viernes, 28 de junio de 2013

LA VIEJA POLEMICA ENTRE MANUEL SACRISTAN Y GUSTAVO BUENO



















LA VIEJA POLEMICA ENTRE MANUEL SACRISTAN Y GUSTAVO BUENO

Fermín Huerta Martín


“No hay un saber filosófico sustantivo superior a los saberes positivos; los sistemas filosóficos son pseudo-teorías, construcciones al servicio de motivaciones no-teoréticas, insusceptibles de contrastación científica (o sea: indemostrables e irrefutables) y edificados mediante un uso impropio de los esquemas de la inferencia formal.”
M. Sacristán, Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores.


Manuel Sacristán Luzón (Madrid, 1925- Barcelona, 1985), estuvo relacionado con Mario Bunge y con Gustavo Bueno, a Bunge le tradujo La investigación científica, dijo de él en una entrevista que era el mejor de sus traductores.
En 1968 escribió Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores (donde proponía “suprimir la licenciatura en filosofía y eliminar la asignatura de filosofía en la enseñanza media“), el texto dio pie a la respuesta de Gustavo Bueno en su libro El papel de la filosofía en el conjunto del saber. Este era el motivo de que tuviera el libro recopilatorio de Sacristán Papeles de filosofía panfletos y materiales II, comprado en 1999 (el año en que leí El papel de la filosofía en el conjunto del saber), del libro solo había leído ese texto, pero desde luego el índice era lo suficientemente interesante como para leer el libro entero, así que el verano de 2012 decidí leerlo íntegramente y releer dicho fragmento. Esto me ha dado la posibilidad de reflexionar sobre estas críticas que Sacristán realiza y que yo mismo me he hecho en alguna ocasión, me parece un tema interesantísimo y capital. He comentado el tema con motivo de algunas opiniones de Bueno relativas a la cuestión, concretamente en la exposición de la Materia ontológico-general como algo más allá de las ciencias categoriales. Opiniones con las que Bueno intentaba (bajo mi punto de vista) dar la vuelta a la tortilla de lo expuesto por Sacristán  y supeditar el saber positivo al filosófico, llevo muchos años moviéndome entre estas “dos aguas”, entre la ciencia y la filosofía y pienso como Bunge que las aguas van revueltas y no se pueden separar.
La discusión tenía un toque “personal” dado que Sacristán proponía la supresión de la producción de licenciados en filosofía, y Bueno tenía esa condición (por cierto que Sacristán también, habla Bueno de hara-kiri filosófico), así como la de funcionario del Estado (los profesores de filosofía son sin duda el cuerpo más excelso dentro de los funcionarios del Estado). En mi caso no hay intención personal pues yo no soy ni licenciado ni funcionario, en este sentido la argumentación de Sacristán no podría “ofenderme” monetariamente (por lo de funcionario) ni orgullosamente (por lo de licenciado), en la actualidad la ofensa monetaria la proporciona el gobierno con sus recortes “justificados” por la crisis económica. No sé si les queda el orgullo de la licenciatura o este ha sido también mermado por el desprestigio de la función docente en general entre los padres de alumnos, recientemente asistí a un hecho insólito, en un acto de presentación de un Instituto de educación secundaria  (para captar nuevos alumnos) el profesor de filosofía recibió un prolongado aplauso al término de su charla, en la que había aludido a la necesidad de formar alumnos felices, intracranealmente me vino una carcajada al recordar una frase de Bueno de una entrevista donde decía que su época de mayor felicidad coincidió con la de mayor ignorancia, desconozco que hubiera respondido el licenciado-funcionario si le hubiera comunicado tal opinión.
Desde luego a nivel personal Bueno tenía derecho a la réplica que dio en su libro El papel de la filosofía en el conjunto del saber, una obra impresionante, aún recuerdo una crítica de J. L. Abellán en su libro Panorama de la filosofía española actual:
«En el libro de Gustavo Bueno se expone una idea de la filosofía con la que se contesta contundentemente a las argumentaciones de Sacristán, y es de una riqueza de planteamientos y una sugerencia de puntos de vista que hacen el libro altamente interesante y valioso. Es cierto, por otro lado, que el libro resulta con frecuencia farragoso, confuso, innecesariamente oscuro y complicado en su exposición, pero, librado de estos defectos, sigue manteniendo una considerable dosis de interés.»
El libro de Bueno lo tuve que conseguir primero en fotocopias gracias a la Biblioteca Nacional de España, luego lo pude comprar gracias a Internet, y en la actualidad puede conseguirse gratis gracias a la valiosa labor de la Fundación Gustavo Bueno en http://www.fgbueno.es/gbm/gb70pf.htm
Bueno, siendo licenciado-funcionario está lejos de la mediocridad y puede ser comparado con cualquier filósofo o pensador de la historia, en su caso no puede hablarse (visto externamente por un simple aficionado que solo ha tenido trato con Bueno a través de su obra) como cita Sacristán de “institución parasitaria”. Es más, me atrevería a decir, la mera existencia del licenciado-funcionario Gustavo Bueno (de su obra) justificaría la existencia del cuerpo de profesores de filosofía en España, los pasados, los presentes y los futuros, el relevo ya está garantizado con Javier Pérez Jara.
La propuesta de Sacristán plantea crear un Instituto general de filosofía, donde los alumnos fueran licenciados en otras disciplinas. De hecho la propuesta de Bueno de la filosofía como saber de segundo grado, que se nutre de otros saberes, recoge de alguna manera la esencia de esa propuesta, lo que ocurre es que lo hace de forma voluntaria, mientras que la propuesta de Sacristán obligaría a tan actitud, de todas formas, una licenciatura o dos no solucionaría el problema que se desprende de la filosofía de segundo grado, si en el sistema vigente aun en la actualidad, un licenciado en filosofía que siguiese la máxima de Bueno, debería estudiar física, matemáticas, biología, etc., con el sistema de Sacristán ya se conocerían una o varias de esas disciplinas pero no las restantes. Y si resulta que el licenciado en matemáticas solo pudiese hablar de filosofía de las matemáticas terminaríamos en otra aberración similar a la precedente. Y si un licenciado en química puede hacer filosofía de la física ¿Por qué no iba a hacerlo un licenciado en filosofía? (Dice Federico Lange en Historia del materialismo:
“es la filosofía del profesor de física la que se subleva contra la del profesor de metafísica”).
La totalización (sistematización) que implica la filosofía es parcialmente ajena a cualquier ciencia categorial que por definición es sectorial, solo podría ser filósofo el licenciado en todas las ciencias categoriales, algo imposible. Por lo tanto su propuesta no tendría que producir mejores obras de filosofía de lo que se producen en la actualidad, al fin y al cabo los licenciados de las diversas ciencias interesados en la filosofía que quieren escribir sobre el tema lo hacen igual reciban las clases de filosofía al principio o al final de sus estudios.
La importancia de la filosofía esta en otro punto también, de la misma manera que cada persona debe saber si es religiosamente creyente o no (y actúa en consecuencia), el científico que realiza investigaciones debe tener una filosofía que dirija sus actos, leo en El País de fecha 11 de agosto de 2012, una reseña de un libro escrito por el cardiólogo Pim van Lommel, es el típico ejemplo de la importancia de ese saber no sustantivo, un cardiólogo filosóficamente materialista nunca plantearía la opción de investigar una conciencia sin base corporal, aceptaría la magnífica definición proveniente del materialismo filosófico de materialismo como negación de los “vivientes no corpóreos”. Y un periodista filosóficamente materialista tampoco. Intentaría agotar otras vías de investigación, sin embargo la opción elegida está a un paso de la pseudociencia, el espiritualismo, etc. Este matiz da importancia suprema a ese saber no sustantivo llamado filosofía, se estudie antes, durante o después de la licenciatura. Dicho lo cual, debo decir también que en alguna ocasión he criticado a Gustavo Bueno por su pretensión de superioridad de sus propuestas filosóficas con respecto a las ciencias categoriales, sin embargo, criticas aparte, Bueno está en su derecho de hacer tal propuesta, como la tendría cualquier Catedrático de Física o cualquier otra rama que hiciese lo mismo.
Nadie estaría capacitado para hablar de ontología en general ni podría tener un sistema. Aunque a esto también se diga que no es un saber sustantivo, me parece imprescindible para filosofar o practicar ciencia. Como se sabe, la situación que criticara Sacristán hace más de cuarenta años sigue igual aquí en España, pero su valiente apuesta sirvió para que Bueno escribiera el primero de sus libros imprescindibles.
Posteriormente Bueno ha tratado el tema en diversos lugares y con diversos enfoques, pero por su importancia os copio un fragmento de su obra ¿Qué es la filosofía?:
“Ante todo, la que suele llamarse «filosofía espontánea de los científicos» y, por extensión, la filosofía entendida como reflexión, de segundo grado, llevada a cabo «a pie de obra» de las ciencias positivas.  Según esta concepción la filosofía carecerá de sustancia propia; su cometido, si es que le queda alguno, es recoger los resultados arrojados por las ciencias categoriales, esclarecerlos, confrontarlos, a veces incluso coordinar sus principios o resultados. Por otra parte, cabe observar (por no decir denunciar) la creciente voluntad de los científicos (sobre todo físicos o biólogos) por hacerse presentes públicamente ante cuestiones de naturaleza filosófica, ofreciendo sus opiniones como «filosofía formulada desde el punto de vista de un científico». En nuestros días el género literario cultivado por físicos principalmente (aunque también por biólogos) en sus «obras de síntesis» constituye uno de los más notables sucedáneos de la filosofía. Decimos en este sentido que la «visión científica del mundo» propuesta por un científico en cuanto tal, es decir, desde la perspectiva de sus categorías científicas (otra cosa es que el científico se sitúe en la perspectiva del filósofo) es siempre un sucedáneo de la filosofía. Pues al científico, en cuanto tal (en cuanto matemático, en cuanto físico...), no le corresponde formular «visiones del mundo», sino que le corresponde formular «visiones de su propio campo». Y cuando pretende aplicar los conceptos categoriales, por rigurosos que sean en el ámbito de su esfera, a otros contextos, los distorsionará y tergiversará las ideas correspondientes. En este sentido, su perspectiva de científico estorba, más que favorece, su comprensión filosófica, y la hace acrítica, ingenua y, a veces, pueril.  Las «visiones científicas» del mundo suelen no ser otra cosa sino reexposiciones de concepciones arcaicas disimuladas con una vestidura científica o técnica y apoyadas en el prestigio de los científicos. Se comprende esta posibilidad si se tiene en cuenta que un científico no puede menos que distorsionar la realidad cuando pretende ajustarla a sus exclusivos conceptos categoriales; pero cuando utiliza categorías científicas que no son las de su especialidad deja de ser propiamente científico, por lo que no tiene por qué arrogarse esta condición al exponer su «visión científica del mundo».
Ahora bien: que las ciencias categoriales no tengan por sí mismas capacidad para dar lugar a una visión filosófica crítica del mundo —de otro modo: que la excelencia de un científico en su esfera no constituya ninguna garantía para asegurarle un dominio sobre el razonamiento filosófico— no quiere decir tampoco que las ciencias positivas se muevan en un terreno distinto y neutral respecto de cualquier concepción del mundo de índole metafísica, mitológica o teológica, porque, al menos en aquellos puntos en los cuales las referidas concepciones del mundo se comprometen en cuestiones que intersectan con las materias tratadas por las ciencias, la confrontación con éstas es inevitable. Carecen de todo fundamento, salvo el de interés ideológico, las afirmaciones, que hoy vuelven a ser reiteradas una y otra vez, según las cuales la ciencia o la racionalidad científica se mantienen en un plano neutral y paralelo al plano de la fe teológico-religiosa, con el cual, por tanto, y en virtud de ese paralelismo, no podrían nunca converger. Es cierto que la mayor parte de los conflictos históricos habidos entre la religión judeo cristiana y las verdades que las ciencias positivas fueron ofreciendo —el conflicto en torno al geocentrismo, en la época de Copérnico y Galileo; el conflicto sobre la edad de la Tierra en la época de Buffon o de Lyell; el conflicto sobre el origen del hombre en la época de Darwin o Huxley, &c.— fueron resolviéndose «en el terreno diplomático»; pero no porque los conflictos hubieran resultado ser aparentes, ni porque hubieran sido retiradas las conclusiones de la razón científica positiva: las que se replegaron, refugiándose en el alegorismo o en la doctrina de los «géneros literarios», fueron las Iglesias católicas y protestantes, obligadas precisamente por el empuje de la racionalidad científica. ¿Pueden decir con verdad estas Iglesias que el avance de las ciencias no afecta a su fe, considerada en el terreno de su dogmática, o podrán decir sólo con verdad que el avance de la ciencia no afecta, al menos tal como podía esperarse, a su organización social? El conflicto fundamental entre las «religiones superiores» y la «razón» no se libra en todo caso en el campo de batalla de las ciencias positivas, sino en el campo de batalla de la filosofía. Aquí se encuentran los lugares ocupados por el razonamiento filosófico (la existencia de Dios, la inmortalidad del alma humana) donde las Iglesias no pueden ceder, y por ello cabrá afirmar que es en estos lugares en donde los conflictos entre la fe y la razón se producen de un modo irreducible, más que en los lugares en donde se enfrenta una ciencia positiva determinada con un dogma particular.”
Además se puede realizar un experimento mental que ponga a prueba lo que propone Sacristán, mientras que Bueno sería el prototipo de Sacristán de licenciado-funcionario en filosofía a hacer desaparecer, Mario Bunge sería el prototipo a potenciar, un licenciado en física que después tuvo preocupaciones filosóficas, hizo filosofía de la física y después filosofía de casi todo lo demás. Pues bien, a pesar de sus diferentes estudios iniciales ambos han desarrollado sendos sistemas filosóficos materialistas potentes y han escrito sobre ontología en sendos libros imprescindibles (Ensayos materialistas y El moblaje del mundo).
No me parece que ser Catedrático de Filosofía en vez de Catedrático de Física o al revés merme lo más mínimo la importancia de sus obras y sus sistemas. Como siempre, habrá de todo en la viña del Señor, licenciados en filosofía o física interesados solo en ser funcionarios y ganarse la vida y licenciados que intenten fundamentar sus opiniones más o menos sustantivamente.
Sea como sea, la cuestión es que Bueno escribió el primero de sus libros importantes, cuya lectura es muy recomendable, en especial para aquellos que se interesan por la filosofía en general y el materialismo en particular. Recientemente pude participar en un blog donde se criticaba a Gustavo Bueno (he vuelto a consultar la entrada de dicho blog pero desgraciadamente el autor la ha hecho desaparecer, así que me remito a mi pobre memoria), incluso se mencionaban las obras aquí tratadas Sobre el lugar… y El papel …, intentando ningunear el libro de Bueno. En general la situación se puede resumir con las opiniones de otro de los participantes en ese blog (Miguel Blanco) que escribió varios comentarios en la entrada de mi blog La unión de los ateos es posible y deseable, y que aquí os copio:
“En cuanto a G. Bueno, ¿crees que es necesario dedicarle tanta atención a un personaje lleno de ex-abruptos y contradicciones?”
“No dudo de las valiosas aportaciones que Bueno ha hecho al ateísmo o a la filosofía, pero no puedo leer con demasiado interés su obra después de haber leído ciertos artículos suyos o haber escuchado algunas de sus desafortunadas intervenciones”
Mi respuesta fue:
“Si no me he equivocado al contar creo que he escrito 10 artículos dedicados a Gustavo Bueno y su sistema filosófico el materialismo filosófico, 1 neutral (la bibliografía), 1 laudatorio (Apuntes mundanos sobre la bibliografía de Gustavo Bueno) y 8 críticos, todos están en mi blog.
Suelo distinguir dos etapas en la obra de Bueno, las anteriores a El mito de la cultura y las posteriores, en la primera etapa tiene una serie de libros excepcionales y totalmente recomendables para leer como son: El papel de la filosofía en el conjunto del saber, Ensayos materialistas, La metafísica presocrática, El animal divino, Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión, Materia, los 5 tomos de la Teoría del cierre categorial, ¿Qué es la filosofía?, ¿Qué es la ciencia?, El sentido de la vida, algunos de ellos se pueden conseguir gratis por Internet en http://www.fgbueno.es/
Leer estos libros es imprescindible para tener un conocimiento de la obra de Bueno y poder juzgarle, desgraciadamente en su etapa posterior y luego también en entrevistas de periódicos y sobre todo en apariciones en televisión ha adquirido una fama que tu expresas muy bien cuando hablas de “exabruptos y contradicciones“, sin embargo creo que quedarse solo con esto último y en base a ello tomar la decisión de Roberto Augusto y la tuya de no “dedicar más espacio ni tiempo a Bueno”, después de confesar Roberto: “La verdad es que no soy un conocedor del sistema buenista ni deseo serlo”, o tú mismo: “Gustavo Bueno es el máximo representante o impulsor del llamado materialismo filosófico, que no acabo de entender. Esto es razonable, puesto que no soy filósofo y, por tanto, me faltan muchos conocimientos previos”, es un error monumental bajo mi punto de vista.”
Quizás pueda parecer paradójico o contradictorio que alguien como yo que he criticado en varios artículos a Bueno saliese en defensa de su obra. Pero insisto en que perderse la lectura de obras como El papel de la filosofía en el conjunto del saber o Ensayos materialistas, por determinadas opiniones actuales me parece un disparate. Y para animar a su lectura que mejor que leer algunos fragmentos de esta impresionante obra:
“Por un lado, "Filosofía", en cuanto conserva su significado de Sabiduría, una sabiduría que consiste precisamente en no aceptarse en posesión de ningún saber definitivo.” Pág. 11.
“La Filosofía, como oficio, es, en suma, la institucionalización de ese trabajo con Ideas que llamamos "reflexión" —es decir, distanciamiento, reconsideración en "segundo grado"—, no sólo analizándolas, sino también componiéndolas "geométricamente", en la medida en que ello sea posible. La Filosofía académica aspira, sobre todo, a ser una "Geometría de las Ideas", para ofrecer un entramado ideal, que, por sí mismo, es ya una realidad cultural, cualquiera que sea el alcance que pueda tener en el conjunto de las realidades culturales.” Pág. 16.
“Pero "Filosofía" es también, para nosotros, una Idea, la Idea de una actividad mental, que regresa incesantemente, mediante una trituración integral, hacia un límite (que llamaremos después "materialidad trascendental") y que progresa —en virtud de la misma energía que le hacía regresar— hacia la construcción de conexiones de ideas, constantemente devoradas por un nuevo regreso —no hay "Philosophia perennis”.” Pág. 42.
“El límite universal de este componente regresivo de la totalización será la trituración de todas las partes en todos los marcos, es decir, lo que llamaremos la "materialidad trascendental" (M.T.). M.T. es algo así como el "espacio o universo ontológico" que contiene virtualmente todas las formas, a la manera como el espacio geométrico contiene virtualmente todas las figuras. La M.T. aparece así como una idea-límite de la razón y, para usar una terminología kantiana, como el "ideal de la razón". Pág. 104.
Ahora bien, las limitaciones de la razón no significan la destrucción de la razón, como tampoco los límites biológicos de la vida significan la destrucción de la medicina. Las totalizaciones categoriales siempre resultan ser el esquema mismo de toda racionalización. Pero las totalizaciones trascendentales siempre constituirán la crítica racional a las primeras, la indicación de un "ideal de la razón", para remontar las hipótesis, liberándose de ellas, aun cuando sea para tener que recaer en otras hipótesis, pero que contienen a las primeras. Preguntar por qué la M.T. —que no contiene ninguna forma determinada— se determina en unas formas más bien que en otras, es un ejemplo de pregunta capciosa, en tanto que significa un uso disfrazado de la M.T. como concepto metafísico positivo. Pero si la M.T. es un concepto puramente negativo, carece de sentido atribuirle una razón de la determinación. En cualquier caso, la M. T. no es la pura indiferencia, sino el límite de la descomposición, por tanto, la negación cualificada por las estructuras negadas. De este modo, la M.T. cambia según los niveles históricos dados desde los cuales se emprende la regresión absoluta. Pág. 107.
“La Filosofía es una forma de totalización racional crítica universal, no regional.” Pág. 113.
“Un problema filosófico es un hilo de la trama del mundo, en tanto que se quiere eliminar, en el momento en que se le considera como superfluo. Pero sólo en la medida en que este hilo aparece anudado a otros, resulta imposible eliminarlo sin romper el tejido total. La resignación al fatal entramado de las cosas constituye, tanto un reconocimiento de la propia incapacidad de sustitución, como una abolición de la conciencia filosófica. El escepticismo filosófico toma ahora la forma no ya de un escepticismo del saber —"no podemos saber nada"—, sino de un escepticismo del hacer, de un fatalismo —de lo que Hegel llamó la "conciencia desgraciada"—. Pero este escepticismo no es filosófico: el escepticismo filosófico, con palabras de Montaigne —que seguía a Sexto Empírico— no es el de los académicos, que dicen que nada es posible conocer —lo cual ya es saber demasiado—, sino el de los pirrónicos, que enseñan que ni siquiera sabemos si no podremos conocer. Si una estructura, filosóficamente problematizada, puede ser desarrollada por la síntesis recursiva, es porque en ella hay algún componente —llamémosle una "Idea" con palabras platónicas— que la anuda a otras estructuras de la conciencia. Ahora bien: los únicos nudos que enlazan a un hilo determinado del mundo con la conciencia, haciéndolos necesarios, son los nudos lógico-materiales; es decir, aquellos que unen una posición de la conciencia con alguna otra, dada explícitamente en alguna otra situación.” Pág. 152.
“La totalización que atribuimos a la racionalidad filosófica aparece en un contexto pluricategorial, por tanto, trascendental. Se establecería entre categorías diversas y, por tanto, a través de una explícita operación de la conciencia unificante, de la referencia mutua de unas categorías a otras. La contradicción filosófica consistirá en esa conexión de categorías distintas: no brota por la irrupción de una parte distinta de los términos categoriales, sino por virtud de los términos mismos, términos que, por otra parte, siguen siendo internos a la nueva totalización. Por eso, el efecto directo de la contradicción filosófica es el "regressus"; es decir, la destrucción de los todos o partes enfrentados por la contradicción.
Para decirlo de otro modo: las contradicciones filosóficas aparecen cuando la estructura de la conciencia queda comprometida, por cuanto no puede suponerse "a priori" —en una categoría— una razón suficiente, otro hecho o relación dentro de la categoría, sino más bien lo contrario. En este sentido, el problema filosófico exige siempre algo así como una "reforma del entendimiento", o, para decirlo con más precisión, una reforma de las categorías históricamente dadas. En este sentido, la Filosofía procede contra corriente del "sentido común", y supone siempre "el mundo al revés". Pág. 178.
“Si nos atenemos a las hipótesis precedentes, hay que concluir que la filosofía no es científica —en el sentido de que no procede según la racionalidad científica-abstracta—, pero que esto no significa que la Filosofía no sea racional. (Eliminando de nuestro concepto de Filosofía todas aquellas producciones que, aunque se titulan tales, pretenden recurrir a fuentes de conocimiento no racional.) Al declarar no científica a la Filosofía, no se trata de dejar un portillo abierto al irracionalismo en Filosofía. Por el contrario, la perspectiva en la que estoy situado es enteramente la perspectiva del racionalismo filosófico. Tan sólo pretendo colaborar a evitar que el racionalismo filosófico se convierta en un puro mimetismo (vacío) del racionalismo científico.
La Filosofía es razón, y razón crítica: es, pues, la misma razón científica. Pero —diría— es la razón abriéndose camino por terrenos diferentes. La razón filosófica no se mueve por terrenos acotados —esferas abstractas de racionalidad—, sino por terrenos salvajes, o por terrenos en los que se borran los lindes: el enfrentamiento de esferas heterogéneas. Por ello, la razón filosófica conoce a la razón matemática, o a la razón física, no como extraños, sino más bien como ella misma pisando otros terrenos.” Pág. 241.
“La Filosofía académica tiene, entonces, una función eminentemente pedagógica, pero en el sentido más profundo de esta palabra, en el sentido en que la Pedagogía es una parte de la Política. Es imposible una educación general al margen de la disciplina filosófica. La Filosofía, como paideia, es una disciplina crítica, se sitúa precisamente en el momento en que los mecanismos de maduración y equilibrio de la conciencia individual deben comenzar a funcionar, a desprenderse de la "matriz social", que es siempre una matriz mítica.” Pág. 275.
“Desde esta perspectiva la supresión de la Filosofía como especialidad académica (incluyendo en la Academia los propios estudios del Bachillerato superior) abriría un hueco que sólo podría ser rellenado por una mitología dogmática, religiosa o política, o por una acumulación tecnocrática de conocimientos y saberes; es decir, por el adiestramiento del individuo en los valores de una sociedad de consumo, por la orientación del individuo hacia el nivel del "consumidor satisfecho". La supresión de la disciplina filosófica en la Academia es un acto de barbarie.”
“La conciencia que la Filosofía trata de edificar es el juicio preparado para que los individuos convivan en el conflicto social.” Pág. 276.
“No construimos conexiones "geométricas" entre ideas filosóficas para que reflejen un saber absoluto que no existe, sino para reflejar nuestro propio saber en cada momento histórico, para conocer en cada momento la estructura de nuestra conciencia objetiva, que es una estructura cambiante.”
“Filosofar no es tanto mirar al pasado, con nostalgia; ni mirar al futuro, con la esperanza de que sustituye utópicamente la realidad actual. Filosofar es estar en el presente lógico, en cuanto unidad contradictoria del pasado y del futuro”. Pág. 310.
En la carpeta donde guardo una copia en papel de la Bibliografía de Gustavo Bueno (sin actualizar desde 2007) copie una frase de Felicísimo Valbuena de la Fuente dicha en un artículo de La Nueva España de fecha 11 de enero de 2001 que dice:
 “Para quienes no se acomplejan, porque les gusta descubrir relaciones nuevas en la realidad, interpretaciones que antes no ha encontrado en otra parte, los libros de Bueno son una aventura. En cualquier página puede saltar la sorpresa. Incluso, cuando acaban la primera lectura, sienten curiosidad por aprender los aspectos que les han superado.”
Si después de leer los fragmentos de su obra no os entran ganas de leer el libro entero os perderéis una gran aventura filosófica.


jueves, 30 de mayo de 2013

LEYENDO HISTORIA DEL MATERIALISMO




















LEYENDO HISTORIA DEL MATERIALISMO

Fermín Huerta Martín



“No se trata de defender en este Ensayo al materialismo como una filosofía que reivindica democráticamente el derecho a que le sea reconocida, por lo menos, su capacidad para figurar como uno más entre los restantes sistemas filosóficos —la reivindicación tomaría su justificación a partir del veredicto de quienes, apoyándose en una tradición milenaria, declaran incompatible el materialismo con la filosofía. La tesis de este ensayo es mucho más radical: el materialismo no es una doctrina filosófica más o menos respetable y defendible entre otras. El materialismo estaría tan característicamente vinculado a la conciencia filosófica que toda filosofía verdadera ha de ser entendida como materialista, incluyendo, por tanto, aquellas construcciones filosóficas que pueden ser consideradas como no materialistas, y que habrán de aparecérsenos como necesitadas de una enérgica, aunque rigurosa y probada, reinterpretación.”
Gustavo Bueno, Ensayos materialistas.


Si hiciésemos caso de esta frase de Bueno, el libro que nos ocupa: Historia del materialismo debería haberse titulado Historia de la filosofía y debería haber incluido los sistemas idealistas “enérgicamente reinterpretados”. Da la casualidad que el libro lo he podido leer gracias al Proyecto Filosofía en español en el que pueden encontrarse otros textos relacionados con el materialismo como  Fuerza y materia de Luis Büchner, La materia y sus formas principales de existencia, Capítulo III de Fundamentos de filosofía marxista-leninista, Materialismo dialéctico de F. Konstantinov &c, muchos textos de Gustavo Bueno, o el libro El materialismo de Spinoza, todos ellos pueden leerse o descargarse gratis. Todo esto es fruto de los esfuerzos del entorno del maestro Gustavo Bueno, es esta una labor impagable, la de escanear libros como estos, difíciles de conseguir para ponerlos al alcance de todo el mundo (aunque ese “todo el mundo” se reduciría si se tiene en cuenta las siguientes limitaciones, saber leer, disponer de ordenador y conexión a Internet y lo más difícil, tener intereses filosóficos). En esto radica una de sus virtudes, poder leer el libro gratis, lo cual no es una cosa menor hoy en día. Por supuesto el libro tiene interés por sí mismo, son dos volúmenes y un total de más de 1100 páginas que naturalmente hacen un repaso a lo que el titulo expresa además de entrar en numeras cuestiones de la “actualidad” de cuando fue escrito, para mí (simple aficionado) ha sido una guía para futuras lecturas y un atajo que anticipa el contenido de esas lecturas. En cualquier caso muestra la riqueza del materialismo a través de la historia y los cambios que ha  sufrido hasta el momento en que se escribió el texto. También los problemas que el autor encuentra en su presente, dice por ejemplo:
“Sin duda el materialismo recibe golpes que no puede parar; siempre cae herido de la misma estocada por visible que sea la torpeza de su adversario, pues la conciencia no es posible explicarla por movimientos materiales, y, a pesar de la fuerza lógica con que se demuestra su absoluta dependencia de los fenómenos materiales, la relación del movimiento exterior con la sensación no es menos inaccesible, llegando a ser tanto más flagrante la contradicción cuanta más luz se proyecta en dicha relación.”
Esto lo dice en uno de los capítulos más interesantes titulado Kant y el materialismo.
Dice en otro lugar:
“La ciencia no debe desesperar de explicar, por medio de esta arma poderosa, los actos más complejos y los movimientos más importantes de la vida humana, recurriendo a la ley de la conservación de la energía y relacionando esos actos y movimientos con las fuerzas de tensión transformadas en el cerebro bajo la influencia de las excitaciones nerviosas, pero le estará eternamente vedado echar un puente entre el sonido más elemental, en tanto que es sensación de un sujeto (mi sensación) y los procesos de descomposición del cerebro que la ciencia está obligada a admitir para explicar esta misma sensación del sonido como un hecho del mundo material”, aquí me vuelven a resonar las palabra más actuales de Bueno cuando dice: “Los pasos reductivos no son transitivos (aunque se comprenda la reducción gradual de la estructura de un organismo a sus partes anatómicas, la de estas partes a sus tejidos, éstos a sus células, y éstas a las moléculas y, a su vez, a los átomos y estructuras subatómicas, el retorno desde las estructuras subatómicas a la estructura orgánica seguirá presentándose como inviable, y habrá que decir que la vía de retorno está cortada).”
Federico Alberto Lange 1828-1875, filósofo alemán, escribió el libro en 1866, una primera edición y en 1873-1875 la segunda edición un tomo en cada año.
Una cosa curiosa de la obra es la ubicación de las coordenadas desde las que Lange realiza su exposición, los dos textos que inician el libro coinciden en colocar al autor en el bando idealista, sin embargo puede leerse en la  enciclopedia symploké:
“La influencia de Lange no se reduce a ser pionero en la historia del materialismo desde posiciones materialistas (mantuvo contactos epistolares con Marx y Engels), sino que, respecto del comportamiento humano, divulgó la idea de psicología científica, al acuñar el concepto de «psicología sin alma», con el que proponía reemplazar el método especulativo por uno «somático».”
“La incapacidad o torpeza en la interpretación de la obra de Lange, o la simple manipulación ideológica interesada, ha llevado a los autores idealistas a confundir arteramente la memoria de Federico Alberto Lange. Así, la Enciclopedia Británica (undécima edición, 1910-1911) dice que «según Lange, pensar claramente sobre el materialismo es refutarlo», cuando lo que Lange sostiene es que el propio avance de la ciencia y de la filosofía materialista es el que obliga a arrinconar y superar posiciones materialistas que van quedando anticuadas y desconectadas del conocimiento cada vez más profundo que se va teniendo de la realidad.”
La verdad es que en mi caso y tras una primera lectura de la obra, parece como si el autor hubiera querido conscientemente alentar esa confusión, por lo menos así he terminado yo, confuso en este tema.
Otra curiosidad de la obra es la utilización de la expresión “materialismo filosófico” que como se sabe es el nombre que Bueno eligió para su sistema filosófico, por la fecha de redacción de Historia del materialismo es quizás la obra más antigua que he leído donde aparece ese concepto, otros autores que lo han usado son por ejemplo Lenin en Materialismo y empiriocriticismo (1908) o Mario Bunge en diversos lugares, llegando a recogerlo en su Diccionario de filosofía. Después de escrito este artículo encontré un texto de Alberto Hidalgo titulado Materialismo Filosófico donde dice: “El término fue utilizado por primera vez en 1647 por Robert Boyle en The Excellence and Grounds of the Mechanical Philosophy”.
Otra cosa que me ha resultado muy curiosa es las repetidas menciones al “gran todo”, dice por ejemplo:
“El verdadero materialismo se verá siempre impulsado a dirigir sus miradas al gran todo de la naturaleza exterior y a considerar al hombre como una ola en el Océano del movimiento eterno de la materia; la naturaleza del hombre no es para el materialista más que un caso especial de la fisiología general, como el pensamiento no es más que un accidente especial en la cadena de los procesos de la vida física”.
En esto sí que se aleja de Gustavo Bueno para quien un todo no puede ser infinito, así dice en su Diccionario filosófico: “En efecto, un todo es una multiplicidad limitada, delimitada entre otras multiplicidades que la envuelven o (para decirlo en lenguaje gestáltico) que constituyen su fondo y con las cuales se combina, manteniendo su unidad. Pero el universo no es una totalidad originaria, puesto que él no está «rodeado por ningún otro cuerpo», no tiene límites (aunque fuese finito, en la hipótesis einsteiniana) y, por consiguiente, no puede desempeñar el papel que una totalidad limitada tiene respecto de sus propias partes. La idea del universo como «totalidad única de todas las totalidades» se explica, mejor que como idea primitiva (a partir de la cual pudieran con-formarse, como totalidades fenoménicas, sus partes) como una idea derivada, como el límite dialéctico (y vacío) de un proceso de reiteración de las relaciones holóticas (consideradas en el postulado tercero).”
Aunque son muchas más las cuestiones que se podrían comentar. Voy a terminar con un par de reflexiones, dice Lange:
“Si el Estado se decide al fin, como es su natural deber, a introducir la enseñanza de las ciencias físicas en todas las escuelas primarias, se habrá obtenido un notable y fecundo progreso. El abismo que separa las ideas de la masa de las de los sabios se restringirá, aumentará la independencia de cada ciudadano y la posibilidad de resistir a las imposturas y supersticiones de toda especie, y las relaciones de esta enseñanza con la religión vendrán a ser, necesaria é insensiblemente, tales como las que existen ya entre dichos sabios, sin dar lugar a conflicto alguno de opiniones. Mientras con más imparcialidad se distribuya dicha enseñanza, sin el menor pensamiento de polémica, en nombre de los hechos, más fácil será la conciliación entre las ideas antiguas y las nuevas. Pero una Iglesia, o cualquiera comunidad religiosa, no puede de ningún modo tratar las cuestiones con tanta calma e imparcialidad; dará a las tesis sometidas a la enseñanza una consagración y una importancia que no necesitan y, mientras más se atenga a los detalles, más desnaturalizará el espíritu del conjunto.”
Más de un siglo después de dichas estas palabras el “notable y fecundo progreso” no parece haber alcanzado a una mayoría de la población que ha pasado por esas escuelas primarias. Pues bien la “enseñanza de las ciencias físicas en todas las escuelas primarias” no ha permitido a una mayoría la “independencia de cada ciudadano y la posibilidad de resistir a las imposturas y supersticiones de toda especie” y eso sin necesidad de incluir a las religiones dentro de las supersticiones. Quizás falta mucho por hacer o quizás nunca se erradicara del todo.
La otra cuestión es la del tema cerebro-mente, Lange expone la dificultad del asunto en su época (como se puede leer en la primera cita del libro que he copiado), la pregunta sería, en el tiempo transcurrido desde que se escribió el libro ¿se puede decir que el avance de la investigación científica ha resuelto el dilema?, naturalmente desde una posición materialista la respuesta más probable es que si, por lo menos es mi caso.

“Una «cosa» nos es conocida por sus propiedades, y un sujeto es determinado por sus atributos; ahora bien, la «cosa» no es en realidad más que el punto de reposo deseado por nuestro pensamiento; no conocemos más que las propiedades y su reunión en un desconocido, cuya hipótesis es una ficción de nuestro espíritu, si bien a lo que parece es una ficción necesaria é imperiosa exigida por nuestra organización.”
Federico Alberto Lange


lunes, 29 de abril de 2013

EL PROBLEMA MÁS IMPORTANTE DEL MATERIALISMO




















EL PROBLEMA MÁS IMPORTANTE DEL MATERIALISMO

Fermín Huerta Martín

Sólo es posible escapar totalmente a la tradición a riesgo de cometer injusticias y caer en la ignorancia: en lugar de descartar por completo nuestro legado filosófico, debemos enriquecerlo.
Mario Bunge

Con fecha de edición octubre de 2012 se publicó en español el cuarto tomo del Tratado de filosofía de Mario Bunge (originalmente publicado en inglés en 1979), el segundo de los tomos dedicados a la ontología que lleva por título Un mundo de sistemas, con este, Gedisa editorial ha publicado ya la mitad de los tomos previstos de los 8 que componen la obra completa de Bunge.
El libro contiene los siguientes apartados: Los sistemas, Quimismo, La vida, La mente, La sociedad, Una cosmovisión sistémica y 2 apéndices.
De entre los temas tratados en estas 400 páginas me gustaría resaltar uno por su importancia para la filosofía en general y para el materialismo en especial. Aquí denominado problema mente-cuerpo o problema mente-cerebro.
El tema lo volvería a tratar en otras ocasiones en libros como El problema mente-cerebro, Filosofía de la psicología o Fundamentos de Biofilosofía. Sin embargo aquí realiza una aproximación al tema (que ya había tratado con anterioridad en algún artículo), que voy a sintetizaros con una selección de frases de la obra aquí tratada, teniendo en cuenta la advertencia que realiza el propio Bunge:
“Nuestra adhesión al materialismo emergentista (o sistemista) no implica la afirmación de que éste ha resuelto el problema mente-cuerpo. Lo ha hecho y no lo hará, ya que el materialismo emergentista constituye una filosofía  que únicamente proporciona un andamio, o marco general, para la investigación científica detallada de los numerosos problemas que agrupamos bajo el título de “problema mente-cuerpo”. Les corresponde a los neurocientíficos y a los psicólogos abordar estos problemas; como científicos, no como filósofos aficionados ni, con mayor razón, como teólogos.”
“Lejos de ser un problema exclusivamente científico, se trata de un problema que también es filosófico.”
“Toda discusión acerca de si existe o no una sustancia mental, o de si los estados mentales son o no son estados cerebrales, exige una dilucidación previa de los conceptos generales de sustancia y estado, trabajo que la mayoría de los filósofos no se preocupa por realizar.”
“Se trata del materialismo emergentista, la doctrina según la cual (a)  todos los estados, sucesos y procesos mentales son estados de, o sucesos y procesos que acaecen en, el cerebro de los vertebrados; (b) esos estados, sucesos y procesos son emergentes relativamente a aquellos de los componentes celulares del cerebro y (c) las llamadas relaciones psicofísicas (o psicosomáticas) son interacciones entre diferentes subsistemas del cerebro o entre aquéllos y otros componentes del organismo. Esta clase de materialismo es monista con respecto a la sustancia y pluralista con respecto a las propiedades.”
“Los sistemas neuronales son entidades ontológicamente irreducibles”
“Todo sistema neural plástico se llama psicón.”
“Es posible interpretar los estados y sucesos mentales como estados y sucesos de sistemas neurales y, por ende, tratarlos de forma matemática.”
“Las funciones (lo procesos) mentales cesan con la muerte de los correspondientes sistemas neurales.”
“Las funciones (procesos) mentales no pueden transferirse directamente (es decir, sin la intervención de un canal físico) de un cerebro a otro.”
“Hay una única mente siempre que haya un único supersistema plástico. Pero si se corta este último en dos, surgen dos sistemas plásticos, cada uno con su propia mente o sistema de funciones mentales”
“Es posible controlar lo mental precisamente porque no es inmaterial”
“No hay, ni puede haber, pruebas de la acción de una mente inmaterial sobre el cuerpo, porque la ciencia no tiene acceso a lo fantasmal. Epicuro lo supo hace veintidós siglos.”
“Los sucesos mentales acontecen en el cerebro. Sin embargo, la mente, concebida como el conjunto de todos los sucesos mentales, no está en ningún lugar.”
“Los procesos mentales están localizados allí donde se localice el correspondiente psicón.”
“¿Y qué sucede con las ideas? ¿También  están en el espaciotiempo? La respuesta a esta pregunta ambigua depende de cómo se interprete “idea”. Si entendemos que las ideas son procesos de ideación, entonces las ideas están en el cerebro que las piensa, sólo ahí y durante el tiempo en son pensadas. En cambio, el llamado producto de uno cualquiera de esos procesos, vale decir, la idea en sí, no está en ningún lugar del espaciotiempo, porque no existe de forma independiente: sólo simulamos que es así. Por ejemplo, si bien pensar el número 3 es un proceso cerebral y, por consiguiente, un proceso localizado en el espaciotiempo, el número 3 no está en ningún lugar, porque se trata de una ficción que existe por convención o decreto, y esta simulación no incluye la propiedad de espaciotemporalidad. Lo que vale para el número 3 vale también para todas las demás ideas: concepto, proposición o teoría. En todos los casos abstraemos las propiedades neurofisiológicas del proceso concreto de ideación y obtenemos un constructo que, por convención, sólo posee propiedades conceptuales o ideales.
Para resumir: mientras que lo mental tiene lugar en una cabeza, las ideas en sí, puesto que no tienen ser independiente, no están en ningún lugar.”
“Los fenómenos mentales, son experiencialmente inmediatos, pero no son ni ontológica ni científicamente primarios: se trata de algo que debe ser explicado.”
“Suponemos que los pensamientos de toda clase son actividades de un sistema neural plástico”
“Pensar una proposición es (idéntico a) la activación secuencial de los psicones cuyas actividades son los conceptos que aparecen en la proposición en un orden determinado.”
“No puede haber dos pensamientos idénticos”
“Hay que distinguir el proceso creativo de sus materializaciones públicas”
“¿Qué sucede con una pieza musical durante el intervalo entre sus interpretaciones o entre las sesiones de audición, o después de que todo el mundo la ha olvidado? No existe. Si el recuerdo de la pieza ha desaparecido de todos los cerebros y todas sus partituras y grabaciones han sido destruidas, esa música ya no existe y no tiene posibilidades de resurrección, salvo por la improbable posibilidad de que sea reinventada.”
“La cultura no vive en los artefactos culturales, tales como los libros, ni en un fantasmal mundo inmaterial y autónomo: vive en los cerebros de quienes se preocupan por ella, de quienes la cultivan.”
“Las ideas, por tanto, no existen en sí mismas, como no existen los placeres ni los dolores, los recuerdos ni las intuiciones en sí. En todos los casos se trata de procesos cerebrales. Sin embargo, nada nos impide simular que existen ideas, que están “ahí” a disposición de quien las quiera tomar, que es lo que hacemos cuando decimos que alguien “descubrió” tal o cual idea. Simulamos que existen infinitos enteros, aun cuando sólo podemos pensar en un número finito de ellos”
“Mientras que la percatación sólo requiere de un sistema sensorial, la conciencia también requiere inteligencia, es decir, la capacidad de pensar y, además, de pensar en sucesos cerebrales”
“Un suceso consciente es una actividad cerebral que consiste en la monitorización (registro, análisis, control o seguimiento) de otra actividad cerebral”
“El sistema de monitorización guiará el establecimiento del psicón.”
“La conciencia no es una entidad sino un conjunto de estados de un SNC muy evolucionado.”
“La voluntad no es una entidad, sino una actividad neural”
“Todos los animales que poseen facultades mentales tienen derecho a ser llamados “personas””
“Los pacientes con el cerebro dividido tienen dos mentes, también tienen doble personalidad”
“Si un individuo adquiriese un cerebro nuevo mediante un trasplante, desaparecería tanto la personalidad del donante como la del receptor y surgiría una nueva personalidad.”
“El yo no es una entidad, sino un estado de una entidad, a saber, de un cerebro avanzado.”
Existe otra manera de abordar el problema desde un punto de vista también materialista pero radicalmente diferente del expuesto, se trata de la propuesta del materialismo filosófico. Para el materialismo filosófico existen 3 géneros de materialidad, M1 (entidades, dadas en el espacio y en el tiempo) M2 (Acoge a todos los procesos reales, dados antes en una dimensión temporal que espacial, dados en el mundo como «interioridad»: las vivencias de la experiencia interna en su dimensión, precisamente interna) y M3 (Denotamos con esta expresión a objetos abstractos (no exteriores, pero tampoco interiores)). Voy a copiaros también una serie de frases de Gustavo Bueno para conocer esta propuesta:

“El Mundo, en cuanto constituido por la symploké de los tres géneros de materialidad (M1, M2, M3) —symploké que nos remite a la Materia, en general (M), como espacio de la Ontología general.”
“1. Llamamos "Materialismo ontológico-especial" —o, para abreviar, "materialismo cósmico" (en cuanto contradistinto del "materialismo ontológico general" —o, para abreviar, "materialismo ontológico")— a la doctrina que defiende que el "Mundo" es ontológicamente tridimensional, es decir, a la doctrina que sostiene que los contenidos del "Mundo" son de tres clases diferentes (inconmensurables), a saber: los tres géneros de materialidad.”
“Por lo demás, el dolor de apendicitis es tan material como el propio intestino”
“¿qué motivos podría haber para llamar espiritual al conjunto de los números primos? Este conjunto es tan material como pueda serlo un montón de grava.”
“Cada uno de los tres Géneros de Materialidad puede ser considerado como una materia tal que, por respecto a la idea general de materia, asume la función de determinante formal, "causa formalis", al menos en el "ordo cognoscendi". Esto permite reexponer la idea general de Materia como material por respecto a los géneros de materialidad, en servicio de formas. La Materia ontológico-general aparece ahora como determinable absolutamente, y a la vez como aquello que absolutamente es "neque quale, neque quantum". Es decir, aparece como materia prima, si bien en un sentido ontológico, y no físico, como ocurría en Aristóteles. M juega el papel de Materia prima con respecto a M1 M2 y M3, que pasan a desempeñar el papel de formas universales.”
“En resolución, el "estatuto ontológico" de los colores quedaría, por tanto, bien determinado, al declararlos como entidades que existen, precisamente, en la intersección de los dos primeros géneros de materialidad.”
“No son tres mundos, sino un solo mundo, con tres dimensiones (atributos, ni siquiera "ingredientes") genéricas.”
“El tercer mundo no es producido, porque no es ningún ente o sustancia, no es ninguna cosa u objeto asimilable a los del primer mundo o segundo.”
“Contemplados desde M, los tres géneros de materialidad constitutivos del mundo no tienen por qué aparecer como «mundos megáricos» aunque yuxtapuestos, sino como «dimensiones ontológicas» de un único mundo empírico que se implican mutuamente y, en particular, con el «elemento animal» –segundogenérico– de este mundo (mucho más que de un «principio antrópico» hablaríamos de un «principio zootrópico»). Tendría incluso algún sentido ver a los contenidos del mundo como «refracciones» de los contenidos de M, con lo que contribuiríamos al menos a debilitar la tendencia a subsumir los contenidos terciogenéricos en el segundo género, como si fueran un subproducto suyo. En efecto, cuando consideramos los tres géneros desde la perspectiva de los sujetos operatorios (que convergen en un punto E, que no es trascendental en virtud de ciertas funciones a priori de su entendimiento, sino en virtud del propio ejercicio, in medias res, de los sujetos operatorios) los contenidos terciogenéricos tenderán a ser puestos bajo el severo control de M2, por cuanto éste aparece en su génesis. Pero cuando los consideramos desde la perspectiva de M, estos «canales genéticos» pueden desvirtuarse, de suerte que M3 pueda pasar a verse como una «refracción» de «algo de M» en cuanto a su estructura, independientemente de su génesis.”
“Al reducir los géneros ontológicos al género M1 recaemos en formalismo porque utilizamos esquemas construidos en M1, para explicar y comprender contenidos de M2 y M3 que les son ajenos (que son irreductibles)”.
No puedo ahora profundizar en el interesante tema de comparar estos dos sistemas materialistas, ni siquiera en un tema puntual como este, el presente artículo tiene unas pretensiones de divulgación menos profundas, aun así quisiera hacer un breve comentario sobre esto, una de las diferencias entre Bueno y Bunge es la relación que mantienen sus respectivos sistemas filosóficos con la ciencia, mientras que Bunge llega a decir en el primer volumen de su Tratado de filosofía: “La filosofía expuesta en el Tratado es sistemática y, en alguna medida, también exacta y científica”, en el tercer tomo habla de metafísica científica, de reglas del filosofar axiomático y científico o de ontología científica.
Gustavo Bueno, por el contrario,  llega a decir que “las ciencias positivas no pueden pisar de ningún modo el  terreno de la Materia ontológico-general”. Si M2 es una refracción de M (Materia  ontológico-general) y M está más allá de la capacidad de conocimiento de las ciencias categoriales, el problema mente-cerebro no tendría solución científica, solo filosófica, pues solo la filosofía puede “tratar” con M. Así el problema se podría resolver filosóficamente, pero no científicamente, pues la “estructura” de M2 es una refracción de M, las ciencias categoriales nunca podrían comprender esa estructura inaccesible a sus capacidades. Como respuesta materialista a la propuesta idealista del alma, el resultado final es el mismo, el alma, el espíritu no existe, se niega la existencia de los vivientes no corpóreos, pero se cambia el protagonista de la película, para Bunge es la ciencia, para Bueno la filosofía.
 Por el contrario, algunas de las propuestas de Bunge si están en vías de confirmación por parte de la ciencia, o al menos así interpreto yo algunas de las cosas que se dicen en el artículo El archivo de la memoria de R. Quian, I. Fried y C. Koch publicado en el número 439 de la revista Investigación y Ciencia, en relación a la propuesta de Bunge expuesta en este tomo del Tratado relativa al psicón, en el artículo de Investigación y Ciencia se llega a hablar de “células concepto” y dicen: “la cantidad de células que representan un concepto puede resultar aproximado a las 18.000 neuronas por concepto”
Esta diferencia tan radical de planteamientos desde posiciones materialistas (el materialismo filosófico de Gustavo Bueno y el materialismo emergentista de Mario Bunge) es una muestra de la riqueza del materialismo. Creo que es conveniente decir que considero la postura del materialismo filosófico en este tema como factible, de ninguna manera la podría considerar imposible o falsa, ahora bien, me decanto por la posición de Bunge, por su planteamiento, por sus argumentaciones.
Para mí el problema mente-cerebro es el más importante de los que se enfrenta el materialismo, por el problema en sí mismo y por sus connotaciones con la religión a través de la hipótesis del alma.
Si desde el materialismo (de la especie que sea) no se tuviese una respuesta al  problema mente-cerebro, la misma posibilidad de existencia del materialismo desaparecería, derrotado por la hipótesis idealista del alma. Basten estas pinceladas de Bueno y Bunge para comprender que el materialismo tiene un mínimo de dos posibles respuestas a la cuestión.
Dice Federico Alberto Lange en su Historia del Materialismo:
“Sin embargo, queremos un materialismo lógico: ¡qué el alma sea el cerebro!”
Para terminar os copio los errores que he encontrado en la edición de Un mundo de sistemas:
Pág. 25, dice “parecen ser tener”, sobra el “ser”.
Pág. 25, se cita Bertalanffy 1950 y 1958, pero en la Bibliografía esta 1950 y 1968.
Pág. 40, se cita Bunge 1959c y no está en la Bibliografía.
Pág. 43, el punto (i) termina con “:” y debería terminar con “;”.
Pág. 51, el segundo “cuantitativo” debe ser “cualitativo”.
Pág. 70, se repite la numeración de la Definición 1.19, estaba ya en la página 67.
Pág. 85, dice: “semigrupo libre generado por conjunto A”, falta “el” detrás de “por”.
Pág. 126, se repite la numeración de la Definición 3.4.
Pág. 152, se cita Dobzhansky 1974, pero en la Bibliografía solo aparece 1970.
Pág. 156, la formula etiquetada (3.7) tiene un par de corchetes finales sin los corchetes iniciales y que no aparecen en la edición en inglés.
Pág. 204, dice “porque está por detectores”, falta “compuesto” después de “está”.
Pág. 207, en la figura 4.5 pone P2 P1 P2 y debería poner P1 P2 P3 y pone S2 S1 S2 y debería poner S1 S2 S3.
Pág. 238, se repite la numeración de la Definición 4.52, que ya se había usado en la pág. 237, después se salta la numeración y se pasa en la pág. 239 a la Definición 4.54.
Pág. 324, dice: “De eso precisamente se tratan”, sobra el “se”.
Pág. 338, dice: “tenemos una cada dinámica”, “cada” debería ser “caja”.
Pág. 396, en el Índice de materias pone: “problema mente-cerebro 245”, pero en la página 245 pone “problema mente-cuerpo”. En la pág. 173 si se haba de problema mente-cerebro.
Pág. 383, en la Bibliografía la entrada de Oró no tiene fecha. Es 1974 según la edición en inglés.


sábado, 30 de marzo de 2013

ALGUNAS REFLEXIONES A RAÍZ DE "FILOSOFÍA PARA MÉDICOS"




















Algunas reflexiones a raíz de “Filosofía para médicos”

Luis Carlos Silva Ayçaguer


La lectura del libro “Filosofía para médicos” debido a la pluma del afamado epistemólogo argentino Mario Bunge me produjo opiniones encontradas. Por el amplio diapasón de temas que aborda y la naturaleza polémica de muchos de ellos, se trata de un material de mucho interés para el personal sanitario. Y en varios sentidos irradia luz y ofrece esclarecimientos importantes, derriba mitos –especialmente en relación con la pseudociencia- y recuerda no pocas verdades que todo profesional de la salud, los médicos en particular, harían bien en conocer. Bunge despliega un lenguaje elegante, sin rebuscamientos, que ameniza la lectura. Y a la vez vuelca en él su enorme erudición, tanto a través de ejemplos precisos y oportunos, como mediante un considerable caudal de informaciones históricas y precisiones filosóficas y metodológicas de valor inestimable.

Lamentablemente, sin embargo, contiene a mi juicio mensajes que me resultaron confusos, se resiente de algunos prejuicios e incurre en algunos errores. Por su importancia, he escrito un artículo que acaba de ser aprobado para su publicación en la Revista argentina “SALUD COLECTIVA” y verá la luz en uno de sus próximos números. Allí, el visitante de este blog podrá conocer con rigor mis opiniones y la fundamentación que ellas exigen. Aquí solo haré un apretado resumen de los problemas fundamentales.

No me referiré ahora a lo que he llamado “errores” pues, si bien tienen cierta importancia, en realidad son puntuales y no son los que más me preocupan.

Me han desconcertado algunas descalificaciones superficiales que Bunge realiza. Su estilo suele ser extremadamente tajante, definitivo. Raramente –quizás nunca- usa giros tales como “a mi juicio”, “desde mi punto de vista”, “estimo que”. Es su estilo. A veces se echa en falta la alusión a opiniones discrepantes con sus puntos de vista que pudieran o debieran ser tenidas en cuenta. Pero lo justo, por lo general, es que al examinar un texto, nos remitamos solo a lo que se dice, sin recriminar al autor lo que omite.

Lo que no me parece adecuado es que, amparado en ese estilo, enarbole descalificaciones globales que, de un plumazo, trivializan la obra de importantísimos e influyentes pensadores en el campo de la filosofía o el pensamiento médico. Por ejemplo, a juicio de Bunge, “el médico filosofa todo el día” mientras que ni Friedrich Nietzsche ni Martin Heidegger llegaron a ser filósofos, sino meros “escritores parafilosóficos” quienes “al despotricar contra la racionalidad y la moralidad”, solo hicieron un aporte: su contribución al nazismo. Lo menos que puede decirse es que esta lapidaria sentencia no es seria, que transmite una imagen caricatural y parcializada sobre estos dos importantísimos intelectuales, más allá de las reticencias que despierten en el plano político.

Otro ejemplo, se relaciona con Freud. Si bien la afirmación acerca de que los mitos de Freud han sido barridos es en gran medida correcta, a pesar de que sus doctrinas aún se estudian en muchas facultades y escuelas de psicología (aunque con frecuencia solo para criticarlos), y de que en medida no despreciable sobrevivan, al menos en los reductos “lacanianos”. Pero lo fallido reside en que no cabe atribuir ese mérito a los psicofármacos, como afirma Bunge, sino a una reflexión sistematizada desde una perspectiva científica. Ningún “vendaval psicofarmacológico” ha barrido, por ejemplo, a la orientación cognitivo-conductual de la psicoterapia, hoy dominante. El problema es que estamos ante una manifestación de deslumbramiento implícito por los psicofármacos, algunas de cuyas expresiones han sido duramente cuestionadas a la vez que millones de personas han resultado embaucadas por las argucias derivadas de la codicia de sus promotores.

En realidad la seducción acrítica por los medicamentos va más allá que esta pincelada sobre los psicofármacos. “Hay dos farmacopeas: la eficaz para ricos, y la ilusoria para pobres”, resume Bunge. Es correcta la idea que quiere transmitir el autor, pues apunta a una verdad bien sedimentada: la investigación farmacológica se centra en los fármacos que tienen un mercado poderoso y desdeña las dolencias propias de los países subdesarrollados, cuyos habitantes no pueden pagar fármacos caros. Pero también se alinea con una convicción extendida pero errónea, ya que da por sentado que los fármacos que compran “los ricos” son eficaces. La refutación de esta falacia no resulta difícil; basta profundizar un poco en la vasta documentación al respecto.

Resulta asimismo asombrosa la descalificación a cargo de Bunge a Ivan Illich. “Sus escritos son malos para la salud individual y para la salud pública”, afirma. Considero que el libro Némesis Médica debido a este autor austriaco, es un verdadero clásico, qué desempeñó un papel esencial en el momento histórico en que vio la luz. Conmovió los cimientos de la hegemonía y la prepotencia (muchas veces irresponsable) de la clase médica, y lo hizo por medio de una brillante exposición de ideas que nadie se había atrevido a desarrollar con tal claridad. No es admisible que se borre con un par de oraciones a uno de los analistas más originales de los problemas asociados a la práctica médica en la segunda mitad de la última centuria. Bunge reacciona airadamente contra Illich por haber “acusado a la medicina de «promover enfermedades»”. Acusar a la medicina como tal sería una estupidez en la que, desde luego, no incurre Illich. Eso sería como acusar a la sideromecánica de los muertos que ocasionan las armas. Acusó al modo en que fue institucionalizándose la medicina, al establishment médico. Illich se adelantó a su tiempo al caracterizar y fundamentar un fenómeno que no ha cesado de crecer alarmantemente: la invención de enfermedades y la medicalización de la sociedad.

En este contexto, Bunge menciona la homosexualidad como una expresión de una falsa enfermedad y denuncia que, “pese a no ser más que una desviación de la norma estadística, figuró hasta 1974 en la lista de trastornos mentales de la American Psychiatric Association”. No creo personalmente que esta inclinación sexual sea ninguna desviación, ni estadística ni de ningún tipo. Como no lo es ser superdotado o zurdo o pelirrojo. Ignoro qué es “una norma estadística”, pero en castellano una “norma” es una regla que se debe seguir o a la que se deben ajustar las conductas. Si fue considerado un trastorno psiquiátrico, o es aún conceptuado en algunos ámbitos como una desviación, no se debe a rasgo estadístico alguno sino a que se incurre en un gran disparate científico o a que prevalece un vituperable prejuicio cultural.

Por otra parte, resulta más bien insólito que Bunge afirme olímpicamente que Illich hizo sus afirmaciones sin el más mínimo dato objetivo de respaldo. Uno se pregunta si Bunge leyó realmente Némesis Médica o no la recuerda bien, pues uno de los rasgos que más impresiona al leer ese texto es la anonadante cantidad de datos que aporta Ivan Illich para sustentar su discurso. Tengo la impresión de que, precisamente, debido a que sabía que el libro sería motivo de furiosas reacciones por parte del estamento médico, el autor puso especial celo en refrendar cada aseveración con datos contundentes y precisos.

Entre los enfoques del libro que más desconcierta se halla el hecho de que Bunge considera que, para estar al corriente de los avances de la medicina, el médico ha de ilustrarse a través de los “visitadores médicos” por constituir ellos, a su juicio, una de las tres fuentes nutricias para estar al día (las otras son la lectura de literatura y la asistencia a seminarios y congresos). Si bien en el Prefacio sugería que el médico debe estar siempre alerta para filtrar la información que ellos brindan, tal precaución desaparece en el cuerpo del libro. No es para nadie un secreto que la única encomienda asignada a tales trabajadores –asalariados por lo general de las transnacionales del medicamento- es conseguir que se prescriban las mercancías que fabrican sus empleadores -existan o no estudios rigurosos que los pongan en cuestión- con harta frecuencia mediante sobornos directos o encubiertos. Ilustrarse por conducto de ellos me parece un pésimo consejo.

Finalmente, las reflexiones de Bunge están matizadas por un médico-centrismo que atraviesa, directa o implícitamente, todo el material. Se trata de un libro “para médicos”, es cierto, tal y como anuncia desde el título de la obra. Sin embargo, para encarar con rigor el examen de las tareas y de los problemas éticos y filosóficos que se vinculan con los médicos, ha de contemplarse al numeroso colectivo de profesionales que interactúan con ellos. Tanto en materia de diagnóstico como de accionar terapéutico, preventivo o rehabilitador, las ciencias médicas actuales demandan del concurso interdisciplinario de muchos otros especialistas: cibernéticos, físicos, bioquímicos, enfermeros, biotecnólogos, odontólogos, estadísticos, fisiatras, psicólogos, farmacéuticos e ingenieros; e incluso de abogados, periodistas, trabajadores sociales, documentalistas, y economistas, por solo mencionar algunas disciplinas. Mencionaré solo el caso más flagrante de este problema: los juicios que emite sobre la Enfermería.

Aparte del lenguaje patriarcal que emplea (siempre se refiere a “médico” y “enfermera”; lo cual es sorprendente ya que, si bien la desinencia masculina es omnicomprensiva, lo cual podría justificar que no emplee jamás el sustantivo “médica”, esa condición también la tiene el vocablo “enfermero”, término que, sin embargo, tampoco usa nunca), todas sus consideraciones responden al modelo tradicional que considera al enfermero como un mero auxiliar de la consulta médica y reivindica una endogamia elitista para el cuerpo médico.

En un acto de extemporánea pleitesía a la clase médica, Bunge señala la inconveniencia de violentar la jerarquía asistencial (es decir, que el médico deje de ser conceptuado como superior al enfermero), ya que ésta se fundamenta en la jerarquía de conocimientos o saberes (o sea, en que los conocimientos de los médicos son superiores a los de los enfermeros). Su discurso puede sintetizarse así: respetemos a los enfermeros, pero poniéndolos en su lugar; no debemos olvidar que son simples artesanos que no tienen nada que investigar y que han de trabajar bajo la supervisión de quienes realmente tienen conocimientos amplios y profundos. Les corresponde ser obedientes y dedicados a su encomienda subalterna.

Parece ignorar que desde hace muchos años los cuidados de enfermería tienen sus propias funciones, que abarcan a la promoción, el mantenimiento y la recuperación de la salud, y son cruciales no solo para el manejo de dolencias y discapacidades sino también para su prevención. Anclado en una concepción hace ya decenios superada, Bunge nos aclara que ellos no tienen sus propios sistemas de saberes y defiende sobre esas bases una subordinación operativa e intelectual que retrotraería a la atención sanitaria a los modelos teórica y prácticamente dominantes a comienzos del Siglo XX.

Antes de concluir, mencionaré algo que trataré con extensión en otro artículo (actualmente en proceso editorial pero aún no aprobado para su publicación). Se trata de un asunto de naturaleza bastante técnica: su concepción sobre la teoría de probabilidades y el papel de la subjetividad. Estimo que en esta materia, no solo se dicen cosas sumamente discutibles, sino que se incurre en errores de muy considerable entidad (hablo de errores en la aplicación del teorema de Bayes, fundamentalmente). Estimo, sin embargo, que el desarrollo y demostración de esta afirmación mía desborda el alcance de lo que creo oportuno compartir con los lectores de este blog. A aquellos interesados en ello, puedo hacerles llegar directamente mis consideraciones si me las solicitan.

Luis Carlos Silva Ayçaguer

jueves, 28 de febrero de 2013

CORRESPONDENCIA ENTRE MARIO BUNGE Y FERRATER MORA















CORRESPONDENCIA ENTRE MARIO BUNGE Y FERRATER MORA.


Lugar mucho mas tranquilo y por lo tanto mejor para hacer la clase de vida que nos gusta a usted y a mi, o sea, estudiar y escribir.
Carta de Bunge a Ferrater, 10 de diciembre de 1976


Fermín Huerta Martín


En la Universitat de Girona existe La Càtedra Ferrater Mora de Pensament Contemporani  desde 1989, entre sus actividades y dentro del capitulo del Legado de Ferrater Mora nos encontramos con el Epistolario, donde han escaneado y puesto a disposición del público la correspondencia que mantuvo a lo largo de su vida. Contiene a día de hoy (diciembre de 2012) 718 cartas sueltas y 6029 correspondencia cruzada. Incluye 1287 personas o instituciones entre las que destacan José Luis Aranguren, A. J. Ayer, Gustavo Bueno, Mario Bunge, Victoria Camps, Alfredo Deaño, José Gaos, Juan García Bacca, Emilio Lledó, Jesús Mosterin, Javier Muguerza, Ulises Moulines, Raimon Panikkar, Quine, M. A. Quintanilla, Tierno Galván,  etc.
Esta labor me parece sumamente interesante, si cabe ponerle alguna pega habría que decir que no todas las cartas se pueden consultar libremente (hay que registrarse), que se pueden descargar y ver pero no imprimir (lo que dificulta su consulta)  y que hay algunas fechas que no coinciden con la de las cartas, pero por lo demás me ha resultado interesantísimo consultar el intercambio epistolar entre Ferrater y Bunge, que es en el que me voy a centrar y que se puede consultar aquí: http://dugifonsespecials.udg.edu/handle/10256.2/137/browse?type=datecreated
Este intercambio epistolar consta de 130 documentos, 89 cartas de Bunge y 41 de Ferrater, contiene algunas cartas y postales escritas a mano, la primera carta esta fechada el 19 de mayo de 1960 y la ultima el 10 de octubre de 1990, Ferrater moriría tres meses después. Estos diálogos escritos y dispersos en el tiempo entre dos grandes filósofos hispanoamericanos nos permite descubrir unos textos lejos de la rigidez y seriedad académicas, textos informales donde abundan las bromas y la distensión propia de la comunicación de dos buenos amigos, que sin embargo no dejan de ser filósofos.
Uno de las constantes de los textos es la referencia a sus respectivos viajes, Bunge y Ferrater fueron dos personas que se vieron obligadas primero a abandonar sus respectivos países de nacimiento por diversas razones y a buscarse el sustento lejos. Después sus obligaciones académicas por una parte y la búsqueda de descanso por otro les hizo recorrer el mundo. El aspecto académico de sus viajes queda recogido también en los membretes de las cartas de Bunge que reflejan las siguientes instituciones: Universidad de Buenos Aires, University of Pennsylvania, Temple Universiy, McGill University, Universidad Nacional Autónoma de México, Asociación Mexicana de Epistemología, Universite de Geneve.
Otra constante de las misivas es hablar de aquello en que están trabajando en cada momento, reflejo de la frase que encabeza este texto, estudiar y escribir es lo que se pasaron haciendo la mayor parte de su vida y además era lo que les gustaba hacer. Por ello hablan siempre de su próximo libro, de correcciones para alguna reedición, de preparar conferencias, etc. En este contexto se queja Bunge de algunos errores en las ediciones de sus libros, en carta fechada el 18 de septiembre de 1979 dice Bunge:
“Tengo pendientes pruebas de imprenta de dos libros, uno de ellos para Ariel, cuya imprenta parece manejada por mongoles mongólicos”. En carta fechada 10 de febrero de 1981 dice sobre la edición de Materialismo y ciencia:
“Estoy exasperado por la cantidad de erratas. Parecería que los linotipistas catalanes ya no tienen orgullo profesional alguno. Párrafos enteros sangrados, o en bastardilla, o en mayúscula, y siempre llenos de erratas de todo volumen.”
El sentido del humor es cosa repetida en las cartas con frases como estas: “Les deseo una agradable vacación en países civilizados (de esos que mandan paracaidistas al África)”, “Celebro que su flacura haya desalentado a los leones”, “Mucho me temo, querido Ferrater, que le haré compañía en los infiernos”.
También hay criticas a otros pensadores: “Lacan es increíble, Me pregunto si no será un fumista. En todo caso, merece que usted agregue una entrada a su Diccionario: Lacaneo, Forma francesa del macaneo filosófico. V. macaneo. Con todo, Lacan, tan obviamente oscuro y vacío, me parece menos peligroso que Quine, casi tan vacío y oscuro pero con reputación de profundo y claro”. ”Si no fuera porque usted es un hombre serio, creería que ha inventado a Deleuze y Derrida. (No a Lacan, porque de él ya había leído un par de frases.) Con todo no se ha probado que existan”. “¿Quién inventó el negocio de escribir con oscuridad para parecer profundo y respetable? Que fue algún alemán, no lo dudo, pero ¿fue Fichte, Schellign, Hegel, o algún precursor de ellos?”. “En cuanto al monetarismo de Milton Friedman es seudociencia y canallesco”.
Hablan de sus achaques, enfermedades, operaciones, y aquí también saben mezclar el humor: “Me parece excelente que el médico le haya recetado ejercicios que no sean filosóficos”.
A veces repasan la actualidad política, también la que les afecta mas directamente:
“El de ayer fue un día negro para Canadá y en particular para mí. Si el P. Q. permanece en el poder durante una decena de años, su facción extremista logrará destruir mi universidad y toda la cultura anglófona de la provincia. Y es posible que tenga éxito, aunque sólo sea porque el gobierno al que sucede es inepto y corrupto.
Es posible que debamos volver a emigrar, lo que no es fácil a mi edad (57) ni en las circunstancias actuales de desocupación de filósofos. Con todo, le ruego que, si por casualidad se entera de alguna oportunidad, me lo haga saber”. “Por aquí sin novedades, salvo que las perspectivas de separación de esta provincia empeoran (mejoran para ellos) de día en día, y que el gobierno se vuelve cada día mas autoritario y con más ganas de gobernar las universidades”.
Otras veces simplemente se dejan frases para el recuerdo:
“Puesto que no hay modo de librarse de la metafísica, hay que encararla de frente y hacerla lo mejor posible”
“Creo que a esta altura puedo enseñarle algo a Kafka”
“Tengo ya el esquema del artículo pero me falta la energía”
“Típica de México tal mezcla de placer y angustia, de civilización y barbarie”
“Después de 7 años de esfuerzos, he logrado (esta vez con ayuda de un matemático) poner a punto mi teoría relacional del espacio.”
“A veces la falta de inspiración es señal de que se avecina una reorganización del cerebro”
Meses después de la muerte de Ferrater, Bunge publicó un artículo en el periódico español ABC titulado J. F. M. el filósofo sonriente, entre otras cosas decía: “me honró con su amistad y me hizo reír tanto como pensar”.
Termino con una frase de Bunge en una de sus cartas y que me gusta mucho:
“No puedo vivir sin mantenerme en comunicación, aunque sea por correo, con una veintena de amigos a quienes quiero y respeto”

miércoles, 30 de enero de 2013

LECTURAS ATEAS




















LECTURAS ATEAS

Fermín Huerta Martín


Si se me concediera omnipotencia y millones de años para ejercitarla, no creo que tuviera mucho que jactarme si el Hombre fuera el resultado final de todos mis esfuerzos.
Religion y ciencia. Bertrand Russell


A raíz de un comentario hecho por Miguel Blanco en la entrada de mi blog La unión de los ateos es posible y deseable que decía: “Hace algunos años me decidí por el ateísmo activo, y desde entonces me he informado bastante sobre esta cuestión y sobre otras similares. He leído a Puente Ojea ("Elogio del Ateísmo", "La religión: ¡Vaya timo!" y varios artículos), a Dawkins ("El espejismo de Dios", "Escalando el monte improbable", "Destejiendo el arco iris"), a López Campillo y Perreras ("curso acelerado de ateísmo"), a Pepe Rodríguez ("Mentiras fundamentales de la iglesia católica"), a Bunge (varios artículos sobre ciencia, "La ciencia. Su método y su filosofía", "Las pseudociencias: ¡vaya timo!), a C. Hitchens ("Dios no existe"), a S. Weinberg ("3 primeros minutos del universo"), a R. Llinás ("El cerebro y el mito del yo"), además de otros audiovisuales, como los vídeos de Mauricio J. Schwarz ("el rey va desnudo"), Dawkins ("la raíz de todo mal", "el virus de la fe"), las conferencias de "escépticos en el bar", del Círculo Escéptico, etc.”, pude comprobar las coincidencias lectoras (había leído 7 de los 12 libros que menciona), me dio por rebuscar en mis archivos cuantos libros había leído sobre el tema, por si había un mínimo de libros de “obligada lectura” para los ateos. En un primer repaso hice la siguiente lista de libros relacionados con la temática:
La filosofía en el tocador, marqués Sade, pág. 40-41: “si está demostrado que ese Dios, que los tontos tienen por autor de todo lo que vemos, no es sino el nec plus ultra de la razón humana, el fantasma creado en el instante en que la razón no ve ya nada para ayudarla en sus operaciones; si está probado que la existencia de ese Dios es imposible, y que la naturaleza, siempre en acción, en movimiento, posee por sí misma lo que a los tontos gusta gratuitamente otorgarle a El; si es verdad, en el supuesto que Dios, ese ser inerte, existiese, que él sería el más ridículo de todos los seres, puesto que habría servido un solo día y desde millones de siglos se hallaría en una despreciable inacción; y suponiendo que exista como las religiones lo pintan, sería el más detestable de los seres, porque permitiría el mal sobre la tierra cuando su omnipotencia podría impedirlo; si, como digo, todo esto se ha probado, ¿cree usted entonces, Eugenia, que la piedad que ligaría al hombre con ese Creador imbécil, insuficiente, feroz y despreciable, puede ser una virtud necesaria?”
Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, Pepe Rodríguez, pág. 378: “Cuando se tradujo gehenna por infernus , no sólo se corrompió el verdadero sentido de los textos originales sino que se sentó las bases para construir la invención dogmática que más ha aterrorizado a la humanidad del último milenio... y que más beneficio le ha producido a la Iglesia católica siempre amenazante.”
Conflictos entre la religión y la ciencia, J. G. Draper, pág. 24: “Recordemos que cuanto nos rodea es mudable, que la muerte sigue a la vida y la vida a la muerte, y que es inútil rebelarse contra ella en un mundo en que todo muere; así como una catarata conserva la misma forma de un año a otro, aún cuando el agua que la compone cambia constantemente, así el aspecto de la naturaleza es como un torrente de materia que presenta formas variables. El universo, considerado como un todo, es inmutable; solo el espacio, los átomos y la fuerza son eternos; y las formas de la naturaleza que vemos son esencialmente transitorias y deben todas desaparecer.”
El discurso verdadero contra los cristianos Celso, pág. 21: “Es preciso incluso que las creencias profesadas se fundamenten también en la razón. Los que creen sin examen todo lo que se les dice, se parecen a esos infelices, presas de los charlatanes, que corren detrás de los Metragirtos, los sacerdotes de Mitra, o de los Sabácios y los devotos de Hécate o de otras divinidades semejantes, con las cabezas impregnadas de sus extravagancias y fraudes. Lo mismo acontece con los Cristianos. Ninguno de ellos quiere ofrecer o escrutar las razones de las creencias adoptadas. Dicen generalmente: «No examinéis, creed solamente, vuestra fe os salvará»; e incluso añaden: «La sabiduría de esta vida es un mal, y la locura un bien».”
La esencia del cristianismo L. Feuerbach, pág. 123: “El Dios trinitario es un Dios exuberante; por eso se convierte en una necesidad allí donde se prescinde del contenido de la vida. Cuanto más vacía es la vida, tanto más lleno y más completo es Dios. El vaciamiento del mundo real y el enriquecimiento de la divinidad, es un solo y mismo acto. Sólo el hombre pobre tiene un Dios rico. Dios surge del sentimiento de una carencia; lo que el hombre echa de menos -bien sea algo determinado y, por tanto consciente, bien sea inconsciente- esto es Dios. Por eso necesita el inconsolable sentimiento de vaciedad y de soledad, un Dios en el que se haya una comunidad, una unión de seres que se amen íntimamente.”
Doce pruebas que demuestran la no existencia de Dios, S. Fauré, pág. 43: “Así, pues, tened la modestia y la lealtad de confesar que si a mí me es imposible comprender a Dios, vosotros tropezaréis con el mismo obstáculo. Tened, en fin, la probidad de reconocer que si porque a mi no me es permitido concebir ni explicar a Dios, se me niega el derecho de negarlo, vosotros, que como yo, no podéis concebirlo ni explicarlo, tampoco tenéis derecho de afirmarlo.”
La religión al alcance de todos  R. H. de Ibarreta, pág. 102: “ Los milagros son inútiles para convencer a nuestra razón de lo que se halla en pugna con ella.”
Epicuro, C. García Gual, ver mi artículo Ha muerto Colombo, un epicúreo.
La santidad del pontificado, E. Rodríguez-Solís, ver mi artículo Clero anticlerical.
Historia atea de las religiones A. Kryvelev, ver mis artículos Historia atea de las religiones I y II.
Porqué no soy cristiano, B. Russell, pág. 18: “Si todo tiene que tener alguna causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede haber algo sin causa, igual puede ser el mundo que Dios”
Curso acelerado de ateismo, A. López J. Ignacio, pág. 54:”La fe les hace perder el sentido del humor a los creyentes”.
De la materia a la razón L. Ferrater, pág. 188: “En virtud de ello he aludido a una especie de gran arco o despliegue que va “de la materia a la razón”. Este arco o despliegue constituye el mundo mismo, dentro de cuya trama se encuentran todos los “sentidos” y las “significaciones” que puedan descubrirse y que pueden irse produciendo. En la medida en que la racionalidad se somete a autocrítica, constituye una tarea o actividad nunca agotada, y posiblemente nunca agotable. Esta última condición puede producir en algunos espíritus reflexivos cierto desaliento. De ahí la pregunta de por qué los seres humanos, que, en la medida de nuestros conocimientos, son quienes más gozan, o padecen, la limitación antedicha, pueden seguir aferrándose a la racionalidad.”
¿Qué es ser agnóstico?,  E. Tierno, pág. 115: “La fe es un contenido de la conciencia individual. Nada prueba.”
¿Es verdadero el cristianismo?, M. Arnhein, pág. 213: “Quizás aún más importante que la imposibilidad de alcanzar tales ideales sea su carácter antinatural. La mansedumbre es tan contraria a la naturaleza humana como el presentar la otra mejilla y amar al enemigo, toda vez que coloca a la persona mansa a merced de sus enemigos. Dicho de otro modo, no es una buena salvaguardia para la supervivencia, y no cabe la menor duda de que la supervivencia es el principal instinto natural de todo animal, incluyendo el humano. Por tanto, en sentido biológico estricto, así como en el sentido coloquial corriente, estos ideales son antinaturales.”
Ateos clandestinos, A. Izquierdo, pág. 64: “Si se acepta una religión como verdadera sin haberla examinado, sino por el simple hecho de haberla heredado o porque los que tienen autoridad sobre nosotros nos han dicho que es verdadera, se cree en ella sólo por prejuicio, y lo que se admite por prejuicio puede ser falso y verdadero, No hay ninguna seguridad sobre su verdad, Para poder decidir sobre su valor de verdad es necesario, entonces, examinarla a la luz de la razón.”
El mundo y sus demonios, C. Sagan, pág. 32: “Las religiones suelen ser los viveros de protección estatal de la pseudociencia”
Ética demostrada según el orden geométrico, B. de Espinosa, pág. 141: “Las ideas inadecuadas y confusas se siguen unas de otras con la misma necesidad que las ideas adecuadas, es decir claras y distintas.”
La genealogía de la moral, F. Nietzsche, ver mi artículo Fervoroso creyente, fervoroso agnóstico, fervoroso ateo.
A esto habría que añadir los 10 libros leídos de Puente Ojea (ver mi artículo Gonzalo Puente Ojea: maestro ateo) los 43 libros leídos de Gustavo Bueno y los 46 libros leídos de Mario Bunge, ver las secciones del blog dedicadas a ellos.

Como se puede ver, este listado incluye cosas muy dispares, pero son los textos que han configurado mi ateismo de la forma mas directa. Si tuviera que destacar algún autor, esta claro que por el número de libros leídos serian los tres últimos mencionados.
Es posible que si se hiciese una encuesta entre un numero elevado de ateos lectores, en la que cada uno expusiese su lista particular de textos, se pudiera encontrar un numero de libros de “obligada lectura” atea. Esta información podría servir a quien se aproximase al ateismo como lectura iniciática. Hoy en día y gracias a Internet es posible leer gran cantidad de textos en la orbita del ateismo lo que debería facilitar las cosas al neófito.
Naturalmente estas lecturas deben ir acompañadas de otras, sobre todo de filosofía y ciencia, imprescindibles para un visión atea del mundo.
Dado que bajo mis premisas el ateismo debe ir asociado a un sistema materialista y que este debe fundamentarse en una ontología determinada, cabria deducir de todo ello que no hay libros mas ateos que aquellos que exponen una ontología materialista (donde se intenta explicar el mundo, no siendo este obra de ningún dios). Los dos libros que considero mas importantes de ontología materialista son Ensayos materialistas de Gustavo Bueno y El moblaje del mundo de Mario Bunge, consecuentemente no habría lectura mas atea que la de estos libros, el inconveniente que tienen es que para aproximarse a su lectura con un mínimo de provecho previamente hay que recorrer el trayecto que yo he esbozado con el listado de libros aquí expuesto como mínimo.
Conclusión, si no estas dispuesto a esforzarte, mejor no empieces el camino del ateismo y sigue rezando.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

MEDICINA PARA MÉDICOS


















MEDICINA PARA MÉDICOS

Fermín Huerta Martín


Si hubiéramos sido bien diseñados, o sea, con conocimiento e inteligencia, y si nuestro cuerpo fuese tan sabio como se ha dicho que lo es, no nos enfermaríamos.
Filosofía para médicos. Mario Bunge, pág. 59.


He terminado de leer uno de los últimos libros publicados del maestro Mario Bunge, se trata de Filosofía para médicos publicado por Gedisa que con este ha publicado ya 10 libros del filósofo argentino.
El interés de Bunge por la medicina no es nuevo como se puede comprobar ojeando su Bibliografía. Pero lo cierto es que en los últimos años ha mostrado una creciente dedicación por el tema, como se demuestra por el número de conferencias dadas sobre medicina desde 2010. Ignoro si el interés es puramente filosófico o se ha producido por un incremento del trato con los médicos debido a su avanzada edad.
Son 200 páginas estructuradas en 11 capítulos:
Medicinas tradicionales, Medicina moderna, Enfermedad, Diagnosis, Medicamento, Ensayo, Tratamiento, Prevención, Ética médica, ¿Ciencia, técnica o servicio?, y Referencias bibliográficas. Donde Bunge repasa un poco la historia de la medicina, la transición de las medicinas primitivas y arcaicas a la medicina moderna. Hace hincapié en la importancia de la filosofía en la medicina, pág. 123: “La historia de la medicina muestra que la medicina está saturada de filosofía”, pág. 124: “Si quieres medicación, ayuda a la investigación. Y si quieres investigación, cultiva una filosofía que la promueva.” pág. 146: “Postulados filosóficos admitidos por lo médicos: El paciente existe en el mundo exterior al médico. La enfermedad es un proceso real. Toda las enfermedades son cognoscibles en principio. Todas las enfermedades se manifiestan como signos y a veces también como síntomas. Todo trozo de conocimiento terapéutico es una verdad objetiva, auque acaso sólo parcial o aproximada. Todas las enfermedades son tratables. Todo tratamiento consiste en manipular variables reales. No hay terapias naturales: todas son artificiales. Hay terapias superficiales y radicales. Las terapias superficiales son típicas de las medicinas precientífica.”
Nos informa de la importancia de los receptores, pág. 33: “Los receptores, de los que hay más de 2000 clases, constituyen la clave de la farmacología científica.”
Considera que la psiquiatría científica es: pág. 71 “la rama mas atrasada de la medicina”.
Nos dice Bunge también pág. 81: “El principal motivo de la dificultad del problema del diagnóstico es que es inverso: se trata de remontar de síntomas a mecanismos, de efectos a causas, de productos a insumos, del presente al pasado, de conclusión a premisas. Y como se verá mas adelante, los problemas inversos son mucho más difíciles que los directos, porque tienen soluciones múltiples o ninguna.” Lo que le hace decir pág. 83: “ El buen médico es un híbrido de Hércules Poirot con Sherlock Holmes”. Es curioso porque poco antes de leer este libro tuve un pensamiento similar, la diferencia es que yo en lugar de pensar en esos clásicos detectives a los que he disfrutado leyendo pensé en un personaje mas contemporáneo, un doctor House que solucionase el problema, un familiar mío pasó 13 días hospitalizado (box de urgencias, unidad de cuidados intensivos, habitación) y pude comprobar como el caso se adecuaba a la naturaleza compleja de los problemas inversos. El diagnostico era un episodio de hiponatremia, disminución de la concentración de sodio en sangre que estuvo a punto de hacerle entrar en coma, por las informaciones que tuve los médicos estuvieron realizando pruebas medicas  para “remontar de efectos a causas”, con el objetivo de descartar alguna de las posibles 11 causas que cita la Wikipedia de esa alteración. La cuestión es que consiguieron salvarle la vida auque a día de hoy se desconoce que fue lo que le produjo esa bajada de sodio. En general y visto desde fuera los procedimientos y normas que pude comprobar se adecuan a lo expuesto por Bunge en su libro. Normas como los Principios que enumera en la pág. 57: “ El ser humano es un sistema de subsistemas. Todos los subsistemas del cuerpo humano están conectados entre sí. Toda enfermedad es una disfunción de uno o más órganos. La salud mental es la del cerebro. La salud individual y la condición social se entrelazan. El médico debe evitar el pensamiento sectorial.”
Por que Bunge piensa pág. 123: “La medicina ha progresado en la medida en que ha abrazado la cosmovisión secular, racionalista, materialista, cientificista y humanista”.
Bunge hace algunas anotaciones que son plenamente actuales en los países con recortes sanitarios y privatizaciones, pág. 123: “Allí donde no es un bien público, la atención médica científica puede ser objeto de graves distorsiones”. Lo que nos llevaría a la necesaria unión de la “estrategia cientificista y una ética humanista”, pág. 131.
Con este he leído 46 libros de Bunge, son 200 páginas deliciosas escritas con una concisión, contundencia, capacidad de síntesis, de ir al grano, con la dosis suficiente de erudición y de compromiso de divulgación que conforma un libro que puede ayudar tanto a  médicos como a pacientes (es decir, a la totalidad de la especie humana), da a conocer cual es el punto de vista de un filósofo que considera; “En el curso del siglo XVII la medicina descarta definitivamente a la religión y a la magia, y se adapta a la visión del mundo materialista (secular) así como a la gnoseología racionalista y empirista” pág. 47, “La biología y la medicina modernas no son vitalistas ni reduccionistas, sino más bien materialistas emergentistas.” pág. 48.
En resumidas cuentas un libro absolutamente recomendable. Lo único que lo empaña es una edición en la que he encontrado un puñado de errores (alguno se me ha podido escapar) que paso a copiaros:


El libro ya empieza mal de un principio, en la página 11 viene el Índice y en él hay un desfase de dos páginas de cada contenido, pues en la página 11 según el Índice tendría que venir el Prefacio, en la 13 viene el Prefacio y tendría que estar la Introducción y así con todos los capítulos. 
Pág. 35. Dice: la minera la química, debería decir: la minera y la química.
Pág. 39. Cita Robert Park (200) y es (2000).
Pág. 43. Cita a Feddi y es Freddi.
Pág. 56. Falta cerrar paréntesis después de la palabra ambulancias.
Pág. 70. Dice funcioes en lugar de funciones.
Pág. 76. Pone VHI y es VIH.
Pág. 95. Se cita Bunge 2000 y hay tres referencias de Bunge en ese año. Se repite el error en la pág. 127 y 133.
Pág. 95. Se cita Kahneman 2011 pero en las referencias bibliográficas solo hay Kahneman 1982.
Pág. 100. Dice probabiidad, debería decir probabilidad.
Pág. 101. Dice La probabilidades, debería decir Las probabilidades.
Pág. 109. En la primera frase la segunda “inversos” debe ser “directos”.
Pág. 128. Se cita van Bas van Fraassen y es Bas van Fraassen.
Pág. 149. Dice praxixología y es praxiología.
Pág. 154. Se cita Bunge 2004 y hay dos referencias en ese año.
Pág. 157. Cita a Cherki y es Cherkin.
Pág. 158. Se cita Bunge 2009 y hay dos referencias en ese año.
Pág. 171. La cita de Dilthey pone 1959 y en la bibliografía pone 1949.
Pág. 171. Se cita Bunge 1999 y hay dos referencias en ese año.
Pág. 183. Se cita Amiguelet y es Amiguet.
Pág. 202. La cita Charles Eddy (1882) esta equivocada, el año es 1982 y el nombre David M. Eddy.