese dado (…) es siempre de las cosas de donde debe partirse, y de los problemas que ellas plantean.”
Ensayos materialistas
“La Ontología general la entendemos como el análisis de la Idea general de Materia (M). Suponemos, desde luego, que esta materia no podría ser pensada en sí misma, fuera de contexto de la propia realidad material que nos es dada en el Mundo —la materia cósmica, que se distribuye en los Tres Géneros M1, M2 y M3 (ver Ensayo II). Por consiguiente, la Idea "M" de Materia ontológico-general solamente puede entenderse en el contexto del Mundo (Mi= {M1, M2, M3}) y entenderla como una Idea que ha sido dialécticamente construida (históricamente) a partir del regressus de ese mismo universo.
Esta afirmación equivale a postular que la Idea de Materia general (M), como idea crítica, es indisociable de su propia génesis como idea, es decir, que no podemos asumirla como una cierta "representación noemática" que nos pusiese en presencia de una cierta realidad, como si fuese posible entregarnos a ella en sí misma, en lo que se nos da. Es necesario, en todo momento, restablecer el circuito entre el "contenido noemático" de la Idea filosófica de Materia, y su constitución "noética", histórica. En esto consiste precisamente la crítica y, eminentemente, la crítica filosófica. La constitución histórico-dialéctica de una Idea no puede ser considerada, por tanto, como un aspecto interesante, pero externo a la Idea misma: esa constitución no es tema de erudición histórica, sino que pertenece a la estructura interna de la Idea.”
La evolución creadora
“Llegaríamos así hasta las moléculas, cuyos fragmentos están hechos; hasta los átomos, constitutivos  de las moléculas; hasta los corpúsculos  generadores de los átomos;  hasta lo “imponderable”, en cuyo seno se forme acaso el corpúsculo por un simple torbellino.”
Materia y racionalidad: sobre la inexistencia de la Idea de Dios. Javier Pérez Jara
“Nuevamente aquí la cuestión del «origen», si cabe hablar así, se pierde en el «abismo insondable» de la materia ontológico general.”
CONO DE BERGSON-SEGUNGO GENERO DE MATERIALIDAD
Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia
“Inclinación del hombre a atribuir ciertas formas de ser propias de los objetos físicos del mundo exterior a los hechos psíquicos de la conciencia. La presunta intensidad y multiplicidad que se atribuye a los hechos psíquicos no tendría otro origen que una indebida espacialización, obrada por la mente, de algo tan exclusivamente temporal y ajeno al espacio como los hechos de la conciencia”
Diccionario filosófico de Pelayo García
“Segundo Género de Materialidad (M2)
Género ontológico [72] que acoge a todos los procesos reales, dados antes en una dimensión temporal que espacial, dados en el mundo como “interioridad”: las vivencias de la experiencia interna en su dimensión, precisamente interna (por ejemplo, los “ensueños”). El “dentro” no tiene por qué ser pensado como subjetividad en el sentido sustancialista.”
Conversaciones con Bergson J. Chevalier
“Tengo dificultad para creer que nuestra alma sea creada ex nihilo por la fusión de dos semicélulas. La solución de este difícil problema podría encontrarse quizá en la distinción entre el alma psíquica y el alma razonable: ésta sería creada en ocasión de la otra; pero la otra, el alma psíquica, preexiste en cierta medida.”
Principios y problemas abiertos del materialismo discontinuista. Javier Pérez Jara
“Si se pusiese entre paréntesis a M, y se identificase nuestro Universo antrópico con el Universo absoluto, el problema de la génesis de M2 en un organismo solo podría  tratar de resolverse apelando a esquemas emergentistas o reduccionistas. M2 no solo depende enteramente de M1 y M3, sino también de otros contenidos y fuerzas desconocidas que desbordan la escala antrópica de nuestro Universo (Mi).”
Conversaciones con Bergson. J. Chevalier
“En lo que concierne a la inmortalidad del alma, o al menos a su supervivencia, creo firmemente en ella: los hechos me la han manifestado como altamente probable”
Principios y problemas abiertos del materialismo discontinuista. Javier Pérez Jara
“¿Qué ocurre con los contenidos psíquicos en la muerte cerebral? El materialismo filosófico no puede aceptar ni que pervivan ni que se aniquilen”
VARIOS
Conversaciones con Bergson. J. Chevalier
“Lo real se me aparece como una selva inmensa, erizada de muchos obstáculos, a través de la cual el investigador, semejante a un leñador, abre avenidas. Muchas de estas avenidas abocan a callejones sin salida. Pero ocurre alguna vez que dos de ellas se reúnen: entonces comienza a verse claro y de esta convergencia nace para el espíritu el sentimiento de la verdad.”
Las dos fuentes de la moral y de la religión
“Hemos hablado de “líneas de hechos” que tomadas aisladamente no proporcionan sino la dirección de la verdad, porque no van bastante lejos, al prolongar dos de ellas hasta el punto en que se cortan, se llega sin embargo a la verdad misma.”
Teoría del cierre categorial
“La identidad sintética, en cambio, incluye siempre diversidad y es operatoria. Tanto las verdades científicas, como las leyes científicas, en cuanto contenidos esenciales, en el eje semántico, resultan de procesos de confluencia operatoria que resuelven en identidades sintéticas. El concepto de verdad científica se define, en la teoría del cierre, por la identidad sintética.”
Conversaciones con Bergson. J. Chevalier
“La continuidad no es homogeneidad pura, unidad a la manera como la conciben los eleáticos. Denota un poder de creación, del cual se deduce una discontinuidad profunda, cuya señal debe encontrarse en lo real. De hecho, hay irreductibilidades entre los órdenes de lo real.”
Ensayos materialistas. Gustavo Bueno
“Pero las inconmensurabilidades entre los Géneros de Materialidad son la mejor palanca para rasgar, desde dentro, el monismo mundano que acecha desde el mismo momento en que la unidad del mundo es propuesta, y para poder elevarnos a una concepción genuinamente materialista —en el sentido crítico de la Ontología General—.Por ello, es desde aquí desde donde podremos intentar la comprensión transcendental del mundo en tres géneros de materialidad, la posibilidad de establecer esta división como una enumeración que no es meramente empírica.”
La evolución creadora
“O la filosofía no tiene nada que ver aquí o su papel comienza donde acaba el de la ciencia”
¿Qué es la filosofía? Gustavo Bueno
“El saber filosófico es un saber acerca del presente y desde el presente. La filosofía es un saber de segundo grado, que presupone por tanto otros saberes previos, «de primer grado» (saberes técnicos, políticos, matemáticos, biológicos...). La filosofía, en su sentido estricto, no es «la madre de las ciencias», una madre que, una vez crecidas sus hijas, puede considerarse jubilada tras agradecerle los servicios prestados. Por el contrario, la filosofía presupone un estado de las ciencias y de las técnicas suficientemente maduro para que pueda comenzar a constituirse como una disciplina definida. Por ello también las Ideas de las que se ocupa la filosofía, ideas que brotan precisamente de la confrontación de los más diversos conceptos técnicos, políticos o científicos, a partir de un cierto nivel de desarrollo, son más abundantes a medida que se produce ese desarrollo.”
Leer la obra de Bergson me ha devuelto al placer que antaño me produjo la obra de Bueno. Ambos son filósofos profundos, sugerentes, cautivadores, con una obra que merece leerse. Ignoro cuantos libros de Bergson leyó Bueno y en qué momento lo hizo (hubo una época en que creía  firmemente que Gustavo Bueno lo había leído todo y lo sabía todo), ignoro si esas lecturas influyeron en la construcción de su ontología.
Bueno y Bergson partiendo de un conocimiento profundo de la ciencia de su tiempo terminaron realizando una crítica al conocimiento científico. Dice Bergson en un texto delicioso El alma y el cuerpo: “Pero que tal o cual de ellos venga aquí a decirnos que es la ciencia, que es la experiencia la que nos revela un paralelismo riguroso y completo entre la vida cerebral y la vida mental, ¡ah no!, lo detendremos y le responderemos: sabios, sin duda pueden sostener esta tesis, como el metafísico la sostiene, pero ya no es entonces el científico el que habla en ustedes, es el metafísico. Ustedes simplemente nos devuelven  lo que les habíamos prestado. La doctrina que nos aportan, la conocemos: sale de nuestros talleres; somos nosotros, filósofos, los que la hemos fabricado; y es de la vieja, muy vieja mercancía. No vale menos  por esto, seguro; pero tampoco por esto es mejor. Denle lo que es de ella, y no vayan a hacer pasar por un resultado de la ciencia, por una teoría modelada sobre los hechos y capaz de moldearse sobre ellos, una doctrina que ha podido asumir, aún antes de la eclosión de vuestra fisiología  y de nuestra psicología, la forma perfecta y definitiva por la cual se reconoce una construcción metafísica.”
Gustavo Bueno hubiera suscrito esta afirmación de Bergson, es uno de los hechos distintivos de su materialismo en oposición por ejemplo al materialismo de Mario Bunge. Este hecho distintivo es fundamental para el conocimiento humano, la materia  ontológico-general es inaccesible para la ciencia y la anamorfosis  a la que va unida es propiedad de la filosofía, por el contrario la emergencia da una oportunidad a la ciencia (en principio). Este hecho distintivo que comparten marcó las ontologías de Bergson y Bueno, ¿es posible que el enfoque ontológico de Bergson influenciara en la conformación de la ontología materialista de Bueno? Los esbozos ofrecidos en este artículo van en la dirección de una respuesta positiva a esa pregunta.


Otros artículos míos sobre Henri Bergson:
Henri Bergson y la antinomia del tiempo
Henri Bergson y el eternalismo
Bibliografía de Henri Bergson en español
Los cursos de Henri Bergson

sábado, 18 de agosto de 2018

HENRI BERGSON Y LA ANTINOMIA DEL TIEMPO























HENRI BERGSON Y LA ANTINOMIA DEL TIEMPO

Fermín Huerta Martín

“Primer conflicto de las ideas trascendentales
Tesis
El mundo tiene un comienzo en el tiempo y con respecto al espacio está encerrado en límites.
Antítesis
El mundo no tiene comienzo ni límites en el espacio, sino que es infinito tanto en el tiempo como en el espacio.”
Crítica de la razón pura. Immanuel Kant

(1)
“Kant no se equivoca, pero Bergson hace algo tan simple y tan lógico que resulta cómico. Cada vez que se cruza dos términos dualizados que se corresponden y de los cuales no puede explicarse la correspondencia sin caer en una antinomia, dice: “Miren, el problema es que están tomando dos términos como dados, cuando en realidad son producto diferencial, sedimento diferencial de un mismo proceso fluido, móvil, en el cual se encontraban aún indiferenciados. Esa pertenencia común es lo que explica la correspondencia”. Así avanza, un paso tras otro levantando por el mismo impulso, en el sujeto y el objeto, en el espacio y el tiempo, en la materia y la memoria. Lo importante no es que explique, de hecho no explica nada. No “resuelve” ningún problema, los deshace, “resuelve” la antinomia de la única manera en que se puede, disolviéndola.”
Kant y el tiempo. Gilles Deleuze

El desarrollo de este artículo tiene como objetivo intentar comprender como Bergson “disuelve” la antinomia. El meollo de la cuestión (desde la coordenada presentista en la que me muevo) estaría en lo que Kant puntualiza en la demostración de la tesis: “es imposible una serie cósmica infinita transcurrida”. Dice Bergson en otro contexto (argumentos de Zenón) en su libro Materia y memoria: “La única cuestión es saber si,  planteado el movimiento como un hecho, existe un absurdo en cierto modo retrospectivo en que un número infinito de puntos hayan sido recorridos.”
Copio a continuación fragmentos de la obra de Bergson donde se pronuncia sobre este tema:
(2)
“En el fondo, es por no haber distinguido grados en la espacialidad por lo que Kant tuvo que admitir el espacio enteramente hecho (de ahí la cuestión de saber cómo se adapta a ese espacio la “diversidad sensible”). Por esa  misma razón  creyó que la materia se había desarrollado por completo en partes absolutamente exteriores unas a otras, y de ahí las antinomias, de las que se ve sin esfuerzo que la tesis y la antítesis suponen la perfecta coincidencia de la materia con el espacio geométrico, pero que se desvanecen en cuanto se deja de extender a la materia lo que es verdad para el espacio puro.”
La evolución creadora
(3)
“La obra propia de Kant, nos decía, a propósito del enlace que une la primera y la tercera de sus antinomias, consistió en reducir el problema de la libertad humana al problema del origen del todo. Si hay un origen del todo, si la duración es finita, hay libertad en el comienzo del todo, y, por consiguiente, en el interior de las cosas. Si, por el contrario, no hay origen del todo, si la duración es infinita y eterna, si no hay comienzo absoluto, no podría haber libertad en el interior de la serie. Kant tropezó con esta antinomia. Pero, observaba Bergson, si se prueba por los hechos que la duración es finita, que el mundo tuvo un comienzo (y lo probaría, algunos años más tarde, por la consideración atenta de la ley de degradación de la energía) la antinomia desaparece, la libertad aparece como posible.”
(4)
“Los conceptos mismos se dan de ordinario por parejas y representan los dos contrarios. De ahí una tesis y una antítesis que intentamos reconciliar vanamente por medio de la lógica, por la razón muy simple de que nunca, con conceptos, con signos, o desde determinados puntos de vista, llegaremos a hacer una cosa. Este es, sin embargo, el procedimiento habitual de la inteligencia; ésta es la razón de su fracaso. ¿Con decirlo, rebajamos a la inteligencia? Muy al contrario: esta doble contestación es la única que permite restituir a la inteligencia su verdadero papel, su valor propio, en una palabra su grandeza. Las doctrinas intelectualistas, por la posición de las antinomias a las que aboca naturalmente la inteligencia especulativa, y por la imposibilidad en que ellas se encuentran de resolverlas deben concluir en la impotencia final de la inteligencia: instalan la contradicción en el corazón mismo del objeto y del método por medio del cual nos esforzamos en aprehenderlo. Por haber desconocido estos límites, la inteligencia corre el riesgo de comprometer su valor: presa de un orgullo desmesurado cae en un escepticismo incurable que le impide alcanzar jamás lo absoluto. Por el contrario, si admitimos que la razón no dijo su última palabra, que tiene recursos en reserva, trataremos de remontar la pendiente de la naturaleza, es decir, de la acción;  nos esforzaremos por despertar, tras nuestra facultad de concebir, nuestra facultad de percibir, dilatada, ampliada, para encontrar de nuevo, tras los conceptos antagónicos y complementarios, la intuición que los sostiene; tras los signos del objeto, el objeto mismo que ella percibe; y pasaremos inmediata y naturalmente de ahí a los dos conceptos contrarios, tesis y antítesis, de los que aprehender entonces, a un mismo tiempo, cómo se oponen y cómo se concilian.”
(5)
“-¿Cómo ha llegado usted a la idea de creación? ¿Acaso por una influencia religiosa, como parece suponerlo Söderblom?
De ningún modo. La idea de creación estaba indisolublemente enlazada a mi descubrimiento del tiempo, y se reveló a mí al mismo tiempo que aquél, cuando comencé a desprenderme de Spencer. Para mí, la creación, es la aparición de algo nuevo e imprevisible. De la nada, nada puede proceder (la nada es impensable, es imposible). Debe existir el Ser, la fuerza creadora… Ahora bien, no veo razones para que el mundo haya existido siempre. Incluso me parece sumamente probable que no haya existido siempre…”
Conversaciones con Bergson. J. Chevalier
(6)
“Si bien la marcha habitual del pensamiento es prácticamente útil, cómoda para la conversación, la cooperación, la acción, ella conduce a problemas filosóficos que son y seguirán siendo insolubles, ya que están planteados al revés. Es precisamente porque se los veía insolubles, y en tanto no aparecían como mal planteados, que se concluía en la relatividad de todo conocimiento y en la imposibilidad de alcanzar lo absoluto. El éxito del positivismo y del kantismo, comportamientos de espíritu más o menos generales cuando comenzamos a filosofar, provenía principalmente de allí. Poco a poco debíamos renunciar a la actitud humillada, a medida que nos dábamos cuenta de la verdadera causa de las antinomias irreductibles. Ellas eran de fabricación humana. No provenían del fondo de las cosas, sino de un transporte automático a la especulación de los hábitos contraídos en la acción. Lo que un dejar-hacer a la inteligencia había hecho, un esfuerzo de la inteligencia lo podía deshacer. Y eso sería una liberación para el espíritu humano.”
(7)
“Como es indiscutible que siguiendo los datos habituales de nuestros sentidos y de nuestra conciencia desembocábamos, en el orden especulativo, en contradicciones insolubles, concluyeron de eso que la contradicción era inherente al cambio mismo y que, para sustraerse de dicha contradicción, había que salir de la esfera del cambio y elevarse por encima del Tiempo, Tal es el fondo del pensamiento de los metafísicos, como también de aquellos que, con Kant, niegan la posibilidad de la metafísica.”
(8)
“Las dificultades inherentes a la metafísica, las antinomias que provoca, las contradicciones en las que cae, la división en escuelas antagónicas y las oposiciones irreductibles entre sistemas, provienen en gran parte del hecho de que aplicamos al conocimiento desinteresado de lo real los procedimientos de los que corrientemente nos servimos en una meta de utilidad práctica. Provienen principalmente del hecho de que nos instalamos en lo inmóvil para acechar el movimiento a la pasada, en lugar de situarnos en lo moviente para atravesar con él las posiciones inmóviles. Provienen del hecho de que pretendemos reconstruir la realidad, que es tendencia y por lo tanto movilidad, con los perceptos y los conceptos que tiene por función inmovilizarla.”
El pensamiento y lo moviente
(9)
“En efecto, asumo que nuestras facultades, en su funcionamiento normal, habitual, nos conducen, en la especulación, en la metafísica, a ciertos callejones sin salida; esto es, en los grandes problemas, nos conducen hacia una tesis y una antítesis que nuestras facultades son igualmente capaces de demostrar; lo que prueba que ni la una ni la otra son correctas ni aceptables. Asumo también que el ejercicio normal, habitual, de nuestras facultades intelectuales nos conduce, como ya demostró Kant, a antinomias imposibles de resolver. ¿Qué recurso queda, pues, a quien considera que las facultades intelectuales se ejercen normalmente como facultades orientadas hacia la especulación, cuyo objetivo es el conocer por conocer?
Siendo tales sus funciones, siendo tales sus objetivos, se han desempeñado en conformidad con sus metas y nos han llevado a antinomias irresolubles. En este caso, no nos queda más que renunciar a la especulación metafísica y, por haber creído que nuestra inteligencia es normalmente contemplativa, renunciar a formas de contemplación más elevadas. Hasta ahí nos lleva la crítica kantiana a través de las antinomias, al colocar a la inteligencia en su forma normal, ejercida normalmente, como una inteligencia orientada hacia la contemplación, hacia la especulación.
Pero si comenzamos por reconocer (y la experiencia y el análisis así lo demuestran) que nuestras facultades ejercidas normalmente, de la forma habitual, son facultades que no apuntan hacia la especulación sino hacia la acción, que tienen un objetivo sobre todo práctico y que nosotros estamos dirigidos antes que nada hacia la acción; que, como si estuviéramos fascinados por ella, se da una especie de imantación que atrae nuestro pensamiento, el cual (magnetizado por una especie de fricción) se dirige hacia la acción como una brújula apunta hacia el norte, entonces, al filósofo que venga a señalarnos los absurdos o al menos las antinomias a las que conduce la aplicación de esta forma habitual de pensar, podremos responderle: ¡la razón no ha dicho su última palabra! Tiene, quizá en reserva, ciertas fuerzas de las que ni siquiera sospechamos.
Sin duda se dirige hacia la práctica, como acabamos de mostrar; está imantada hacia la acción; pero ¿podemos acaso desmagnetizarla? Su inclinación natural la conduce hacia las antinomias, porque su inclinación natural es la de la acción. Intentemos desprendernos de la práctica que nos fascina, intentemos romper el hechizo. Tal vez no sea imposible. Y, en efecto, la prueba de que no es imposible es que nos estamos planteando el problema que ustedes han propuesto. Lo que muestra que, si bien es cierto que todas nuestras facultades se dirigen hacia la acción, existe una franja de especulación posible. Se trata, pues, de desviar su atención, de desviar la acción del punto que les fascina y así reconducir la inteligencia, por medio de un esfuerzo que, lo admito, va contra la naturaleza, hacia la especulación pura.”
Historia de la idea de tiempo
(10)
“Ahora, las antinomias kantianas implican también la confusión entre el tiempo y el espacio. Bergson examina a este respecto la primera y la tercera antinomia, Kant considera el tiempo alternativamente como algo espacial (y por tanto infinito) y en estado puro (y por tanto finito). Inversamente, mientras considera el espacio en estado puro, lo considera infinito, y cuando mezcla los elementos que toma prestados al tiempo, lo considera finito. Dado que el tiempo y el espacio no son concebidos de la misma manera, la tesis y la antítesis, no hay antinomia. En lo que concierne al tiempo, Kant acierta en la tesis y se equivoca en la antítesis. En lo que concierne al espacio, se equivoca en la tesis y acierta en la antítesis. La tercera antinomia tiene su origen en una confusión análoga.
Es, por tanto, de suma importancia para la filosofía distinguir claramente la idea del tiempo de la idea del espacio, así como marcar sus principales contrastes. En primer lugar, el espacio se concibe como infinito, puesto que se entiende como un todo dado y porque, además, es por definición misma el “contenedor universal”. Por el contrario, no podemos imaginar el tiempo más que como finito, puesto que no es algo que concibamos como ya hecho, sino como una operación continua y en vía de ejecución.”
“Veremos que, según Bergson, el tiempo se concibe como finito, y el espacio, como infinito”
Léonard Constant.  Anexo a Historia de la idea de tiempo

En esta selección de textos observamos diversas formas de encarar el problema que plantea la antinomia. En los fragmentos (2) (4) (6) (8) (9) se apela al método intuitivo, en el fragmento (3) se apela al conocimiento científico.
Efectivamente, el fragmento (3) que pertenece al delicioso libro de J. Chevalier Conversaciones con Bergson, que como su nombre indica recoge charlas con Bergson a  lo largo de los años, plantea que la ley de la degradación de la energía implica una duración finita del Universo, como si dijera: la degradación de la energía nos lleva a la muerte térmica del Universo, si el Universo fuera temporalmente infinito ya habríamos llegado  a eso. Si no se ha llegado es porque el tiempo transcurrido no ha sido infinito. Esta argumentación que es perfectamente válida, no intenta disolver la antinomia sino resolverla, no apela al método intuitivo como hace en los otros 5 fragmentos, conviene pues saber cómo es el método intuitivo de Bergson. Copio un fragmento de El pensamiento y lo moviente que nos dará una idea del mismo:
“La intuición de la que hablamos refiere entonces ante todo a la duración interior. Capta una sucesión que no es yuxtaposición, un crecimiento por el adentro, el prolongamiento ininterrumpido del pasado en un presente que se monta sobre el porvenir. Es la visión directa del espíritu por el espíritu. Ya nada interpuesto: nada de refracción a través del prisma una de cuyas caras es espacio y la otra, lenguaje. En lugar de estados contiguos a estados, que se convertirían en palabras yuxtapuestas a palabras, he aquí la continuidad indivisible, y por ello sustancial, del flujo de la vida interior. Intuición significa entonces ante todo conciencia, pero conciencia inmediata, visión que apenas se distingue del objeto visto, conocimiento que es contacto e incluso coincidencia. A continuación es conciencia ensanchada, que presiona sobre el borde de un inconsciente que cede y que resiste, que se rinde y se recupera. (…) La intuición nos introduciría en la conciencia en general. ¿Pero solo simpatizamos  con conciencias? Si todo ser viviente nace, se desarrolla y muere, si la vida es una evolución  y si la duración es aquí una realidad, ¿no hay también una intuición de lo vital, y por consiguiente  una metafísica de la vida, que prolongará la ciencia de lo viviente? Desde luego, la ciencia nos entregará cada vez mejor la físico-química de la materia organizada; pero la causa profunda de la organización, la cual vemos que no entra en el marco del puro mecanicismo ni en el de la finalidad propiamente dicha, que no es ni unidad pura ni multiplicidad distinta, que nuestro entendimiento caracterizará finalmente siempre mediante simples negaciones, ¿no lo alcanzaremos reconquistando a través de la conciencia el impulso de vida que está en nosotros?
Vamos aún más lejos. Más allá de la organización, la materia inorgánica se nos aparece sin duda como descomponible en sistemas sobre los cuales el tiempo se desliza sin penetrar, sistemas que atañen a la ciencia y a los cuales se consagra el entendimiento. Pero el universo material, en su conjunto, hace esperar nuestra conciencia; el mismo espera. O bien dura, o bien es solidario de nuestra duración. Se ligue al espíritu por sus orígenes o por su función, en un caso como en el otro depende de la intuición por todo lo que contiene de cambio y de movimientos reales. (…) En resumen, el cambio puro, la duración real, es algo espiritual o impregnado de espiritualidad. La intuición es aquello que alcanza el espíritu, la duración, el cambio puro. Siendo su dominio propio el espíritu, quisiera  captar en las cosas, aun materiales, su participación en la espiritualidad (diríamos en la divinidad, si no supiéramos todo lo que todavía se mezcla de humano en nuestra conciencia, aun purificada y espiritualizada). Esta mezcla de humanidad es justamente lo que hace que el esfuerzo de intuición pueda realizarse a alturas diferentes, sobre puntos diferentes, y producir en diversas filosofías resultados que no coinciden entre ellos, aunque no sean en absoluto inconciliables.
Que no se nos pida entonces una definición simple y geométrica de la intuición. Será muy fácil mostrar que nosotros tomamos la palabra en acepciones que no se deducen matemáticamente unas de otras. (…) De lo que no es abstracto y convencional, sino real y concreto, con mayor razón de aquello que no es reconstituible con componentes conocidos, de aquella cosa que no fue recortada en el todo de la realidad por el entendimiento ni por el sentido común ni por el lenguaje, uno solo puede darse una idea tomando sobre ella vistas múltiples, complementarias y no equivalentes. (…) Hay sin embargo un sentido fundamental; pensar intuitivamente es pensar en duración. La inteligencia parte por lo general de lo inmóvil, y reconstruye bien que mal el movimiento con inmovilidades yuxtapuestas. La intuición parte del movimiento, lo coloca o más bien lo percibe como la realidad misma, y no ve en la inmovilidad más que un momento abstracto, instantánea tomada por nuestro espíritu sobre una movilidad. La inteligencia se da por lo general cosas, entendiendo por ello lo estable, y hace del cambio un accidente que se superpondría a lo estable. Para la intuición lo esencial es el cambio: en cuanto a la cosa, tal como la entiende la inteligencia, es un corte practicado en medio del devenir y erigido por nuestra mente como sustituto del conjunto. El pensamiento se representa habitualmente lo nuevo como una nueva disposición de elementos preexistentes; para él nada se pierde, nada se crea. La intuición, apegada a una duración que es crecimiento, percibe allí una continuidad ininterrumpida de imprevisible novedad; la intuición ve, sabe que el espíritu saca de sí mismo más de lo que tiene, que la espiritualidad consiste en eso mismo, y que la realidad, impregnada de espíritu, es creación. El trabajo habitual del pensamiento es fácil y se prolonga tanto como se quiera. La intuición es trabajosa y no podría durar. Intelección o intuición, el pensamiento utiliza siempre sin duda el lenguaje; y la intuición, como cualquier pensamiento, acaba por alojarse en conceptos: duración, multiplicidad cualitativa o heterogénea, inconsciente, (incluso diferencial, si se toma la noción tal como era al comienzo). Pero el concepto que es de origen intelectual es inmediatamente claro, al menos para un espíritu que pudiera dar a luz el esfuerzo suficiente, mientras que la idea resultante de una intuición comienza en general por ser oscura, cualquiera sea nuestra fuerza de pensamiento. Es que hay dos tipos de claridad.
Una idea nueva puede ser clara porque nos presenta ideas elementales que ya poseíamos, simplemente dispuestas en un nuevo orden. No hallando entonces en lo nuevo más que lo viejo, nuestra inteligencia se siente entre amigos; está cómoda; “comprende”. Tal es la claridad  que deseamos, que buscamos, y de la cual agradecemos  a aquel que nos la aporta. Hay otra claridad, que padecemos, y que por otra parte solo se impone a la larga. Es la de la idea radicalmente nueva y absolutamente simple, que capta aproximadamente una intuición. Como no podemos reconstituirla con elementos preexistentes, puesto que no posee elementos, y como, por otra parte, comprender sin esfuerzo consiste en recomponer lo nuevo con lo viejo, nuestro primer movimiento es el de decirla incomprensible. Pero aceptémosla provisoriamente, paseémonos con ella en los diversos departamentos de nuestro conocimiento; a veremos, oscura, disipar oscuridades. A través de ella, problemas que estimábamos insolubles van a resolverse o más bien a disolverse, sea para desaparecer de manera definitiva sea para plantearse de otro modo. De lo que habrá hecho respecto a esos problemas se beneficiará entonces a su vez. Cada uno de ellos, intelectual, le comunicará algo de su intelectualidad. Así intelectualizada, podrá ser dirigida nuevamente sobre los problemas que le habrán servido luego de haberse servido de ello; disipará, todavía mejor, la oscuridad que los rodea, y se volverá ella misma más clara. Hace falta entonces distinguir entre las ideas que guardan para sí mismas su luz, haciéndola penetrar por otra parte luego en sus mínimos recovecos, y aquellas cuya proyección es exterior, que iluminan toda una región del pensamiento. Estas pueden comenzar por ser interiormente oscuras; pero la luz que proyectan en torno a ellas les vuelve por reflexión, penetra en ellas cada vez más profundamente; y tienen entonces el doble poder de iluminar al resto y de iluminarse ellas mismas. (…) Asignamos entonces a la metafísica un objeto limitado, principalmente el espíritu, y un método especial, ante todo la intuición. Por eso distinguimos claramente la metafísica de la ciencia. Pero también por eso le atribuimos un igual valor. Creemos que pueden, una y otra, tocar el fondo de la realidad. Rechazamos las tesis sostenidas por los filósofos, aceptadas por los científicos, sobre la relatividad del conocimiento y la imposibilidad de alcanzar lo absoluto.”
Intentar poner en práctica este método requiere un esfuerzo personal: “Hace falta todo un trabajo de desmonte para abrir los caminos a la experiencia interior. La facultad de intuición existe en efecto en cada uno de nosotros, pero recubierta por funciones más útiles a la vida.”
Aplicarlo exige un cambio de mentalidad que no es sencillo. Quiero indicar que si se acepta la existencia de estos dos métodos razón/intuición con todos los matices que da Bergson, la crítica a sus resultados (como la que voy a hacer yo) queda contaminada por esa dicotomía. Es decir, solo si soy capaz de efectuar el cambio de mentalidad que exige asumir el método intuitivo, tendrá alguna validez mi crítica que de otra forma se podría anular diciendo que la crítica está hecha desde la posición racional y no ha captado la posición intuitiva. Por lo tanto intentaré que mi critica no solo este hecha desde la inercia racional de mi vida sino que asuma también de alguna manera la posición de Bergson de manera que pueda decirse que es una crítica interna.
El problema es que aun partiendo de sus postulados no veo que Bergson ni disuelva el problema ni lo solucione, mas parece que da indicaciones para que siguiendo su método cada uno personalmente intente realizar tal tarea. Me parece que sus explicaciones no están completas, o yo no las capto con o sin el uso del método intuitivo. Quizás no he logrado salir del método racional. Incluso el intento de disolver el problema, por ejemplo en (2) requiere alguna explicación más para su comprensión, que no se está dando. ¿Cómo debo entender o captar la materia para no verla como espacio puro? En (4) ¿Cómo es la intuición que los sostiene? Y así con todos.
Es posible que el fallo resida en lo que menciona Bergson en El pensamiento y lo moviente: “La intuición solo se comunicará por otra parte a través de la inteligencia. Es más que idea; sin embargo, para transmitirse, tendrá que cabalgar sobre ideas. Al menos se dirigirá preferentemente a las ideas más concretas, que rodean todavía una franja de imágenes. Comparaciones y metáforas sugerirán aquí lo que no se llegará a expresar.”
Pero si no se supera este escollo, los resultados no podrían ser comunicables y estaríamos frente a un conocimiento personal intransferible que no tendría que ser necesariamente falso. De ahí lo mencionado más arriba de las indicaciones personales.
En (5) dice tres cosas muy importantes:
-De la nada, nada puede proceder (la nada es impensable, es imposible).
-Debe existir el Ser, la fuerza creadora…
-No veo razones para que el mundo haya existido siempre. Incluso me parece sumamente probable que no haya existido siempre.
Estas tres cosas conjugadas  dan una nueva visión sobre la pretendida disolución o resolución de la antinomia del tiempo. Efectivamente, por una parte se acoge a un enunciado de la antinomia: el mundo no ha existido siempre, por lo tanto tiene comienzo en el tiempo, por otra parte si la nada es impensable y debe existir el Ser, el inicio del mundo debe darse en algo que existía previamente, aunque en su obra queda insinuado de alguna manera es en el libro Conversaciones con Bergson donde dice:
“Remonto así a un “impulso vital”. Sin duda, este impulso proviene de alguna parte. Pero, ¿de dónde? No digo nada de ello, porque con los materiales de que dispongo como autor de La evolución creadora no alcanzo ese conocimiento. Es claro que he nombrado esa causa; y desde el momento que la nombro, no puedo por menos de llamarla Dios. Pero si me atengo a La evolución creadora, ese Dios es sólo conocido como la causa x de un mundo finito e imperfecto: en particular, nada lo revela aquí como Providencia.” Esta idea no convierte el pensamiento de Bergson inmediatamente en espiritualismo o idealismo, Bergson hace gala de gran honestidad intelectual cuando en Conversaciones con Bergson distingue el Bergson que expresa sentimientos personales del Bergson filósofo. Y la mejor prueba de ello es que parte de su pensamiento puede reinterpretarse desde el Materialismo filosófico (MF) de Gustavo Bueno como intentare demostrar en un futuro artículo. Una primera conclusión de ello sería la identificación del Dios de Bergson con la Materia Ontológico-General (MOG) de Bueno. Todo esto significa que ni hay disolución ni hay solución de la antinomia, a no ser que se circunscriba la antinomia al mundo creado por Dios o que surge de la MOG y se dé como solución lo propuesto desde el MF: “Cursos materiales en alguna forma de devenir tuvieron que confluir y codeterminarse para dar lugar a la conformación del Universo y de los sujetos operatorios humanos y animales. Pero sería gratuito, o en todo caso no habría fundamentos positivos, para pensar este devenir «según un antes y un después»”. En Bergson podemos encontrar un pasaje en el Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia muy parecido: “No hay, pues, que decir que las cosas exteriores duran, sino más bien que hay en ellas alguna inexpresable razón en virtud de la cual no podríamos considerarlas en momentos sucesivos de nuestra duración sin registrar que han cambiado. Por lo demás, ese cambio no implica sucesión.”. Esto supone un grave error para ambos sistemas (que solo estaría justificado por el intento que supone de resolución de un problema difícil, sin esta apuesta el sistema no estaría completo, no sería sistema) porque parecen confundir los acontecimientos con su comprobación. Dan la sensación de que la existencia del hombre en el Universo introduce el tiempo, la sucesión y todos los problemas asociados, y que antes de esto había una sopa atemporal a la que da igual llamar Dios o MOG y que no daba ningún problema. Dice Gustavo Bueno en El puesto de Ego transcendental en el materialismo filosófico: “Queremos decir más bien que el papel que Dios desempeña en los sistemas ontoteológicos asume algunas funciones análogas a las que corresponden a la MOG en el MF”.
Pero esta supuesta solución o disolución no puede ser satisfactoria, porque el problema seguirá intacto, como he intentado demostrar en artículos como Tiempo y devenir en el materialismo filosófico.
La conclusión por mi parte es que no hay ni disolución ni solución de la antinomia, si acaso un grupo de instrucciones por parte de Bergson para que a nivel personal y no comunicable llegar a un estado mental donde se encuentre tal disolución (cosa que yo no he conseguido). Quizás el resultado de esa intuición, si finalmente pudiera ser expresable en un enunciado con un mínimo de inteligibilidad sería esta frase de su libro Las dos fuentes de la moral y de la religión, que a su vez sería una renuncia a disolver la antinomia kantiana tomando postura por una de las soluciones, pero esta sería una toma de postura en apariencia contraria a lo anteriormente expuesto, en realidad es una asunción de lo dicho, el problema no se soluciona restringiendo el asunto al plano mundano (en la terminología del MF de la ontología-especial) sino que hay que afrontar el plano de la ontología-general:
“Sólo hemos querido demostrar con esta comparación, que la complicación, aun la complicación sin límites, no es signo importante, y que una existencia simple puede exigir condiciones cuyo encadenamiento no tenga fin.”

Otros artículos míos sobre Henri Bergson:
Esbozos de Gustavo Bueno en Henri Bergson
http://ferminhuerta.blogspot.com/2018/09/esbozos-de-gustavo-bueno-en-henri.html
Henri Bergson y el eternalismo
http://ferminhuerta.blogspot.com.es/2017/08/henri-bergson-y-el-eternalismo.html
Bibliografía de Henri Bergson en español
http://ferminhuerta.blogspot.com.es/2017/07/bibliografia-de-henri-bergson-en-espanol.html
Los cursos de Henri Bergson