Blog filosófico hecho por un aficionado desde una posición materialista. Correo electrónico: nartub@gmail.com
jueves, 28 de febrero de 2013
CORRESPONDENCIA ENTRE MARIO BUNGE Y FERRATER MORA
CORRESPONDENCIA ENTRE MARIO BUNGE Y FERRATER MORA.
Lugar mucho mas tranquilo y por lo tanto mejor para hacer la clase de vida que nos gusta a usted y a mi, o sea, estudiar y escribir.
Carta de Bunge a Ferrater, 10 de diciembre de 1976
Fermín Huerta Martín
En la Universitat de Girona existe La Càtedra Ferrater Mora de Pensament Contemporani desde 1989, entre sus actividades y dentro del capitulo del Legado de Ferrater Mora nos encontramos con el Epistolario, donde han escaneado y puesto a disposición del público la correspondencia que mantuvo a lo largo de su vida. Contiene a día de hoy (diciembre de 2012) 718 cartas sueltas y 6029 correspondencia cruzada. Incluye 1287 personas o instituciones entre las que destacan José Luis Aranguren, A. J. Ayer, Gustavo Bueno, Mario Bunge, Victoria Camps, Alfredo Deaño, José Gaos, Juan García Bacca, Emilio Lledó, Jesús Mosterin, Javier Muguerza, Ulises Moulines, Raimon Panikkar, Quine, M. A. Quintanilla, Tierno Galván, etc.
Esta labor me parece sumamente interesante, si cabe ponerle alguna pega habría que decir que no todas las cartas se pueden consultar libremente (hay que registrarse), que se pueden descargar y ver pero no imprimir (lo que dificulta su consulta) y que hay algunas fechas que no coinciden con la de las cartas, pero por lo demás me ha resultado interesantísimo consultar el intercambio epistolar entre Ferrater y Bunge, que es en el que me voy a centrar y que se puede consultar aquí: http://dugifonsespecials.udg.edu/handle/10256.2/137/browse?type=datecreated
Este intercambio epistolar consta de 130 documentos, 89 cartas de Bunge y 41 de Ferrater, contiene algunas cartas y postales escritas a mano, la primera carta esta fechada el 19 de mayo de 1960 y la ultima el 10 de octubre de 1990, Ferrater moriría tres meses después. Estos diálogos escritos y dispersos en el tiempo entre dos grandes filósofos hispanoamericanos nos permite descubrir unos textos lejos de la rigidez y seriedad académicas, textos informales donde abundan las bromas y la distensión propia de la comunicación de dos buenos amigos, que sin embargo no dejan de ser filósofos.
Uno de las constantes de los textos es la referencia a sus respectivos viajes, Bunge y Ferrater fueron dos personas que se vieron obligadas primero a abandonar sus respectivos países de nacimiento por diversas razones y a buscarse el sustento lejos. Después sus obligaciones académicas por una parte y la búsqueda de descanso por otro les hizo recorrer el mundo. El aspecto académico de sus viajes queda recogido también en los membretes de las cartas de Bunge que reflejan las siguientes instituciones: Universidad de Buenos Aires, University of Pennsylvania, Temple Universiy, McGill University, Universidad Nacional Autónoma de México, Asociación Mexicana de Epistemología, Universite de Geneve.
Otra constante de las misivas es hablar de aquello en que están trabajando en cada momento, reflejo de la frase que encabeza este texto, estudiar y escribir es lo que se pasaron haciendo la mayor parte de su vida y además era lo que les gustaba hacer. Por ello hablan siempre de su próximo libro, de correcciones para alguna reedición, de preparar conferencias, etc. En este contexto se queja Bunge de algunos errores en las ediciones de sus libros, en carta fechada el 18 de septiembre de 1979 dice Bunge:
“Tengo pendientes pruebas de imprenta de dos libros, uno de ellos para Ariel, cuya imprenta parece manejada por mongoles mongólicos”. En carta fechada 10 de febrero de 1981 dice sobre la edición de Materialismo y ciencia:
“Estoy exasperado por la cantidad de erratas. Parecería que los linotipistas catalanes ya no tienen orgullo profesional alguno. Párrafos enteros sangrados, o en bastardilla, o en mayúscula, y siempre llenos de erratas de todo volumen.”
El sentido del humor es cosa repetida en las cartas con frases como estas: “Les deseo una agradable vacación en países civilizados (de esos que mandan paracaidistas al África)”, “Celebro que su flacura haya desalentado a los leones”, “Mucho me temo, querido Ferrater, que le haré compañía en los infiernos”.
También hay criticas a otros pensadores: “Lacan es increíble, Me pregunto si no será un fumista. En todo caso, merece que usted agregue una entrada a su Diccionario: Lacaneo, Forma francesa del macaneo filosófico. V. macaneo. Con todo, Lacan, tan obviamente oscuro y vacío, me parece menos peligroso que Quine, casi tan vacío y oscuro pero con reputación de profundo y claro”. ”Si no fuera porque usted es un hombre serio, creería que ha inventado a Deleuze y Derrida. (No a Lacan, porque de él ya había leído un par de frases.) Con todo no se ha probado que existan”. “¿Quién inventó el negocio de escribir con oscuridad para parecer profundo y respetable? Que fue algún alemán, no lo dudo, pero ¿fue Fichte, Schellign, Hegel, o algún precursor de ellos?”. “En cuanto al monetarismo de Milton Friedman es seudociencia y canallesco”.
Hablan de sus achaques, enfermedades, operaciones, y aquí también saben mezclar el humor: “Me parece excelente que el médico le haya recetado ejercicios que no sean filosóficos”.
A veces repasan la actualidad política, también la que les afecta mas directamente:
“El de ayer fue un día negro para Canadá y en particular para mí. Si el P. Q. permanece en el poder durante una decena de años, su facción extremista logrará destruir mi universidad y toda la cultura anglófona de la provincia. Y es posible que tenga éxito, aunque sólo sea porque el gobierno al que sucede es inepto y corrupto.
Es posible que debamos volver a emigrar, lo que no es fácil a mi edad (57) ni en las circunstancias actuales de desocupación de filósofos. Con todo, le ruego que, si por casualidad se entera de alguna oportunidad, me lo haga saber”. “Por aquí sin novedades, salvo que las perspectivas de separación de esta provincia empeoran (mejoran para ellos) de día en día, y que el gobierno se vuelve cada día mas autoritario y con más ganas de gobernar las universidades”.
Otras veces simplemente se dejan frases para el recuerdo:
“Puesto que no hay modo de librarse de la metafísica, hay que encararla de frente y hacerla lo mejor posible”
“Creo que a esta altura puedo enseñarle algo a Kafka”
“Tengo ya el esquema del artículo pero me falta la energía”
“Típica de México tal mezcla de placer y angustia, de civilización y barbarie”
“Después de 7 años de esfuerzos, he logrado (esta vez con ayuda de un matemático) poner a punto mi teoría relacional del espacio.”
“A veces la falta de inspiración es señal de que se avecina una reorganización del cerebro”
Meses después de la muerte de Ferrater, Bunge publicó un artículo en el periódico español ABC titulado J. F. M. el filósofo sonriente, entre otras cosas decía: “me honró con su amistad y me hizo reír tanto como pensar”.
Termino con una frase de Bunge en una de sus cartas y que me gusta mucho:
“No puedo vivir sin mantenerme en comunicación, aunque sea por correo, con una veintena de amigos a quienes quiero y respeto”
miércoles, 30 de enero de 2013
LECTURAS ATEAS
LECTURAS ATEAS
Fermín Huerta Martín
Si se me concediera omnipotencia y millones de años para ejercitarla, no creo que tuviera mucho que jactarme si el Hombre fuera el resultado final de todos mis esfuerzos.
Religion y ciencia. Bertrand Russell
A raíz de un comentario hecho por Miguel Blanco en la entrada de mi blog La unión de los ateos es posible y deseable que decía: “Hace algunos años me decidí por el ateísmo activo, y desde entonces me he informado bastante sobre esta cuestión y sobre otras similares. He leído a Puente Ojea ("Elogio del Ateísmo", "La religión: ¡Vaya timo!" y varios artículos), a Dawkins ("El espejismo de Dios", "Escalando el monte improbable", "Destejiendo el arco iris"), a López Campillo y Perreras ("curso acelerado de ateísmo"), a Pepe Rodríguez ("Mentiras fundamentales de la iglesia católica"), a Bunge (varios artículos sobre ciencia, "La ciencia. Su método y su filosofía", "Las pseudociencias: ¡vaya timo!), a C. Hitchens ("Dios no existe"), a S. Weinberg ("3 primeros minutos del universo"), a R. Llinás ("El cerebro y el mito del yo"), además de otros audiovisuales, como los vídeos de Mauricio J. Schwarz ("el rey va desnudo"), Dawkins ("la raíz de todo mal", "el virus de la fe"), las conferencias de "escépticos en el bar", del Círculo Escéptico, etc.”, pude comprobar las coincidencias lectoras (había leído 7 de los 12 libros que menciona), me dio por rebuscar en mis archivos cuantos libros había leído sobre el tema, por si había un mínimo de libros de “obligada lectura” para los ateos. En un primer repaso hice la siguiente lista de libros relacionados con la temática:
La filosofía en el tocador, marqués Sade, pág. 40-41: “si está demostrado que ese Dios, que los tontos tienen por autor de todo lo que vemos, no es sino el nec plus ultra de la razón humana, el fantasma creado en el instante en que la razón no ve ya nada para ayudarla en sus operaciones; si está probado que la existencia de ese Dios es imposible, y que la naturaleza, siempre en acción, en movimiento, posee por sí misma lo que a los tontos gusta gratuitamente otorgarle a El; si es verdad, en el supuesto que Dios, ese ser inerte, existiese, que él sería el más ridículo de todos los seres, puesto que habría servido un solo día y desde millones de siglos se hallaría en una despreciable inacción; y suponiendo que exista como las religiones lo pintan, sería el más detestable de los seres, porque permitiría el mal sobre la tierra cuando su omnipotencia podría impedirlo; si, como digo, todo esto se ha probado, ¿cree usted entonces, Eugenia, que la piedad que ligaría al hombre con ese Creador imbécil, insuficiente, feroz y despreciable, puede ser una virtud necesaria?”
Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez, pág. 378: “Cuando se tradujo gehenna por infernus , no sólo se corrompió el verdadero sentido de los textos originales sino que se sentó las bases para construir la invención dogmática que más ha aterrorizado a la humanidad del último milenio... y que más beneficio le ha producido a la Iglesia católica siempre amenazante.”
Conflictos entre la religión y la ciencia, J. G. Draper, pág. 24: “Recordemos que cuanto nos rodea es mudable, que la muerte sigue a la vida y la vida a la muerte, y que es inútil rebelarse contra ella en un mundo en que todo muere; así como una catarata conserva la misma forma de un año a otro, aún cuando el agua que la compone cambia constantemente, así el aspecto de la naturaleza es como un torrente de materia que presenta formas variables. El universo, considerado como un todo, es inmutable; solo el espacio, los átomos y la fuerza son eternos; y las formas de la naturaleza que vemos son esencialmente transitorias y deben todas desaparecer.”
El discurso verdadero contra los cristianos Celso, pág. 21: “Es preciso incluso que las creencias profesadas se fundamenten también en la razón. Los que creen sin examen todo lo que se les dice, se parecen a esos infelices, presas de los charlatanes, que corren detrás de los Metragirtos, los sacerdotes de Mitra, o de los Sabácios y los devotos de Hécate o de otras divinidades semejantes, con las cabezas impregnadas de sus extravagancias y fraudes. Lo mismo acontece con los Cristianos. Ninguno de ellos quiere ofrecer o escrutar las razones de las creencias adoptadas. Dicen generalmente: «No examinéis, creed solamente, vuestra fe os salvará»; e incluso añaden: «La sabiduría de esta vida es un mal, y la locura un bien».”
La esencia del cristianismo L. Feuerbach, pág. 123: “El Dios trinitario es un Dios exuberante; por eso se convierte en una necesidad allí donde se prescinde del contenido de la vida. Cuanto más vacía es la vida, tanto más lleno y más completo es Dios. El vaciamiento del mundo real y el enriquecimiento de la divinidad, es un solo y mismo acto. Sólo el hombre pobre tiene un Dios rico. Dios surge del sentimiento de una carencia; lo que el hombre echa de menos -bien sea algo determinado y, por tanto consciente, bien sea inconsciente- esto es Dios. Por eso necesita el inconsolable sentimiento de vaciedad y de soledad, un Dios en el que se haya una comunidad, una unión de seres que se amen íntimamente.”
Doce pruebas que demuestran la no existencia de Dios, S. Fauré, pág. 43: “Así, pues, tened la modestia y la lealtad de confesar que si a mí me es imposible comprender a Dios, vosotros tropezaréis con el mismo obstáculo. Tened, en fin, la probidad de reconocer que si porque a mi no me es permitido concebir ni explicar a Dios, se me niega el derecho de negarlo, vosotros, que como yo, no podéis concebirlo ni explicarlo, tampoco tenéis derecho de afirmarlo.”
La religión al alcance de todos R. H. de Ibarreta, pág. 102: “ Los milagros son inútiles para convencer a nuestra razón de lo que se halla en pugna con ella.”
Epicuro, C. García Gual, ver mi artículo Ha muerto Colombo, un epicúreo.
La santidad del pontificado, E. Rodríguez-Solís, ver mi artículo Clero anticlerical.
Historia atea de las religiones A. Kryvelev, ver mis artículos Historia atea de las religiones I y II.
Porqué no soy cristiano, B. Russell, pág. 18: “Si todo tiene que tener alguna causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede haber algo sin causa, igual puede ser el mundo que Dios”
Curso acelerado de ateismo, A. López J. Ignacio, pág. 54:”La fe les hace perder el sentido del humor a los creyentes”.
De la materia a la razón L. Ferrater, pág. 188: “En virtud de ello he aludido a una especie de gran arco o despliegue que va “de la materia a la razón”. Este arco o despliegue constituye el mundo mismo, dentro de cuya trama se encuentran todos los “sentidos” y las “significaciones” que puedan descubrirse y que pueden irse produciendo. En la medida en que la racionalidad se somete a autocrítica, constituye una tarea o actividad nunca agotada, y posiblemente nunca agotable. Esta última condición puede producir en algunos espíritus reflexivos cierto desaliento. De ahí la pregunta de por qué los seres humanos, que, en la medida de nuestros conocimientos, son quienes más gozan, o padecen, la limitación antedicha, pueden seguir aferrándose a la racionalidad.”
¿Qué es ser agnóstico?, E. Tierno, pág. 115: “La fe es un contenido de la conciencia individual. Nada prueba.”
¿Es verdadero el cristianismo?, M. Arnhein, pág. 213: “Quizás aún más importante que la imposibilidad de alcanzar tales ideales sea su carácter antinatural. La mansedumbre es tan contraria a la naturaleza humana como el presentar la otra mejilla y amar al enemigo, toda vez que coloca a la persona mansa a merced de sus enemigos. Dicho de otro modo, no es una buena salvaguardia para la supervivencia, y no cabe la menor duda de que la supervivencia es el principal instinto natural de todo animal, incluyendo el humano. Por tanto, en sentido biológico estricto, así como en el sentido coloquial corriente, estos ideales son antinaturales.”
Ateos clandestinos, A. Izquierdo, pág. 64: “Si se acepta una religión como verdadera sin haberla examinado, sino por el simple hecho de haberla heredado o porque los que tienen autoridad sobre nosotros nos han dicho que es verdadera, se cree en ella sólo por prejuicio, y lo que se admite por prejuicio puede ser falso y verdadero, No hay ninguna seguridad sobre su verdad, Para poder decidir sobre su valor de verdad es necesario, entonces, examinarla a la luz de la razón.”
El mundo y sus demonios, C. Sagan, pág. 32: “Las religiones suelen ser los viveros de protección estatal de la pseudociencia”
Ética demostrada según el orden geométrico, B. de Espinosa, pág. 141: “Las ideas inadecuadas y confusas se siguen unas de otras con la misma necesidad que las ideas adecuadas, es decir claras y distintas.”
La genealogía de la moral, F. Nietzsche, ver mi artículo Fervoroso creyente, fervoroso agnóstico, fervoroso ateo.
A esto habría que añadir los 10 libros leídos de Puente Ojea (ver mi artículo Gonzalo Puente Ojea: maestro ateo) los 43 libros leídos de Gustavo Bueno y los 46 libros leídos de Mario Bunge, ver las secciones del blog dedicadas a ellos.
Como se puede ver, este listado incluye cosas muy dispares, pero son los textos que han configurado mi ateismo de la forma mas directa. Si tuviera que destacar algún autor, esta claro que por el número de libros leídos serian los tres últimos mencionados.
Es posible que si se hiciese una encuesta entre un numero elevado de ateos lectores, en la que cada uno expusiese su lista particular de textos, se pudiera encontrar un numero de libros de “obligada lectura” atea. Esta información podría servir a quien se aproximase al ateismo como lectura iniciática. Hoy en día y gracias a Internet es posible leer gran cantidad de textos en la orbita del ateismo lo que debería facilitar las cosas al neófito.
Naturalmente estas lecturas deben ir acompañadas de otras, sobre todo de filosofía y ciencia, imprescindibles para un visión atea del mundo.
Dado que bajo mis premisas el ateismo debe ir asociado a un sistema materialista y que este debe fundamentarse en una ontología determinada, cabria deducir de todo ello que no hay libros mas ateos que aquellos que exponen una ontología materialista (donde se intenta explicar el mundo, no siendo este obra de ningún dios). Los dos libros que considero mas importantes de ontología materialista son Ensayos materialistas de Gustavo Bueno y El moblaje del mundo de Mario Bunge, consecuentemente no habría lectura mas atea que la de estos libros, el inconveniente que tienen es que para aproximarse a su lectura con un mínimo de provecho previamente hay que recorrer el trayecto que yo he esbozado con el listado de libros aquí expuesto como mínimo.
Conclusión, si no estas dispuesto a esforzarte, mejor no empieces el camino del ateismo y sigue rezando.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
MEDICINA PARA MÉDICOS
MEDICINA PARA MÉDICOS
Fermín Huerta Martín
Si hubiéramos sido bien diseñados, o sea, con conocimiento e inteligencia, y si nuestro cuerpo fuese tan sabio como se ha dicho que lo es, no nos enfermaríamos.
Filosofía para médicos. Mario Bunge, pág. 59.
He terminado de leer uno de los últimos libros publicados del maestro Mario Bunge, se trata de Filosofía para médicos publicado por Gedisa que con este ha publicado ya 10 libros del filósofo argentino.
El interés de Bunge por la medicina no es nuevo como se puede comprobar ojeando su Bibliografía. Pero lo cierto es que en los últimos años ha mostrado una creciente dedicación por el tema, como se demuestra por el número de conferencias dadas sobre medicina desde 2010. Ignoro si el interés es puramente filosófico o se ha producido por un incremento del trato con los médicos debido a su avanzada edad.
Son 200 páginas estructuradas en 11 capítulos:
Medicinas tradicionales, Medicina moderna, Enfermedad, Diagnosis, Medicamento, Ensayo, Tratamiento, Prevención, Ética médica, ¿Ciencia, técnica o servicio?, y Referencias bibliográficas. Donde Bunge repasa un poco la historia de la medicina, la transición de las medicinas primitivas y arcaicas a la medicina moderna. Hace hincapié en la importancia de la filosofía en la medicina, pág. 123: “La historia de la medicina muestra que la medicina está saturada de filosofía”, pág. 124: “Si quieres medicación, ayuda a la investigación. Y si quieres investigación, cultiva una filosofía que la promueva.” pág. 146: “Postulados filosóficos admitidos por lo médicos: El paciente existe en el mundo exterior al médico. La enfermedad es un proceso real. Toda las enfermedades son cognoscibles en principio. Todas las enfermedades se manifiestan como signos y a veces también como síntomas. Todo trozo de conocimiento terapéutico es una verdad objetiva, auque acaso sólo parcial o aproximada. Todas las enfermedades son tratables. Todo tratamiento consiste en manipular variables reales. No hay terapias naturales: todas son artificiales. Hay terapias superficiales y radicales. Las terapias superficiales son típicas de las medicinas precientífica.”
Nos informa de la importancia de los receptores, pág. 33: “Los receptores, de los que hay más de 2000 clases, constituyen la clave de la farmacología científica.”
Considera que la psiquiatría científica es: pág. 71 “la rama mas atrasada de la medicina”.
Nos dice Bunge también pág. 81: “El principal motivo de la dificultad del problema del diagnóstico es que es inverso: se trata de remontar de síntomas a mecanismos, de efectos a causas, de productos a insumos, del presente al pasado, de conclusión a premisas. Y como se verá mas adelante, los problemas inversos son mucho más difíciles que los directos, porque tienen soluciones múltiples o ninguna.” Lo que le hace decir pág. 83: “ El buen médico es un híbrido de Hércules Poirot con Sherlock Holmes”. Es curioso porque poco antes de leer este libro tuve un pensamiento similar, la diferencia es que yo en lugar de pensar en esos clásicos detectives a los que he disfrutado leyendo pensé en un personaje mas contemporáneo, un doctor House que solucionase el problema, un familiar mío pasó 13 días hospitalizado (box de urgencias, unidad de cuidados intensivos, habitación) y pude comprobar como el caso se adecuaba a la naturaleza compleja de los problemas inversos. El diagnostico era un episodio de hiponatremia, disminución de la concentración de sodio en sangre que estuvo a punto de hacerle entrar en coma, por las informaciones que tuve los médicos estuvieron realizando pruebas medicas para “remontar de efectos a causas”, con el objetivo de descartar alguna de las posibles 11 causas que cita la Wikipedia de esa alteración. La cuestión es que consiguieron salvarle la vida auque a día de hoy se desconoce que fue lo que le produjo esa bajada de sodio. En general y visto desde fuera los procedimientos y normas que pude comprobar se adecuan a lo expuesto por Bunge en su libro. Normas como los Principios que enumera en la pág. 57: “ El ser humano es un sistema de subsistemas. Todos los subsistemas del cuerpo humano están conectados entre sí. Toda enfermedad es una disfunción de uno o más órganos. La salud mental es la del cerebro. La salud individual y la condición social se entrelazan. El médico debe evitar el pensamiento sectorial.”
Por que Bunge piensa pág. 123: “La medicina ha progresado en la medida en que ha abrazado la cosmovisión secular, racionalista, materialista, cientificista y humanista”.
Bunge hace algunas anotaciones que son plenamente actuales en los países con recortes sanitarios y privatizaciones, pág. 123: “Allí donde no es un bien público, la atención médica científica puede ser objeto de graves distorsiones”. Lo que nos llevaría a la necesaria unión de la “estrategia cientificista y una ética humanista”, pág. 131.
Con este he leído 46 libros de Bunge, son 200 páginas deliciosas escritas con una concisión, contundencia, capacidad de síntesis, de ir al grano, con la dosis suficiente de erudición y de compromiso de divulgación que conforma un libro que puede ayudar tanto a médicos como a pacientes (es decir, a la totalidad de la especie humana), da a conocer cual es el punto de vista de un filósofo que considera; “En el curso del siglo XVII la medicina descarta definitivamente a la religión y a la magia, y se adapta a la visión del mundo materialista (secular) así como a la gnoseología racionalista y empirista” pág. 47, “La biología y la medicina modernas no son vitalistas ni reduccionistas, sino más bien materialistas emergentistas.” pág. 48.
En resumidas cuentas un libro absolutamente recomendable. Lo único que lo empaña es una edición en la que he encontrado un puñado de errores (alguno se me ha podido escapar) que paso a copiaros:
El libro ya empieza mal de un principio, en la página 11 viene el Índice y en él hay un desfase de dos páginas de cada contenido, pues en la página 11 según el Índice tendría que venir el Prefacio, en la 13 viene el Prefacio y tendría que estar la Introducción y así con todos los capítulos.
Pág. 35. Dice: la minera la química, debería decir: la minera y la química.Pág. 39. Cita Robert Park (200) y es (2000).
Pág. 43. Cita a Feddi y es Freddi.
Pág. 56. Falta cerrar paréntesis después de la palabra ambulancias.
Pág. 70. Dice funcioes en lugar de funciones.
Pág. 76. Pone VHI y es VIH.
Pág. 95. Se cita Bunge 2000 y hay tres referencias de Bunge en ese año. Se repite el error en la pág. 127 y 133.
Pág. 95. Se cita Kahneman 2011 pero en las referencias bibliográficas solo hay Kahneman 1982.
Pág. 100. Dice probabiidad, debería decir probabilidad.
Pág. 101. Dice La probabilidades, debería decir Las probabilidades.
Pág. 109. En la primera frase la segunda “inversos” debe ser “directos”.
Pág. 128. Se cita van Bas van Fraassen y es Bas van Fraassen.
Pág. 149. Dice praxixología y es praxiología.
Pág. 154. Se cita Bunge 2004 y hay dos referencias en ese año.
Pág. 157. Cita a Cherki y es Cherkin.
Pág. 158. Se cita Bunge 2009 y hay dos referencias en ese año.
Pág. 171. La cita de Dilthey pone 1959 y en la bibliografía pone 1949.
Pág. 171. Se cita Bunge 1999 y hay dos referencias en ese año.
Pág. 183. Se cita Amiguelet y es Amiguet.
Pág. 202. La cita Charles Eddy (1882) esta equivocada, el año es 1982 y el nombre David M. Eddy.
viernes, 30 de noviembre de 2012
LOS LIBROS DEL SEÑOR J.
LOS LIBROS DEL SEÑOR J.
Fermín Huerta Martín
La casualidad ha querido que algo de lo que hablaba en mi artículo Fervoroso creyente, fervoroso agnóstico, fervoroso ateo, se materializara ante mis narices de la manera mas sorprendente y radical. El pasado día 22 de septiembre de 2012 tuve la suerte de ir a la 61ª Feria del libro de ocasión antiguo y moderno de Barcelona, la felicidad fue doble pues me acompañó mi amigo Ramón Martín y al placer de la visita libresca se unió el placer de la conversación. A los que amamos los libros, pocos planes nos pueden parecer mas a apetitosos que visitar una librería, un mercadillo o como en este caso una feria dedicada a los libros. En el tercer o cuarto puesto de venta que visitábamos reconocí inmediatamente el peculiar diseño de portada del libro Materialismo y ciencia de Mario Bunge, estaba encima de una pila de libros no demasiado bien ordenada y sin ningún papel identificativo referente a la temática o autor, los libreros de viejo van comprendiendo que tienen que clasificar sus existencias de libros para facilitar el ojeado de los mismos. En este caso, tal hecho no se daba, los libros parecían presentar una unidad, un conjunto, solo por un cartel que anunciaba su precio, 1 libro 10 euros, 3 libros 25 euros y 6 libros 40 euros. Ante el reclamo visual del libro de Bunge me acerqué inmediatamente, hace tiempo que conseguí Materialismo y ciencia, puedo decir que quizás fue uno de los libros mas buscados por mi en una época de mi vida, primero lo conseguí en fotocopias (en parte en la Biblioteca de Catalunya y en parte en la Biblioteca Nacional) y posteriormente en su única edición hasta el momento de Ariel del año 1981 gracias a Internet (la librería y biblioteca mas grande del mundo), ahora parece que existe un proyecto de reedición por parte de Laetoli de este y otros libros de Bunge.
Un vistazo rápido a los libros que rodeaban el escrito por Bunge me hizo reconocer enseguida una unidad mas profunda que la del mero cartel de precios, aquella unidad no la había dado el librero (conscientemente al menos) porque entonces hubiera puesto como mínimo 2 letreros encima de los libros: Filosofía y Ciencia, la unidad la daba la temática de los mismos, si la memoria no me falla había libros de la siguiente temática: divulgación científica, filosofía de la ciencia, marxismo, filosofía, critica a la religión y a las pseudociencias. Al ir ojeándolos surgió un nuevo indicio de unidad, en la primera página de cada libro podía verse una marca de tinta puesta con un tampón a modo de ex libris, donde ponía el nombre de un (imagino) matrimonio, dirección y número de teléfono, también venia la fecha de compra del libro, su precio en pesetas y euros, así como en algunos, un punto rojo adhesivo en el lomo inferior. Muchos de aquellos libros ya los tenía yo, enseguida me vino una imagen mental surrealista imposible, me dio la impresión de estar contemplando los libros de mi propia biblioteca vendidos después de mi muerte. Cuando me sobrepuse a la impresión empecé a revisarlos y a escoger los que quería comprar, si en física importa el espacio y el tiempo, en la afición a los libros importa el espacio (para guardarlos) el tiempo (para leerlos) y el dinero (para comprarlos), si yo poseyera estas tres cosas hubiera comprado todos sus libros que no tenía, pero como no es así aproveché la oferta y compré 6 libros, para que tengáis una idea del material comprado aquí os lo copio:
En busca de lo real. La visión de un físico. Bernard d´Espagnat
Matemáticas, ciencia y epistemología. Imre Lakatos
Fundamentos de la matemática. Albert Dou
Ensayos sobre el pensamiento científico en la época de Einstein. Gerald Holton
Critica de la Religión y del Estado. Jean Meslier
Al día siguiente sentí una gran curiosidad y con la inestimable herramienta de Google investigué al anterior propietario de los libros, aquí lo llamaré el señor J., apenas encontré información sobre el, la fecha de su muerte en este mismo año, a que se dedicó laboralmente y algunas cartas al director publicadas en diversos periódicos, de estas últimas deduje el perfil que había sospechado debía de tener por los libros que compraba, cartas criticas con la religión, la pseudociencia, a favor del racionalismo y del conocimiento científico.
Los libros viejos habían servido de nexo de unión de dos personas que no se habían conocido nunca y que sin ellos seguramente nunca se conocerían. De todo esto me vino otra imagen mental, recordando una idea de Dawkins podríamos parafrasearla y decir: el hombre es el medio que usa un libro para pasar de una biblioteca a otra.
Naturalmente ignoro las circunstancias concretas que rodean este ejemplo particular, no se quien heredó sus libros, si su mujer o hijos, ni cuales fueron los motivos de su venta, motivos económicos (siempre tan prioritarios) motivos de espacio (el saber si ocupa lugar), o el que fuese. El caso es que la biblioteca del señor J. (si no estoy equivocado, técnicamente una colección de libros no se considera una biblioteca hasta que no llega a los 1000 volúmenes, no se si la del señor J. reunía este requisito, la mía todavía no llega a esa cantidad), esa colección de papeles impresos que atesoró durante años se ha roto, ignoro si en su totalidad o en parte, dado que deduzco que el señor J. era ateo como yo, no puedo decir que esté contemplando el acontecimiento desde ningún más allá, y se entristezca por ello. Ni le puedo dar el mensaje de que los libros suyos que he comprado estarán bien hasta que yo muera o tenga que venderlos para comer. Lo único positivo del caso es el conocimiento concreto de esta persona fallecida como ejemplo de ser humano existente con similares inquietudes intelectuales que las mías (un “yo mismo” en un estado mas avanzado). Presupongo siempre la existencia de muchas personas con aficiones intelectuales, no profesionales (profesores, catedráticos, investigadores, etc.).
Seguramente algunos de sus libros habrían tenido antes otro dueño y espero que después de mi tengan mas dueños.
Recientemente se están difundiendo cada vez mas los llamados e-book o libro electrónico, este verano mi mujer me regalo uno por cumplir 50 años, al comentárselo a una compañera de trabajo, me decía: ¿No echas de menos el tacto, el olor del libro?, y le contesté que no, lo importante es la comunicación del contenido y en ese aspecto el libro electrónico cumple como el de papel. La verdad es que yo mismo he quedado sorprendido de mi adaptación al mismo. Lo primero que leí con el fue el trabajo de fin de máster presentado por Heriberto Janosch González titulado Efectos del estrés de aislamiento social en la tasa cardíaca, la temperatura corporal y la actividad circadiana en ratas macho viejas. Y ahora estoy disfrutando de Historia del materialismo de Federico Lange.
El disfrute es similar al del papel, sin el inconveniente de estar sujetando un libro de 500 páginas, sino un aparatejo que pesa menos de 200 gramos. Todo esto viene a cuento de que si estos artilugios modernos hubieran existido desde la época en que el señor J. empezaba a comprar libros y los hubiera ido guardando en sucesivos libros electrónicos o en ordenadores personales, no hubiéramos llegado a esta situación, el heredero se hubiera limitado a quedarse el libro electrónico o borrar el contenido para venderlo “limpio”, o venderlo con el contenido, pero en este ultimo caso solo habría un conocedor de los libros del señor J., mientras que la multiplicidad de soportes que implican los libros de papel hacen que la exhibición publica (impúdica si no es consentida) que supone la venta de una biblioteca pueda repercutir en cada uno de los compradores por separado.
Puede que con el tiempo lleguemos a ese panorama y los libros de papel estén solo en museos.
La cuestión es que todo el conocimiento acumulado por el señor J. se ha perdido para siempre, quedan sus cartas a los periódicos y sus charlas con amigos. Ya no queda su biblioteca que ha sido dispersada, ahora los libros que se vendan irán a otras bibliotecas. Todo lo que el señor J. no haya objetivado (escrito, grabado, etc.) se perderá irremediablemente para siempre.
Ahora cuando yo lea sus libros me será imposible evitar pensar: ¿Qué reflexiones tuvo el señor J. mientras leía este libro?
sábado, 27 de octubre de 2012
SUPERSTICIÓN Y RAZÓN EN GUSTAVO BUENO
SUPERSTICIÓN Y RAZÓN EN GUSTAVO BUENO
Fermín Huerta Martín
Sabed pues, amigos míos, sabed que todo lo que se declara y todo lo que se practica en el mundo para el culto y la adoración de los dioses no son más que errores, abusos, ilusiones e imposturas; todas las leyes y las órdenes que se publican bajo el nombre y la autoridad de Dios, o de los dioses, verdaderamente sólo son invenciones humanas, al igual que todos estos bellos espectáculos de fiesta y de sacrificios, o de oficios divinos, y todas estas otras prácticas supersticiosas de religión y de devoción que se hacen en su honor.
Jean Meslier
En su artículo ¡Dios salve la razón!, incluido en el libro Dios salve la Razón, Ediciones Encuentro, Madrid 2008, Gustavo Bueno escribía:
“El cristianismo, al oponerse a las supersticiones, estableció un canon de racionalidad que salvó en los siglos sucesivos, y en numerosas ocasiones, a la razón de la «hemorragia supersticiosa».” También dice mas recientemente en El Basilisco 42: “Fue la Iglesia católica, a través de la Teología y de la Filosofía escolástica la que, entre las demás confesiones, mayor “cantidad de racionalismo” y limitación de las supersticiones tradicionales pudo incorporar”
Ya en mi artículo La unión de los ateos es posible y deseable, dije que debería poner: “las supersticiones cristianas, al oponerse a otras supersticiones…”. En el verano de 2012 tuve la ocasión de comprar una edición facsímil del libro Reprobación de las supersticiones y hechicerías (1538), escrito por Pedro Ciruelo, esta obra se podría decir que es un intento del maestro Ciruelo por confirmar las palabras del maestro Bueno, palabras dichas mucho tiempo después de morir Ciruelo pero que parecen haber estado flotando en el aire durante los últimos 2000 años y han anidado en muchas cabezas desde entonces, incluso en cabezas de materialistas ateos como Bueno.
Mi tesis por el contrario es que el catolicismo no supone ningún freno a las supersticiones, sino un cambio de una colección de supersticiones independientes o con algún grado de conexión en algunos casos, con un sistema altamente integrado de supersticiones, y que consecuentemente habría que valorar desde fuera de estos dos grupos de supersticiones, desde un bando que al menos aspire a la racionalidad (para que no suene presuntuoso la afirmación de que tal racionalidad se ha conseguido), habría que valorar, digo, si ese cambio de una superstición a otra supone un avance, un retroceso o un estancamiento en la situación, según la naturaleza de los casos concretos de supersticiones que se traten, todo ello visto desde una posición que aspirase a ser no supersticiosa.
La manera del maestro Ciruelo de “superar las supersticiones” consiste en asociarlas al diablo, haciéndolas merecedoras de pecado por atentar contra el primer mandamiento, así son perseguibles por “prelados y jueces, eclesiásticos como seglares”. De esta manera esa supuesta superación no es mas que una asimilación, integra una serie de supersticiones en un sistema supersticioso (catolicismo), pero no las supera, puesto que no las niega ni las da por imposibles, simplemente les busca una causa común proveniente de su propia megasuperstición (el diablo) y de esta manera las unifica y fagocita. Dice Ciruelo en la pág. 50: “ Luego creer en aquella vanidad y quererse regir por ella en sus cosas es superstición de agüero y pecado mortal; y aunque haciendo aquello le salga a bien, es por inspiración del diablo con quien tiene pacto secreto.”
Dice el Catecismo de la Iglesia Católica en su entrada: 2110 : “El primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión.
2111 La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22).
2116: Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone ‘desvelan’ el porvenir (cf Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a ‘mediums’ encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios.”
Copio dos ceremonias descritas en el libro de Ciruelo, una es considerada supersticiosa y la otra un remedio moral y espiritual.
Remedio moral y espiritual contra la tempestad de nublados, pág. 119:
“El remedio moral y espiritual es: que luego que vean venir la mala nube al tañer de las campanas, se vengan los clérigos a las iglesias y se vistan sus sobrepellices y estolas, y acudan luego tras ellos todos los principales hombres y mujeres de cada parroquia con candelas benditas encendidas, y se junten en la nave y capilla mayor de la iglesia delante el altar donde está el Santísimo Sacramento; y abierto el altar, pongan el libro Misal a la parte del Evangelio, abierto por las imágenes del “Te igitur”. Y abran con mucha reverencia el tabernáculo del Santísimo Sacramento de manera que se parezca la custodia o la arca del Corpus Christi; mas no la saquen fuera de su tabernáculo. Estén las hachas o cirios todos encendidos y principalmente el cirio pascual bendito; y si hay reliquias de santos en la iglesia, tráiganlas todas al altar puestas a los lados del Santo Sacramento. Puestas todas estas cosas en orden, los sacerdotes estén de rodillas en las gradas del altar, y toda la gente con devoción se humillen a tierra, demandando a Dios misericordia y socorro en tanto trabajo y peligro, y suplicándole que por su infinita potencia haga disolver aquella mala nube y libre aquella su familia y los términos de aquel lugar del daño que podrá hacer aquella tempestad. Y los clérigos a medio tono canten los salmos del “canticum grado” y “miserere mei Deus”, y “qui habitat in adjutorio”, y “Deus misereatur nostri”, y “libera me de inimicis, Deus meus”. Y otros algunos salmos que hagan al propósito. Tras los salmos digan los cuatro Evangelios, y después comiencen devotamente la letanía de los santos y hagan su procesión por la claostra o por el cuerpo de la iglesia; y en fin de la letanía digan las colletas y oraciones más apropiadas al caso, y las oraciones de aquellos santos cuyas reliquias o imágenes tienen en los altares y capillas de la iglesia. Mientras que esto hacen y dicen los clérigos, la otra gente debe secretamente rezar devociones por las horas o por sus cuentas y rosarios, según que supieren, teniendo intención de rogar a Dios y a sus santos que por su misericordia envíe socorro y ayuda del cielo contra aquella tempestad. Y mi parecer es que los sacerdotes no salgan fuera de la iglesia para hablar con la nube mala, ni saquen las santas reliquias ni menos el Santísimo Sacramento fuera a la tempestad, porque con más devoción hablarán con Dios dentro de la iglesia que no de fuera, y mas presto será oída su oración en el cielo delante de Dios”.
Pág. 122:
“La común manera destos engañadores es, que el conjurador se hace juez y delante de su audiencia comparecen dos procuradores, el uno por parte del pueblo, que demanda justicia contra la langosta, el otro pone el vicario del obispo o la justicia del rey por parte de la langosta o la oruga o el pulgón, etc. Después de muchas acusaciones que pone el procurador del pueblo y respuestas que hace el procurador de la langosta; y dados sus términos de probanzas de la una parte y de la otra, hácese luego proceso; y, a la fin, el maldito juez da su sentencia contra la langosta, en que dentro de tantos días se vaya de todo el término de aquel lugar, so pena de excomunión “latae sententiae”, etc. Acontece muchas veces que el diablo, por cegar y engañar a los pueblos que tales cosas consienten, haga venir en efecto lo que promete el conjugador, y por sus secretas operaciones con cosas naturales hace huir de allí las langostas y las otras sabandijas. Mas los santos doctores, todos conformes sin contradicción de alguno dellos, dicen que esta manera de echar la langosta es supersticiosa y mala por dos razones: la una es porque se arma pleito y causa contra criaturas brutas que no tienen seso ni razón para entender las cosas que les dicen; y, así, es operación de vanidad, y juntamente es pecado de blasfemia en hacer burla y escarnio de la excomunión que usa la Iglesia Católica contra solos los malos hombres contumaces y rebeldes a la obediencia que deben a los prelados de la Iglesia.”
Solo desde un punto de vista que acepte como verdad las tesis católicas tiene sentido decir que el catolicismo supuso un freno a las supersticiones, pero un materialista ateo de ninguna manera puede aceptar esto, por lo tanto ver un freno o una superación de las supersticiones donde no hay sino una continuidad o asimilación de las mismas es muy sospechoso. Para el maestro Ciruelo es supersticioso todo lo que se sale de las normas católicas pero Bueno no puede esgrimir este argumento.
Desde una posición no supersticiosa, como el materialismo ateo, ninguna de las dos ceremonias descritas tienen capacidad causal para conseguir lo que se proponen, pues Dios no existe y el Diablo no existe, por lo tanto si funcionan será por otro motivo que habrá que investigar o por simple casualidad, el que lucha contra la superstición debe realizar esta operación. Por eso incido en que Bueno no puede considerar un freno de la superstición a la Iglesia Católica sino un continuador de la misma, si valora que el catolicismo es una superstición sistematizada, yo lo puedo comprender y valorar a su vez, pero la única manera de pensar que el catolicismo es un freno a la superstición es considerarlo no supersticioso, pero esto no puede hacerse de ninguna manera desde una posición materialista.
Cuando desde posiciones materialistas y ateas se habla de “superior racionalidad de la dogmática cristiana respecto de sus alternativas coetáneas” es que algo falla, en este caso lo que falla es el significado que da Bueno a los términos Razón y Superstición (al hacer hincapié en el aspecto funcional de los mismos), define Bueno la racionalidad: “Termino prácticamente sinónimo de razón. No obstante, hay autores que distinguen entre racionalidad y razón: por ejemplo, la razón se definiría como una facultad, mientras que la racionalidad sería el ejercicio de dicha facultad o bien la cualidad de aquello que es obra de la razón. La racionalidad no adopta una forma única, sino que podemos hablar de una racionalidad científica, filosófica, técnica, económica, etc.
La racionalidad, desde el materialismo filosófico, no se concibe como si fuera una capacidad o facultad psicológica derivada de la estructura subjetiva (espiritual o cerebral) de un sujeto operatorio, animal o humano. La racionalidad se concibe como característica de dominios en los cuales se encadenan operaciones y grupos de operaciones que tienen lugar entre términos distintos delimitados en el espacio antropológico (cosas, animales, hombres), tales que den como resultado un sistema de instituciones objetivas (suprasubjetivas, por tanto) a través de las cuales las operaciones entre cosas, entre animales o entre hombres, pueden dar lugar a resultados que ajustan unos con otros de un modo recurrente. Una danza ceremonial, en torno a una hoguera, puede considerarse racional o funcional desde coordenadas adecuadas.
La racionalidad se circunscribe al terreno de las instituciones humanas, pero no por ello hay un corte dicotómico entre la racionalidad humana y la conducta de los hombres primitivos (en contra de la teoría de Lévy-Bruhl sobre la «mentalidad prelógica primitiva»). Ni siquiera cabe una dicotomía entre la conducta racional humana, moldeada sobre operaciones con entidades distintas del sujeto y la conducta de ciertos animales a los cuales los etólogos reconocen hoy un carácter raciomorfo.
Lo que no queda incorporado a las redes de la racionalidad operatoria institucional es arracional, pero no es por ello irracional. Los pueblos maya predecían los eclipses con precisión. Pero eso no era ciencia. Además se basaban en la mitología y su predicción se debía a que habían pasado años y años, como los babilonios, estableciendo una relación empírica entre el sol y la sombra. Esto no es ciencia, aunque no por ello es irracional. No se trata de una verdad demostrada: se dieron cuenta de que es así, pero no dieron las causas, las razones internas de eso. La irracionalidad sólo puede darse en el marco de lo que es racional, es decir, de las instituciones (lo irracional surge en el proceso de confluencia de diferentes instituciones racionales, a la manera como lo irracional en Geometría apareció en la confluencia de las categorías de la Aritmética que pretendían medir la diagonal del cuadrado con el lado y las categorías de la Geometría, que declaraban inconmensurables estos segmentos determinados en el cuadrado)”.
,En primera aproximación la razón se tiene que relacionar (decía Bueno en Symploké: “Razonar es relacionar”) con la posibilidad y la verdad, algo imposible no será racional y algo posible pero falso tampoco, los criterios de racionalidad de cosas posibles y verdaderas es mas complejo de abordar. De hecho los verdaderos problemas con el racionalismo empiezan cuando tratamos con cosas, hechos, procesos, etc., que son posibles y verdaderos (si son verdaderos es porque son posibles). Pero no representa ningún problema al racionalismo enfrentarse con cosas imposibles o posibles pero falsas. Digamos que no pasan el primer filtro necesario para que lleguen a ser un problema. Si las palabras que motivan este texto hubiesen sido dichas o escritas por un creyente católico no me hubiera molestado en contestarlas, al fin y al cabo dentro de su error (visto este desde la posición materialista) el creyente despliega una posición coherente que incluye el adueñarse de la racionalidad (apoyándose por ejemplo en la entrada 159 del catecismo que dice: “A pesar de que la fe esté por encima de la razón, jamás puede haber contradicción entre ellas. Puesto que el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe otorga al espíritu humano la luz de la razón, Dios no puede negarse a sí mismo ni lo verdadero contradecir jamás a lo verdadero» (Concilio Vaticano I: DS 3017). «Por eso, la investigación metódica en todas las disciplinas, si se procede de un modo realmente científico y según las normas morales, nunca estará realmente en oposición con la fe, porque las realidades profanas y las realidades de fe tienen su origen en el mismo Dios. Más aún, quien con espíritu humilde y ánimo constante se esfuerza por escrutar lo escondido de las cosas, aun sin saberlo, está como guiado por la mano de Dios, que, sosteniendo todas las cosas, hace que sean lo que son”. Sin embargo las palabras las pronuncia uno de los mas grandes materialistas ateos españoles de todos los tiempos.
La consecuencia de dejar de relacionar la razón con la posibilidad y la verdad es una serie de afirmaciones como estas “una danza ceremonial, en torno a una hoguera, puede considerarse racional o funcional desde coordenadas adecuadas”, “en la Teología católica, hay tanto o más racionalismo como el que podamos encontrar en las ciencias positivas modernas”, “la conducta de los soldados que jamás aciertan con sus disparos será irracional”. Tomemos este ultimo ejemplo, desde nuestra posición, que un soldado acierte o falle en sus disparos no altera la racionalidad del proceso, lo que nos haría hablar de irracionalidad sería por ejemplo que el soldado intentase acertar a la Luna con su fusil, aquí nos encontramos ya ante una imposibilidad de la cual extraemos su irracionalidad, lo curioso del caso es que Bueno adopta una postura muy próxima a la nuestra en su prologo al libro Astrología de Isaac Amigo, basta con leer estos fragmentos:
“Presuponemos que la astrología carece de todo fundamento científico, los astrólogos proceden apoyados en principios ridículos”, “¿No es paradójico --por no decir ilógico-- el auge de la astrología en una sociedad urbanizada y democrática en la que los individuos están acostumbrados al razonamiento, al cálculo y al análisis, así como también al debate y a la crítica?”, “falta evidente de fundamento de la astrología”, “la fe en la astrología es una superstición”, “la confianza otorgada por la gente al horóscopo no será un confianza científica, sus motivaciones pasan por encima de los conocimientos científicos, por ello habrá que considerarla “indocta””.
Considero que las criticas que Bueno realiza a la astrología con el apoyo del conocimiento científico debería extrapolarlo a su critica al catolicismo con el apoyo de la ciencia y sobre todo de su posición filosófica materialista-atea. Dicho de otra manera, desde una posición materialista-atea no se puede hablar de racionalidad del catolicismo, excepto en cuestiones puntuales del tipo de cuando la conferencia episcopal española hace una campaña publicitaria para conseguir dinero vía impuesto de la renta, que sería una actuación muy racional (mas que por ejemplo rezar para que les toque la lotería). Quien afirma la idea de Dios como clase vacía, como hace Bueno, no puede después hablar de racionalidad de algo cuya base es imposible y falsa. De la misma manera que dice en la pág. 24 de El Basilisco nº 42 “Cuando las operaciones segundogenéricas no tienen respaldo primogenérico se convierten en delirios irracionales”, de la misma manera toda la teología católica carece del respaldo de la existencia de Dios y consecuentemente es un delirio irracional. Como materialista-ateo esta es la postura que tendría que defender y no la que defiende que es mas próxima a una posición confesional.
Es curioso que cuando Bueno estaba obligado a escribir en coordenadas confesionales (Filosofía. Sexto curso, 1958) por imposición franquista (a pesar de que el era ya ateo en aquella época, dice en Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión pág. 26, “cuando cursé los dos últimos años de bachillerato, en Zaragoza, cristalizó en mí la decisión de calificar explícitamente a la dogmática católica, entonces reinante, como un conjunto de mitos y de imposturas inventados por los sacerdotes para engañar a los niños o al pueblo). En Filosofía. Sexto curso decía cosas como esta: “Este saber total (el saber religioso) no es racional, como lo es el saber científico, sin que por ello haya de pensar que el saber religioso sea irracional. Hay que decir que es supranacional, o praeterracional. Pues el saber religioso se funda, no en la razón, edificada sobre los datos sensoriales, sino en la Revelación.”
Y ahora que puede escribir sin esa imposición nacional-católica se empeña en hablar de la “cantidad de racionalismo” del catolicismo.
viernes, 28 de septiembre de 2012
DESARROLLOS ALTERNATIVOS
DESARROLLOS ALTERNATIVOS
Fermín Huerta Martín
(Escrito en 1993)
El cristianismo es campo abonado para la floración de herejes porque sus heterogéneos y contradictorios elementos constitutivos posibilitan la génesis de desarrollos alternativos, en función de las necesidades materiales y espirituales de las clases o grupos sociales que los generan, sin olvidar la configuración psicológica y moral de los heresiarcas.
Gonzalo Puente Ojea
Sin herejes el teólogo dogmático carecería, en gran medida, de materia.
Gustavo Bueno
Quisiera intentar demostrar en este artículo dos cosas fundamentales con respecto al cristianismo y la herejía:
1- Que la existencia de herejías prueba que los cristianos lejos de estar universalmente iluminados por la luz del Espíritu Santo en lo que respecta a su fe y a su interpretación de las escrituras, han utilizado y utilizan la razón para estos fines (una capacidad de razonar muy peculiar por supuesto, mezclada con bastantes aspectos irracionales).
2- Que todos los denominados desarrollos alternativos del cristianismo (así nos referimos también a las herejías) han de considerarse en igualdad de condiciones a la hora de un estudio objetivo y externo del tema, independientemente de número de adictos, su existencia o no actual, o su importancia histórica, dados que los criterios internos para definir dogmas o “errores” son subjetivos e interesados, y cuando se llega al extremo de autoproclamarse infalibilidad para tratar estos temas se llega al subjetivismo máximo.
Para mi, tanto la herejía como la ortodoxia son interpretaciones sobre supuestos hechos o sobre determinados textos, resultado del planteamiento de problemas a la hora de crear la teología cristiana, la legitimación de la ortodoxia solo es una autolegitimación pues no hay señales externas que así lo justifiquen.
La autolegitimación se consigue o por medio de democracia “especial” (concilios) o de poder (jerarquía).
Así se puede repetir que en las discusiones teológicas hay mucho de discusión racional (mezclada de muchas otras cosas). Y es que no se puede dudar de la fe de los herejes, en muchas ocasiones mas “ejemplar” que la de los “ortodoxos”.
La ortodoxia es solo una de las posibles combinaciones de soluciones a los problemas teológicos planteados. Quizás la mas ecléctica e integradora, pero una mas.
Si todos parten de la misma fe y creencia del mismo Dios y de los mismos supuestos hechos, el Espíritu Santo les tendría que haber inspirado la misma teología, al no ser así se demuestra el ingrediente racional en la naturaleza de la discusión teológica. Y aquí es donde aparece un elemento discordante en el bando religioso, porque a mi entender existe una ruptura entre el hombre racional que apela a la razón como norma ultima para la discusión y el hombre religioso que apela a la fe. Pudiendo llegar a hacer imposible la comunicación entre estas dos “partes” cuando se apela a las normas ultimas que rigen sus discursos. Y esto puede aplicarse no solo al cristianismo sino al resto de las religiones, que no quedan exentas a su vez de sus cismas, herejías, etc.
Ese elemento discordante es el hecho de creer apelar a razones sobrenaturales en las discusiones teológicas sin darse cuenta de que en el fondo es una clase de reflexión racional (a secas) aunque este disfrazada y mezclada con aspectos incomprobables.
Echando una mirada a 40 desviaciones, herejías o desarrollos alternativos del cristianismo podemos encontrar que los temas principales de “desviación” se pueden englobar en tres grandes grupos que son: la Trinidad, Jesús y cuestiones de jerarquía o burocracia.
A modo de ejemplos:
Trinidad. La ortodoxia viene a decir:
La Trinidad es una. Las personas divinas son realmente distintas entre si. Las personas divinas son relativas unas a otras.
Las herejías dicen:
- Padre, Hijo y Espíritu Santo, una sola persona con tres nombre distintos.
- Personas divinas diferentes del Padre, no son mas que una prolongación de este.
- El Espíritu Santo no procede del Padre y del Hijo.
- El Espíritu Santo es inferior al Padre y al Hijo.
- Se niegan las tres personas divinas.
Jesús. La ortodoxia dice:
Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, Posee dos naturalezas, divina y humana. Hijo único del Padre.
Las herejías dicen:
- Jesús hombre adoptado por Dios al bautizarse.
- El hijo es desemejante en esencia a Dios.
- En Cristo el espíritu es sustituido por el Logos Divino.
- Jesús no es consustancial con el Padre.
- Cristo no es plenamente Dios.
- El cuerpo físico de Jesús era un fantasma engañoso.
- Cristo no es ni divino ni humano.
- Cristo solo divino.
- Jesús fue un simple profeta, no resucito.
- Las dos naturalezas de Cristo, divina y humana fundidas en una sola.
- Cristo una sola energía o actividad.
- Cristo dos naturalezas y una sola voluntad divina.
- Hijo subordinado al Padre.
- En Cristo lo divino y lo humano no esta separado.
- El mismo Padre habría sufrido la pasión de la Cruz.
Y por fin el grupo de cuestiones de jerarquía o burocracia.
Así dicen los herejes:
- La obediencia papal se delega en el soberano.
- Se condena la jerarquía eclesiástica y la posesión de bienes por parte del clero.
- Superioridad del concilio sobre el Papa.
Es esencialmente en este ultimo apartado, burocrático o jerárquico donde la cosa es mas dolorosa para el que ejerce el poder eclesial. Pues de asuntos teológicos se puede discutir, pero cuando la herejía cuestiona el poder para aquel que lo ejerce entonces el asunto se vuelve intolerable. Para poner un ejemplo actual y citando de nuevo a Puente Ojea: “la teología de la liberación es mucho mas una cuestión de poder que de doctrina”.
Al realizar esta exposición de herejías es cuando podemos comprobar lo dicho al principio al respecto de que al definirse la ortodoxia católica como un conjunto de dogmas o de opiniones decididas en un momento, se pueden hacer combinaciones con las consideraciones heréticas, para sacar cuantas ortodoxias se quieran.
Y ahora es cuando toca hablar de cual es el proceso mediante el cual se “decide” que es herejía y que es ortodoxia. Esto significa principalmente hablar de concilios. Porque basta echar un vistazo a la lista de concilios y sus temas preferentes para saber que esto es así.
Nicea I - Arrianismo
Constantinopla I - Apolinarismo
Efeso - Nestorianismo
Calcedonia - Eutiquianismo
Constantinopla II - Origenismo
Braga - Priscilianismo
Constantinopla III - Monotelismo
Nicea II - Iconoclastas
Constantinopla IV - Focio
Sirvan de ejemplos.
Según el diccionario de teología de L. Bouyer (con visto bueno de un censor católico del año 1971):
“Las decisiones conciliares se suponen siempre tomadas por unanimidad, incurriría en cisma la minoría que no se adhiriese a la mayoría verdaderamente representativa del espíritu del cuerpo episcopal en su conjunto, mientras que una mayoría simplemente numérica no puede prevalecer sobre las reservas fundadas de una minoría que sea considerable no solo por su importancia material sino por la cualidad representativa de sus opiniones sobre la verdadera fe de la iglesia. En una situación de este genero es de presumir que el soberano pontífice rehusaría ratificar una decisión mayoritaria.”
O sea es como si en una democracia solo sirviese la mayoría absoluta aplastante para gobernar. Es especialmente curioso el párrafo que dice: “incurriría en cisma la minoría que no se adhiriese a la mayoría verdaderamente representativa”, curiosa democracia de la amenaza.
En este párrafo se puede ver como en los concilios se ejemplariza el proceso racional que sustituye la “supuesta” inspiración del Espíritu Santo para la concordia (de existir esa inspiración la unanimidad sería siempre real). Así las desviaciones heréticas son decididas por mayorías.
En cualquier caso el funcionamiento de estas unanimidades y mayorías representativas es lo suficientemente impreciso como para sospechar juegos de poder y amenazas cismáticas en los concilios.
Cuando he hablado de que el hombre religioso ejercita la razón aunque mezclada con otras cosas, me refería a cosas surgentes del cuerpo religioso y que de alguna manera fija los márgenes sobre los que puede discurrir dicha razón. Cuanto mas pequeño es el margen fijado que uno toma, mas aceptable es la opinión que se ejercita, pudiendo llegar a ser una tímida disconformidad o un principio de herejía suave, al aumentar el margen de movimiento nos encontramos con herejías grandes en desacuerdos. Esto se observa repasando algunas de las herejías enumeradas mas atrás, algunas podrían ser aceptadas por el cristiano de base despistado en asuntos teológicos, otros sin embargo le serian inaceptables sin reflexión. Pues bien, estos márgenes que el hombre religioso acepta serian cuestiones como: la naturaleza y poderes de Dios, su forma de actuar, la interpretación de las escrituras, su relación personal de confianza y obediencia a la jerarquía, etc., etc.
Al preguntar a un cristiano por estas cuestiones, podemos hacer un dibujo al hilo de sus respuestas y al final saber cual es el hueco que deja a su razón para manejar elementos o formar disensiones o simplemente acatar y callar.
El hombre no religioso no parte de estas limitaciones y por lo tanto puede ejercitar su razón con mas libertad y sin estrechuras.
Resultaría insoportable que en el campo no religioso alguien se autoproclamara (ya fuera persona o grupo) como infalible, haría el ridículo y no se le escucharía, la fe y la noción de rebaño hace que se trague con esto y con mucho mas.
Por esto desde una visión externa a estas disputas, como sería mi posición de ateo, hay que respetar no solo las diferentes religiones entre si sino las diferentes ramas de cada religión, o sea a ortodoxos y herejes por igual.
Y esto es así porque la supuesta legalidad u ortodoxia de determinados grupos religiosos basados en su aceptación mayoritaria o cantidad de poder, nos es indiferente, pues este solo es un dato accidental al proceso, que podía haber recaído en cualquier otro desarrollo alternativo.
El espíritu critico tiene que sobreponerse a estas influencias “ambientales” para ejercitar libremente su función critica, y no debe confundir el éxito o fracaso de lo que estudia con su fundamentación teológica. Este sencillo ejercicio debería bastar para darse cuenta de que las autolegitimaciones no pueden tener valor universal por muy mayoritarias que sean. Y al no descubrir “pruebas objetivas” que decantaran la flecha de la verdad sobre alguna en concreto, estamos obligados a respetar todas.
miércoles, 29 de agosto de 2012
FERVOROSO CREYENTE, FERVOROSO AGNOSTICO, FERVOROSO ATEO
FERVOROSO CREYENTE, FERVOROSO AGNOSTICO, FERVOROSO ATEO.
Fermín Huerta Martín
Mientras preparaba la publicación en mi blog de los artículos de julio y agosto del presente y recortado (por lo menos aquí en España) año 2012 hice un descubrimiento que me dejo estupefacto. Una vez agotados los artículos nuevos o por lo menos escritos en el transcurso del presente año, si no quería incumplir la promesa o el objetivo expuesto en Leer es disfrutar, escribir es sufrir, de publicar un artículo al mes, no me quedó más remedio que recurrir a mis viejos artículos mecanografiados.
Escribo cosas relacionadas con la filosofía desde 1985, aunque mi interés por la filosofía empezó antes, en 1977 con 15 años ya tenía “charlas filosóficas”, dos de las personas con las que iba al colegio terminaron estudiando la carrera de Filosofía, una de ellas es profesor en la actualidad, si la memoria y los apuntes que manejo no me fallan, el primer libro de filosofía que compré y leí, fue La genealogía de la moral de Friedrich Nietzsche en 1978 con 16 años. El motivo por el cual un adolescente que por aquel entonces leía a Agatha Christie, H. P. Lovecraft y Franz Kafka se puso a leer filosofía es bien curioso, en aquella época era un enfermizo lector de comics, me gustaban mucho los de superhéroes (luego vinieron los de autor, Corben, Moebius, etc.), fui un coleccionista obsesivo, en la actualidad han hecho películas de la mayoría de los tebeos que leía en aquella época, incluso recientemente de Los Vengadores que eran mis favoritos. En una de mis visitas a la biblioteca se me ocurrió consultar en un diccionario la palabra “superhéroe”, en su lugar encontré “superhombre”, en una de las definiciones se hablaba de que ese era uno de los cuatro temas de que hablaba Friedrich Nietzsche en su obra, los otros tres eran: el eterno retorno de lo idéntico, la muerte de Dios y la voluntad de poder. Pensando que los conceptos superhombre y superhéroe eran similares decidí comprarme un libro de Friedrich Nietzsche. Por aquel entonces era usual que muchas librerías tuvieran una estantería dedicada a la colección El libro de bolsillo de Alianza Editorial, dentro de la cual había varios libros de Nietzsche. Así que un día entré en una librería (ya desaparecida, en su lugar pusieron un “todo a cien”,un síntoma de los tiempos) y no recuerdo si era el único libro que había de él o lo elegí por casualidad, el caso es que me compré La genealogía de la moral, ahora mismo ( el ahora del primer borrador escrito a bolígrafo del presente texto) tengo el libro en mis manos (dentro de 20 años quizás alguien dirá: tengo el archivo en mis manos dentro de mi libro electrónico), la mitad del libro se ha despegado en dos partes de su encuadernación primitiva, está lleno de frases subrayadas y también alguna anotación, todo con lapicero, en la actualidad me parece un sacrilegio subrayar un libro, los lectores empedernidos tenemos que ser conscientes de un dato fundamental, corroborado cada vez que compramos un libro de segunda mano, llegará un día en que tendremos que vender nuestros libros para poder comer, o bien, moriremos y nuestros hijos o mujer terminaran malvendiéndolos para ganar espacio y colocar cosas más decorativas. Hay otras alternativas, pero para mí son utópicas. Nunca olvidaré una experiencia que tuve hace años, cuando era joven y visitaba el Mercado de San Antonio de Barcelona (un lugar donde comprar y vender libros), escuché a un hombre mayor(rondaría los 70) intentando vender su biblioteca acumulada durante toda su vida, le contaba al supuesto comprador que tenía dos hijos, uno periodista y otra doctora, ninguno de los dos quería sus libros.
Lo que hagan con mis libros después de muerto importa poco, lo que me parece insoportable es deshacerse de ellos en vida. Por eso recuerdo siempre el dolor de ese hombre en ese momento.
Moraleja: preserva tus libros pues serán leídos por otros. Solo si tu persona termina siendo objeto de estudio, tiene alguna utilidad futura el subrayado o las anotaciones, sino haz como yo y toma notas en hojas aparte.
No me resisto a copiaros el contenido de una de las páginas (la 109) de mi ejemplar de La genealogía de la moral, subrayada y anotada con la palabra “Superhombre”, dice lo siguiente:
“Alguna vez, sin embargo, en una época más fuerte que este presente corrompido, que duda de sí mismo, tiene que venir a nosotros el hombre redentor, el hombre del gran amor y del gran desprecio, el espíritu creador, al que su fuerza impulsiva aleja una y otra vez de todo apartamiento y todo más allá, cuya soledad es malentendida por el pueblo como si fuera una huida de la realidad--: siendo así que constituye un hundirse, un enterrarse, un profundizar en la realidad, para extraer alguna vez de ella, cuando retorne a la luz, la redención de la misma, su redención de la maldición que el ideal existente hasta ahora ha lanzado sobre ella. Ese hombre del futuro, que nos liberará del ideal existente hasta ahora y asimismo de lo que tuvo que nacer de él, de la gran náusea, de la voluntad de la nada, del nihilismo, ese toque de campana del mediodía y de la gran decisión, que de nuevo libera la voluntad, que devuelve a la tierra su meta y al hombre su esperanza, ese anticristo y antinihilista, ese vencedor de Dios y de la nada --alguna vez tiene que llegar…”
Durante muchos años consideré que Nietzsche no era una buena opción como lectura iniciática en filosofía (pensaba que era mejor opción Bertrand Russell por ejemplo),pero después comprendí que enfrentarse a una lectura compleja pero interesante es como un termómetro vital, indica la capacidad de superación y de estimulo frente al que simplemente suspende la lectura por vagancia mental o cualquier otra excusa.
La genealogía de la moral, que estaba en las antípodas de mis lecturas y de mis pensamientos, pues yo por aquella época era un fervoroso creyente católico, que rezaba cada noche, hablaba mucho con Dios (eran monólogos no diálogos) y le pedía algo cada día, La genealogía de la moral, digo, fue el libro culpable de que me aficionara a la filosofía y abandonase poco a poco mi creencia católica, pues después de el vino Así habló Zaratustra (tarde un año en leerlo y no debí captar mas del 1% de su contenido, creo recordar que una vez Gustavo Bueno dijo que ese libro le constaría entenderlo a un recién licenciado de filosofía) y luego todo lo demás, búsqueda de libros (algo ya de por si fascinante) y lecturas de nuevos autores, Tierno Galván, Puente Ojea, Bertrand Russell, Karl Popper, Mario Bunge, Gustavo Bueno, etc., por citar los mas importantes.
Este es resumido, el contenido de la primera transición de creyente a agnóstico.
Desde 1982 escribo un Diario filosófico, que recoge principalmente los libros que compro, los que leo, las reacciones a esa lecturas, lo que escribo y pensamiento de índole filosófico. Con el tiempo ese Diario me es de gran ayuda para cuando falla la memoria, también para reírse de uno mismo, al leer cosas ridículas escritas en la juventud (pensándolo bien sigo escribiendo cosas ridículas).
Gracias a esa información, puedo ahora saber cuando empecé a escribir filosofía, antes había escrito alguna que otra cosa, relatos cortos en su mayoría, alguna cosa publiqué en un fanzine, el resto fueron autoediciones hechas a fotocopia y repartidas entre los amigos (sin duda un suplicio para ellos). El caso es que el día 28 de marzo de 1985 recoge mi diario “El lunes pasado concebí las bases de lo que tenía que ser un breve escrito titulado: Utilización errónea de los conceptos absolutos: Universo, Infinito, Dios y Nada”. Me cuesta imaginarme un título mas pretencioso y grandilocuente. Luego sigue: “Mas tarde amplié estos pensamientos y he desarrollado lo que sería mi primer Sistema Filosófico definido, hasta ahora solo tengo una dificultad teórica, el concepto tiempo en el momento de hablar de la duración del universo que se contiene a si mismo. Espero resolverlo para poder escribir mi sistema completo”. 27 años después esa “dificultad teórica” sigue presente y peor de irresoluble. Tres años después terminé mi primer artículo filosófico de 22 páginas, titulado Consideraciones filosóficas. Desde entonces he escrito cuando he tenido una necesidad imperiosa, por aquello que contaba en Leer es disfrutar, escribir es sufrir, de que leer era mas satisfactorio y menos esforzado. Un artículo en 1989, 3 en 1990, 1 en 1991, 1 en 1992, 3 en 1993, 1 en 1994, 1 en 1995, 1 en 1997, 1 en 1999, 1 en 2001, 1 en 2002, 2 en 2005, 2 en 2006, 3 en 2009, 6 en 2010, 9 en 2011, aunque disperso en todos estos años esta el esfuerzo para elaborar la dos bibliografías que finalmente publiqué en el blog, de mis dos autores favoritos, Gustavo Bueno y Mario Bunge. Con el blog me obligo a escribir.
Toda esta excursión de palabras viene a cuento de la segunda transición, de agnóstico a ateo, como decía al principio, ojeando los artículos antiguos para publicarlos en el blog, caí en la cuenta de que en el artículo escrito en 2001 (Dios y el mal) todavía me declaraba agnóstico, en el primero de 2009 (Gustavo Bueno y los crucifijos) ya afirmaba mi ateismo. En los 5 artículos que separan uno de otro (8 años) no tengo pistas. Recuerdo aquella época, pero curiosamente no tengo anotaciones en el Diario filosófico sobre la transición, Confieso que si hay un autor que me influyó en esta segunda transición fue Gustavo Bueno, sus libros son lectura imprescindible en español sobre el tema, también el tipo de argumento que expuse en mi artículo Dios y el mal (espero publicarlo) me terminaron de decidir.
La cuestión es que hasta ahora cuando he publicado algún artículo de la época agnóstica he cambiado la autoafirmación de agnóstico por ateo, una forma de “actualizarlo”, sin embargo escribí algún artículo sobre el agnosticismo que lógicamente no puedo “actualizar” de la misma manera y que al releer ahora considero que tiene un mínimo de calidad como para publicarse.
Así que explicando el titulo puedo decir que he sido un fervoroso creyente un fervoroso agnóstico y un fervoroso ateo. Las dos transiciones han sido por culpa de lecturas y reflexiones (conclusión rápida: si no quieres perder la fe, no leas ni pienses). Las dos transiciones se han alargado en el tiempo y han representado un cambio de postura intelectual que podría considerarse una metamorfosis vital, con todo lo que eso conlleva, aceptar que estabas equivocado, que defendías una postura errónea, pero de eso se desprende algo absolutamente positivo, como es el hecho de haber sido capaz desde unas coordenadas determinadas de haber visto la validez de una argumentación hecha desde otras coordenadas distintas y hasta contrapuestas, pudiendo abrazar esta nueva posición como propia. También es muy positivo (o al menos a mi me lo parece) el hecho de que cuando discuto con un creyente o un agnóstico, puedo ponerme en su lugar para comprender su postura, porque yo he sido como el, lo he vivido, conozco el estado mental desde el que me discuten. Por supuesto esto no quiere decir que mi postura sea superior o que ese mero hecho me de la razón, pues también podría darse el caso inverso de un ateo que se convierta al agnosticismo y después abrazara alguna creencia religiosa, el cual estaría en la misma posición que yo, con respecto a comprender al otro.
Yo no descarto volver a cambiar de opinión, solo me tienen que convencer con un buen argumento, si es posible que no incluya la amenaza del castigo.
Mientras tanto la vida pasa y tenemos que seguir atentos a los acontecimientos del mundo, acontecimientos de toda índole, políticos, artísticos, científicos, filosóficos, etc., pues de ellos hemos de seguir extrayendo conclusiones que alimenten o contradigan nuestras posturas, nunca podemos abandonar una posición critica aun dentro de una cosmovisión determinada, seria como un equilibrio entre el “dogmatismo” de defender una “ortodoxia” determinada y la alerta “critica” necesaria para poder cambiar de opinión sobre el tema que sea, cuando se presentan unas argumentaciones sólidas. Todo ello inmerso en un proceso que solo termine con la muerte. Esto no es incompatible con el fervor de defender una posición en un momento determinado.
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