martes, 31 de marzo de 2026

RESEÑA DE LIBROS 1 SI EINSTEIN LO HUBIERA SABIDO ALAIN ASPECT


 

RESEÑA DE LIBROS 1

SI EINSTEIN LO HUBIERA SABIDO

ALAIN ASPECT

Fermín Huerta Martín

 

El libro del premio Nobel Alain Aspect titulado Si Einstein lo hubiera sabido (Debate, octubre 2025) es exquisito de leer, el libro explica principalmente las dificultades técnicas que padeció durante 7 años para poder poner a punto el instrumental necesario para comprobar las desigualdades de Bell, dice en la página 146:

Lasdesigualdades de Bell se refieren al coeficiente de correlación entre los resultados de medida en los polarizadores I y II para diversas orientaciones relativas de los polarizadores (…) Una determinada teoría local con parámetros adicionales puede dar cuenta del coeficiente de correlación para ciertas orientaciones relativas, pero no para todas”

Os copio el resumen  que el propio Aspect realiza de todo su proceso, pág. 246:

“En 1974, mientras busco tema para mi tesis, tengo la suerte de descubrir el articulo de John Bell, que presenta de forma muy clara el debate entre Bohr y Einstein sobre la situación EPR y que demuestra que este debate puede resolverse mediante un experimento. La lectura de este artículo es para mí un autentico flechazo; quiero trabajar a toda costa en este tema, y enseguida desarrollo la idea de un experimento original, sustancialmente distinto de los dos primeros realizados en 1972. John Bell me confirma que, si logro mi objetivo, será un avance importante, ya que este experimento tiene en cuenta la visión del mundo de Einstein en su totalidad.

Un joven profesor del Instituto de Óptica, Christian Imbert, que me ha dado a conocer el artículo de Bell, acepta patrocinar mi proyecto, a pesar de que la mayoría de los físicos opinan que el tema no tiene interés. Tardaré casi cinco años en construir una fuente de pares de fotones entrelazados de una eficacia sin precedentes, utilizando técnicas que ni yo ni mis colegas del Instituto de Óptica conocemos y que aprenderé en diversos laboratorios del campus de Saclay y de las universidades de Orsay o de París. Llevo estas técnicas al Instituto de Óptica, donde las pongo en práctica con la ayuda de los servicios técnicos generales del instituto, así como de un técnico óptico y un ingeniero electrónico, Gerard Roger y André Villing, asignados a mi experimento. Usando métodos relativamente estándares, construyo un chorro atómico; después paso a utilizar técnicas poco habituales en los laboratorios de óptica y física  atómica franceses: el recuento de fotones en coincidencia. Tendré la suerte de  aprenderlas en el departamento de electrónica del centro de física nuclear de la CEA en Saclay, que desarrolla decenas de sistemas para su utilización  en un acelerador y cuyos ingenieros me “prestan” amablemente los pocos aparatos que necesito. Un simposio en Erice, organizado en 1976 por Bell y D´Espagnat, me da la oportunidad de presentar mi proyecto a algunos de los principales expertos en la materia, teóricos y experimentadores, y beneficiarme de sus consejos. Me inspiro especialmente en John Clauser, para  la elección de las transiciones atómicas que producen los pares de fotones, y en Ed Fry, que presenta los resultados de un experimento totalmente nuevo en el que utiliza un laser para excitar los átomos, lo que da lugar a una fuente mucho más eficaz que la de Clauser. Esto me lleva a buscar una excitación por láser de mi fuente, basada en el mismo átomo que Clauser, y descubro que, utilizando no uno, sino dos láseres, es posible, en principio, producir de forma casi ideal los pares de fotones entrelazados. Para ello, tengo que adaptar a mi situación una nueva técnica desarrollada en el laboratorio de espectroscopia hertziana de la ENS  en Jussieu por el equipo de  Bernard Cagnac, un físico de renombre que muestra un gran interés por mi proyecto. Tras numerosos intentos, la idea resulta ser buena y puedo proceder a la puesta a punto de la fuente de pares de fotones entrelazados, al tiempo que encargo la construcción de los polarizadores que necesitaré.

Se construye un primer tipo de polarizador utilizando la técnica de las “pilas de láminas”  en los talleres del Instituto de Óptica, que producen autenticas obras maestras de la óptica y de la mecánica. A continuación, empleando técnicas de vanguardia, se fabrica un segundo tipo de polarizador  específicamente para mi experimento; lo hace de forma gratuita el laboratorio de investigación  óptica de Philips en Eindhoven. Los primeros polarizadores se utilizan para una prueba de las desigualdades de Bell, que es una repetición del experimento de Clauser y Freedman con una fuente mucho más eficaz que facilita la recopilación de datos. Confirmamos su violación de las desigualdades de Bell con un nivel de confianza mucho mayor, aunque esto no se refleja cuantitativamente en los resultados que publicamos. El segundo experimento utiliza los polarizadores desarrollados para nosotros por Philips, lo que nos permite realizar por primera vez un experimento con polarizadores de dos vías. Nos acercamos así al  esquema teórico ideal, sin necesidad de recurrir a hipótesis adicionales y calibraciones auxiliares. El resultado de las mediciones está a la altura de los esfuerzos realizados, ya que constata una violación de las desigualdades de Bell por más de 40 desviaciones estándar, diez veces mejor que en los experimentos anteriores.  Las mediciones directas de cada coeficiente de correlación concuerdan a la perfección, dentro de un margen de error de 1 o 2 desviaciones estándar, con el resultado de los cálculos cuánticos  que tienen en cuenta las diferencias entre el experimento real y el esquema teórico ideal. Este resultado, que nos permitirá  ostentar el récord de violación de las desigualdades de Bell durante quince años, impresiona a la comunidad, cada vez más amplia, de físicos interesados en este tema, que ahora esperan el resultado del experimento con polarizadores variables.”

El libro está escrito con una claridad envidiable y es asequible a un público con mínimos conocimientos científicos  que quieran realizar una primera profundización en el tema.

Quiero añadir un comentario/crítica de mi cosecha, en la pág. 320 dice:

“La causalidad relativista de Einstein prohíbe las interacciones instantáneas: ninguna influencia puede propagarse más rápido que la luz”

Matiza posteriormente en una nota en la pág. 395:

“Pero, me objetarán los lectores con conocimientos de relatividad, ¿Qué  significa “instantáneamente”? ¿No sabemos qué dos acontecimientos simultáneos solo lo son en un sistema de referencia determinado y que, si nos situamos en otro sistema de referencia, en movimiento con respecto al primero, uno de los acontecimientos tiene lugar antes que el otro, o viceversa, según el movimiento? Por supuesto, pero, con independencia del sistema de referencia elegido, los dos acontecimientos siguen estando separados por lo que en relatividad se denomina un “intervalo del tipo espacial”, lo cual significa que no existe ninguna  posibilidad de relacionarlos entre sí mediante una señal que se propague a una velocidad inferior o igual a la de la luz. Por lo tanto, cambiar de sistema de referencia no permite eliminar el concepto de no localidad cuántica. Si queremos ser rigurosos, sustituyamos el adverbio “instantáneamente” por la expresión “con intervalo del tipo espacial”

A pesar de la nota, vuelve a usar el término “instantáneo” en las págs. 352 y 353.

Frente a la noción relativista de lo instantáneo  debemos proponer una noción lógico-ontológica, esta quedaría demostrada con el siguiente experimento mental, si todos los eventos del mundo se “congelasen”, cada cosa quedaría en una determinada posición que describe la simultaneidad de la totalidad, independiente de la distancia o velocidad, dice Blas Cabrera en su libro Principio de relatividad:

“Sólo es posible poner de acuerdo ambos sistemas de relojes, y con ello generalizar la noción de simultaneidad, cuando c=∞; esto es, en el caso de que se disponga de una acción, empleable con el fin indicado, que se propague instantáneamente. En la Mecánica clásica no hay nada que se oponga a la existencia de estas acciones y, por ende, a que en principio sea posible aceptar la noción de un tiempo absoluto.”

De hecho, esta “congelación” es lo que propone la filosofía derivada de la Teoría de la relatividad, el eternalismo, de la que ya tuve ocasión de polemizar con Gustavo Esteban Romero en mis artículos:

¿Qué es el ego para el eternalismo?

https://ferminhuerta.blogspot.com/2016/03/que-es-el-ego-para-el-eternalismo.html

Tiempo para el presentismo filosófico

https://ferminhuerta.blogspot.com/2015/04/tiempo-para-el-presentismo-filosofico.html

Destaco su respuesta a mi opinión de que en el eternalismo todo es simultáneo:

“El presente es una categoría temporal, que no se aplica al mundo cuadridimensional. Insisto: el mundo 4 dimensional no es temporal, el tiempo es una de sus dimensiones, y cuando se lo considera como un todo, no tiene sentido atribuirle propiedades temporales, en particular, decir que es “presente”.”

El  entrelazamiento no tiene sentido al margen de esa inmediatez, porque en ese intervalo cabria una medición que diese un resultado no coordinable con la primera medición. Luego utiliza el concepto de “señal utilizable” pág. 337, donde el “utilizable” se refiere a seres humanos,  ¿acaso un fotón no “utiliza” la señal enviada por el otro para actualizar su estado? Otra solución es considerar ambas partículas como un todo extendido que de alguna forma supera los problemas de esa extensión espacial y actúa de forma coordinada como si no existiera, dice en la pág. 395:

“la no independencia de dos sistemas separados por un intervalo del tipo espacio se denomina a veces “holismo cuántico”, para indicar que los dos sistemas forman un todo”

Un libro absolutamente recomendable.

martes, 10 de junio de 2025

EGO Y MEMORIA

 




EGO Y MEMORIA

 

Fermín Huerta Martín

 

“Se nos dice: el estado de conciencia desapareció, reaparece, entonces, tuvo que haberse conservado en alguna parte. Si no estaba en el cerebro, ¿dónde estaba?; sin embargo, ¿era necesario que estuviera en alguna parte? Veo, en efecto, que se necesita que este reloj esté en alguna parte, que esté en la sala; se necesita que la sala esté en la casa, y así sucesivamente. Sí, sin duda, en el espacio, una cosa se percibe dentro de otra. Todo es contenedor o contenido, pero no veo necesariamente que para conservarse un recuerdo deba estar en alguna parte, podría no estar en ninguna parte. Si por azar no se conservara en el cerebro, en realidad, no se conservaría en ninguna parte, pero esto no le impediría conservarse de alguna otra manera, que habría que buscar concebir, cierto; solamente, habría que tallar para esta concepción un concepto nuevo, que no se correspondiera con nada de lo que conocemos. Es probable, en efecto, que sea algo sui generis, que no sea reductible a los conceptos que poseemos. Será, quizá, un gran esfuerzo por hacer, pero tal vez haya que hacerlo.“

Historia de las teorías de la memoria

Henri Bergson

 

 

Siguiendo a Henri Bergson imaginemos una memoria pura o memoria ontológica (en nuestra filosofía, esto es la materia prima que usa el “mecanismo” que construye las historias sueño antes y después de morir), que recogería TODOS los recuerdos de un ser humano, por recuerdos incluyo imágenes, sonidos, olores, sensaciones, estados de ánimo, etc. Imaginemos un género de materialidad conectado con el plano físico de las personas cuya función fuera “registrar” todo lo ocurrido en ese plano. La única ordenación que se da en el es la cronológica. Su uso práctico consciente es inviable y no contribuye a la supervivencia del cuerpo dado en el Lado 1, que es un plano físico, un entorno hostil donde peligra la vida, naturalmente hay otros mecanismos de defensa, tener un olfato u oído que nos advierta del peligro, tener una capacidad de camuflaje que nos oculte al depredador o una velocidad de huida que nos aleje de él o una fuerza física que nos sirva  para defendernos, etc. Si en el ser humano no se daba nada (o poco) de esto, su capacidad de supervivencia pasaba por su inteligencia, como capacidad de crear armas o de aprender a usarlas, en ambos casos se necesita una memoria operativa practica mas allá de la memoria pura. Imaginemos ahora una “evolución” de esa memoria ontológica que de alguna manera (siguiendo algún proceso) destilase una segunda memoria en base a la repetición o a la importancia para la supervivencia de alguna de las cosas que se almacenan en la memoria pura. Esta memoria, más pequeña y más práctica ayudaría a la supervivencia mucho más que la  primera memoria. El ego lo podríamos considerar como una segunda destilación de la memoria, pero como un proceso que en si ya no almacena recuerdos, pero si puede acceder a ellos, sería más bien una unidad de acción para la supervivencia que usa los recuerdos para perseverar en el ser. Esta unidad es ante todo “duración” ininterrumpida, la duración del ego es como un movimiento inmóvil, aunque tu cuerpo y todo lo que le rodea se congelara en una inmovilidad absoluta, el ego seguiría funcionando con estados mentales que se superponen construyendo la sensación del antes y el después. Aunque este ego sea una destilación de la memoria, puede hacer abstracción de ella y manifestarse introspectivamente como ego simple, casi como un mecanismo autónomo de la memoria.

El Lado 1 y el Lado 2 han coexistido durante mucho tiempo, no podemos decir que eternamente pues son fruto de transformaciones anteriores (siguiendo el esquema que utiliza Gustavo Bueno con la Materia ontológico general). En un momento dado de la evolución biológica, los cerebros que desarrollaron la capacidad de entrelazarse con el Lado 2 fueron superiores a los que no, lo que garantizó su supervivencia. Este hecho favoreció su refinamiento y ampliación de ventajas evolutivas. El mecanismo básico es el siguiente:

Cuando los cerebros fueron capaces de desarrollar mecanismos de entrelazamiento cuántico con el Lado 2 (lo que demuestra su materialidad), desencadenaron el siguiente comportamiento, en el Lado 2 (que es una materialidad heterogénea con múltiples cualidades)  se empieza a generar un protoego, que es como una reserva del  “espacio” del Lado 2, esta reserva actúa como una exclusividad que lo diferencia de otros protoegos. A través de un proceso de evolución similar al que observamos en el Lado 1, se transforman partes del Lado 2 hasta conseguir el estado actual (que a su vez sigue en evolución en los dos lados).

Este protoego termina convirtiéndose en un centro (un circulo, una esfera) con una determinada estructura que podríamos comparar con la noción de Bueno de estructura metafinita (https://www.fgbueno.es/med/tes/t031.htm)

A través del entrelazamiento cuántico, el ego recibe la información del cuerpo (vía cerebro), esta información atraviesa todos los conos, cada cono está especializado en retener cierta información de la recibida por el ego, esta información es la que debe ser de utilidad al ego para la supervivencia, a su vez este traspaso de información del ego a los conos y a la memoria pura deja un poso en el ego, este poso seria su “carácter”, que está influenciado por lo recibido tanto por la materia especifica donde se implanta, esta materia no es homogénea (no es espíritu) y por lo tanto puede tener superficie defectuosa que produzca conductas anómalas (con respecto a una conducta establecida como normal), de alguna forma se reproduce lo que ocurre en el Lado 1 entre lo genético y lo ambiental, lo ambiental es lo mismo en los dos lados (pues en el Lado 2 solo se contacta con una zona neutra, vacía de contenido, existiría un mecanismo que garantiza esto hasta cierto nivel, un “fallo” en esto, es decir, la posibilidad de que un ego contacte con contenidos de otro ego, podría explicar la naturaleza de determinados fenómenos denominados paranormales). Así tendríamos tres constitutivos del carácter de una persona, la sustancia del Lado 1 (el cuerpo), la sustancia del Lado 2 (el ego) y el ambiente del Lado 1.

Si partimos de la suposición de que el enlace entre el Lado 1 y el Lado 2 se produce por mediación de algún mecanismo de naturaleza mecánico-cuántica localizado en el cerebro, no podemos decir que los registros que se den en la memoria ontológica o pura sean anteriores a la aparición de los cerebros animales. A su vez estos cerebros ya implican un organismo más o menos desarrollado, es decir una unidad física que los diferencia de otros organismos, esto implica ya una supervivencia, lo cual necesita algún tipo de toma de decisiones y consecuentemente algo parecido a un ego operativo aunque sea a un nivel muy básico.

Por lo menos suponemos un origen evolutivo tanto del ego como de la memoria que irían de la mano. No puede haber registros de memoria sin un mecanismo que seleccione y comunique lo que se debe registrar. Esto implica ya como mínimo un protoego que podría existir incluso antes de la conexión Lado 1- Lado 2.

¿Cómo encara nuestro sistema filosófico el problema del inconsciente? He tenido la suerte de leer recientemente el librito La invención matemática de Henri Poincaré (KRK Ediciones 2021) en la pág. 99 dice: “Parece que nos beneficiamos de una especie de trabajo inconsciente que se produce en nuestro cerebro, sin que lo sepamos, durante el periodo de ocupación aparente. ¿Qué es pues ese yo inconsciente que trabaja así para nosotros, que encuentra la solución mientras dormimos y que al despertar nos la viene a susurrar? ¿No es más que el mecanismo de nuestras células cerebrales? ¿O bien se trata de algo aun más misterioso?

Aquí tendríamos dos posibles respuestas, que el inconsciente trabaje paralelamente al consciente pero en un segundo plano, o que trabaje mientras dormimos en los periodos en que no soñamos o paralelamente al sueño en un segundo plano.

Cualquiera de estos dos segundos planos implica que el ego es algo más que esa aparente unidad fenoménica, que tiene una parte que no controlamos. La solución de una actividad entre sueños no implica tal conclusión, pues todo el ego durante el sueño desarrolla una actividad inconsciente con respecto al ego de la vigilia. Pero en ese caso no hay una fractura del ego en partes.

Foto portada:

Puede verse un ego esférico rodeado de conos (en numero indeterminado), uno de esos conos está abierto y nutre la memoria ontológica o pura, esta memoria puede crecer expandiendo el segundo circulo que está inmerso en la totalidad del Lado 2. Del ego surge la acción de entrelazamiento cuántico con el Lado 1.

martes, 11 de febrero de 2025

LA CONCIENCIA SEGUN HAMEROFF

 

LA CONCIENCIA SEGÚN HAMEROFF

Fermín Huerta Martín

Orch-OR es la teoría más completa, ambiciosa y detallada de la conciencia, con un importante poder explicativo.

Hameroff pág. 450

 

Aunque la portada del libro parece estar destinada a seguidores de la New Age y el subtitulo así lo ratifica (Todo tiene conciencia, de una piedra a un árbol. Argumentos científicos a favor del pampsiquismo), la verdad es que el libro Conciencia y mecánica cuántica contiene 17 artículos bastante actuales del tema resumido en el titulo con un enfoque científico escrupuloso, otra cosa podríamos decir de las propuestas filosóficas que en base a ese enfoque científico realiza cada autor. La filosofía tiene más libertad que la ciencia para plasmar sus planteamientos. Todo esto (seguramente) no hubiese sido suficiente para comprar el voluminoso tomo de casi 600 páginas. Lo que me decidió fue la presencia entre estos autores de dos en concreto: Roger Penrose y Stuart Hameroff, y antes que eso las imágenes de sus textos que pude encontrar mientras ojeaba el ejemplar. El que haya leído con anterioridad mi blog sabrá que en los últimos años he venido desarrollando una propuesta filosófica que he denominado Materialismo ontológico onírico, en diferentes artículos: Teoríafilosófico-onírica de los dos lados, Materialismo ontológico onírico y Desarrollo práctico del Materialismo ontológico onírico. En el primero de ellos cito a Penrose como ejemplo de un mecanismo posible como base a mi propuesta filosófica, aunque leí a Penrose en 1998 y 1999 no me fije demasiado en su tesis hasta que no empecé a trabajar en mi teoría. Era un ejemplo junto al de Eccles de lo que yo planteaba.

En su artículo Penrose explica su encuentro con Hameroff: “Afortunadamente para mí, Stuart Hameroff, un anestesista de la Universidad de Arizona en Tucson, leyó mi libro y, dándose cuenta de lo limitado de mis conocimientos fisiológicos, me explicó la existencia y la importancia de los microtúbulos. Stuart había llegado por su cuenta a la conclusión de que algo más allá de la mera propagación nerviosa tenía que estar implicado y, en particular, le habían llamado la atención los gases químicamente tan diferentes que podían actuar como anestésicos generales. Pensó que estos gases anestésicos podrían actuar directamente (pero no químicamente) sobre los microtúbulos de las neuronas.”

El resultado ha sido una colaboración muy fructífera. Para el presente texto voy a ceñirme al artículo en solitario de Hameroff pues me parece extraordinariamente interesante.

Empezamos por el problema de la medición, que es uno de los temas recurrentes que transita en todos los artículos del libro.

Dice Hameroff en la página 406:

“La conciencia y la naturaleza de la realidad están relacionadas a través del “problema de la medición” de la mecánica cuántica. Es decir, a escala microscópica, las partículas pueden existir como superposiciciones de múltiples posibilidades coexistentes, descritas por una función de onda cuántica. Sin embargo, cuando se amplifican, miden u observan, las superposiciones parecen reducirse o colapsar a estados definidos, el mundo macroscópico que percibimos. Se desconoce por qué ocurre esto, pero se han propuesto varias explicaciones”

Luego enumera una serie de posibilidades, Reducción subjetiva (la observación consciente reduce las ondas a partículas). Muchos mundos (El colapso no ocurre y todas las posibilidades coexisten eternamente). Decoherencia ambiental (la superposición se mezcla con su entorno) y Reducción objetiva (OR), “un proceso físico objetivo provoca la reducción del estado cuántico a un resultado OR o a otro, no a ambos a la vez”

Continúa en la página 409: “Penrose había reconocido que la no computabilidad era una característica sutil pero importante de la conciencia, y una pista sobre su origen. La OR podría proporcional la no computabilidad, y también aspectos fundamentales de la experiencia consciente”

Hameroff aporta algo de su especialidad:

“A mediados del siglo XIX, se descubrieron ciertos gases que, cuando se inhalaban en concentraciones críticas, hacían que los seres humanos y los animales perdieran el conocimiento y/o dejaran de tener un comportamiento intencionado. Si la respiración se mantenía adecuadamente, cuando se exhalaba el gas “anestésico”, los sujetos y los animales se despertaban y recuperaban la consciencia prácticamente sin cambios. Los estudios modernos han demostrado que la anestesia es selectiva, ya que impide la consciencia al tiempo que mantiene las actividades cerebrales no conscientes que continúan  bajo los efectos de la anestesia. EL MECANISMO PRECISO DE LA ACCION ANESTESICA  DEBERIA LOCALIZAR LA CONCIENCIA EN EL CEREBRO.” Pág. 415

La argumentación parece inapelable, si la anestesia inhibe la conciencia allí donde actúa la anestesia es donde se encuentra la conciencia.

“Penrose propuso en su lugar que la OR que ocurre espontáneamente causaba, o era equivalente a, la experiencia fenoménica, la (proto)consciencia.” Pág. 409

“Sin embargo, para que el cerebro convierta la OR protoconsciente en una experiencia fenoménica completa y rica y en una acción volitiva no computable, se requeriría algún tipo de proceso computacional cuántico organizado (“orquestado”)” Pág. 411

“A diferencia de otras teorías, Orch-OR atribuye la conciencia a cálculos cuánticos en microtúbulos dentro de la neuronas cerebrales, más concretamente dentro de las dendritas y el soma de las neuronas piramidales corticales de la capa 5. Estos cálculos cuánticos están orquestados por microtúbulos, y se entrelazan, evolucionan y terminan mediante la “reducción objetiva” OR de Penrose, introduciendo la no computabilidad y la experiencia consciente.” Pág. 442

Hay varios asuntos en todo esto que se pueden cuestionar. La primera sería ésta: ¿Por qué este acontecimiento iba a producir protoconciencia? Es un salto ontológico muy importante, se está diciendo que un cambio desde una indefinición (una nube) hasta una definición (una gota) produce algo de naturaleza completamente distinta, una protoconciencia, algo categorialmente diferente de aquello que estamos tratando. Es una apuesta muy arriesgada.

Otra crítica es la de la orquestación, ¿Por qué esta multiplicidad ingente de protoconciencias iba a coordinarse de la manera que lo ha hecho? Y sobre todo ¿Cómo constituye esta sensación de unidad que tiene la conciencia?

Para la existencia del ego, tan necesaria es la conciencia como la memoria. El tema es tratado de pasada en el texto de Hameroff, da un boceto del mismo en la pág. 419:

“Las neuronas cerebrales no se dividen. Estas neuronas, una vez formadas, pueden crecer, formar nuevas sinapsis y reestructurarse (basándose en gran medida  en las actividades de los microtúbulos), pero no se someten a mitosis. Por tanto, muchos microtúbulos neuronales son estables, aunque los de los axones pueden “caminar”, ensamblándose en un extremo y desensamblándose en el otro. Pero los microtúbulos dentrítico-somáticos están “tapados” y no añaden ni pierden tubulinas en sus extremos. Como cada tubulina de un microtúbulo cerebral puede ser una de 22 isoformas diferentes, y cada una de ellas puede también modificarse postraduccionalmente de una de 5 formas diferentes, o fosforilarse, etc., y como los microtúbulos dentrítico-somáticos son entramados estables, y como hay unas 10 elevado a 8 tubulinas por neurona, ofrecen “lechos de memoria” ideales, precisamente donde se produce la conciencia según Orch-OR.”

En la pág. 449 dice: “Los microtúbulos codifican y procesan la información cognitiva, incluida la memoria, como estados de las tubulinas dentro de las redes de microtúbulos en el interior de las neuronas cerebrales. La conciencia Orch-OR puede entonces modular activamente la cognición.”

Sin embargo, es una mezcla un tanto extraña ubicar en el mismo sitio conciencia y memoria, si ya parece extraordinariamente complicada la orquestación de las protoconciencias que da como resultado esa “sensación” de unidad que todos tenemos de nuestra conciencia, aun se complica más si suponemos que lo mismo que genera la conciencia almacena la memoria en el mismo lugar. Es una mezcla complicada. Aunque el yo sé destile y configure del poso de los recuerdos acumulados, el yo en si mismo no los tiene presentes continuamente (ni podría). Parece haber una separación entre ambos entes (yo y memoria), parece que las personas que pierden la memoria siguen disponiendo de un yo operativo (aunque limitado). Mi madre, enferma de alzhéimer, como no me recordaba, al ser preguntada quien era yo, una vez respondió  “una buena persona”, sin embargo, ante el incordio de una mosca que le recorría la mano la espanto de un manotazo.

Esa diseminación de la memoria por todo el cerebro haría complicadísimo la localización de los recuerdos.

En su propuesta, un ordenador podría tener conciencia, así dice  en la pág. 421:

“Los ordenadores cuánticos que pudieran evitar la Decoherencia/OR prematura y fueran capaces de organizar adecuadamente, u “orquestar” la información cuántica , podrían evolucionar para terminar o “detenerse” por OR “orquestada” en el tiempo t=h/Eg, dando lugar a un momento consciente.”

Esto se basa en su propuesta de que la conciencia brota de los procesos OR, sin acotar ninguna característica de los mismos, de tal manera dice Penrose, pág. 368:

“Se propone que existiría  una realidad auténticamente evolutiva  en la que se estarían produciendo todo el tiempo numerosos  acontecimientos OR no coordinados.”

En mi propuesta esto no sería así, solo  determinados acontecimientos inextricablemente unidos a la materia viva pueden dar lugar al entrelazamiento entre una parte esa materia biológica  y el Lado 2. Por lo tanto la protoconsciencia solo se empezaría a dar en seres vivos. Quizás algún día, cuando se conozca en profundidad el mecanismo, podría replicarse artificialmente diseñando estructuras para que en una entidad no biológica pudiera darse dicho entrelazamiento, no sabemos si tal cosa pudiera llegar a ser posible. Porque la configuración del ego (que no olvidemos se encuentra en el Lado 2) surge de un proceso muy largo asociado a entes vivos con determinadas experiencias, y no sabemos si esto sería reproducible artificialmente.

No sé si mi admirado Mario Bunge llegó a conocer la presente teoría, pero supone una posible realización de su tesis de un materialismo emergentista donde la mente surge de niveles ontológicos previos. La teoría por la que yo me decanto está más en la línea de mis otros tres admirados, Gustavo Bueno, Henri Bergson y Plotino.

La lectura del presente libro y sobre todo de los dos artículos mencionados de Hameroff y Penrose me has estimulado para profundizar un poco más  en mi propuesta filosófica que he denominado Materialismo ontológico onírico, de tal modo que ya estoy trabajando en otro artículo relacionado con el tema y que se llamara Ego y memoria.


martes, 11 de junio de 2024

DESARROLLO PRACTICO DEL MATERIALISMO ONTOLOGICO ONIRICO

 




DESARROLLO PRACTICO DEL MATERIALISMO ONTOLOGICO ONIRICO

Fermín Huerta Martín

 

Quiero expresar en estas breves líneas un desarrollo práctico de mi filosofía, que he venido en llamar Materialismo ontológico onírico, las bases teóricas de la misma pueden encontrarse en mis artículos:

Materialismo ontológico onírico y Teoría filosófico-onírica de los dos lados.

Si aceptamos esta propuesta como verdadera cabe un desarrollo práctico de la misma que yo he venido ejerciendo de manera espontanea en los últimos tiempos, configurando lo que casi se podría llamar una Religión del Sueño, Religión en tanto contendría Fe y Ceremonias , el problema es que yo no soy muy dado a ninguna de estas dos cosas, las ceremonias me producen alergia emocional y en realidad no tengo fe en mi filosofía, me encuentro ante ella como el científico que descubre un nuevo virus mortal que no le gusta pero ante el cual no tiene más remedio que aceptar que existe. Después de mi etapa religiosa verdadera, de puro catolicismo (https://ferminhuerta.blogspot.com/2012/08/fervoroso-creyente-fervoroso-agnostico.html) me fui acostumbrando al horizonte nihilista de la conciencia que propone el materialismo, su disolución post mortem, me terminó pareciendo una idea acogedora y cálida, la disolución del ego en la nada. El “descubrimiento” que está implícito en los postulados del MOO (materialismo ontológico onírico) del destino de la conciencia tras la muerte vino a cambiar el horizonte de placidez que me proponía esa nada por una inquietante semieternidad onírica.

Para el que le de pereza leer los artículos mencionados (donde se pretende una fundamentación de las conclusiones) resumo mi propuesta ontológica: después de la muerte entramos en una fase de sueño del que no vamos a despertar, como se sabe el término Sueño se usa tanto para el acto de dormir como para la actividad del cerebro mientras duerme. Para no confundirnos se puede usar el término ensoñación para diferenciar la fase onírica de contenidos del sueño de la mera inconsciencia sin tal actividad. Así podríamos reescribir que tras la muerte entramos en una fase de ensoñación permanente sin despertar. Como se sabe en los presupuestos del catolicismo esta la creencia de que si somos buenos iremos al cielo (simplificando), este dato tiene una cierta correlación con nuestra propuesta que traducido sería: si tienes una buena vida tendrás  buenos sueños. Desgraciadamente no está enteramente en nuestras manos tener una vida agradable, gran parte de nuestra existencia consiste en adaptarnos a ese triste hecho. La formación del carácter (y en esto las lecturas filosóficas son esenciales) debe tender a suavizar esa realidad, a hacernos más llevadera la existencia a pesar de los contratiempos, debemos habituarnos a las desgracias. Podríamos hablar de domesticar las emociones, claro que si estas nos hacen humanos es tanto como hablar de deshumanizarnos con el objeto de no perder el control de nuestra vida.

En una primera aproximación, todo esto tiene un carácter práctico en vida, quien controla sus emociones, quien está preparado para lo imprevisto puede reaccionar mejor frente a la adversidad y de alguna manera sufrir menos. En una segunda aproximación tiene un carácter práctico en muerte. Esta actitud no hará que tengamos bueno sueños post mortem, hará que no nos afecten tanto. El carácter está diluido en ese Lado 2 que produce los ensueños, no se pierde tras la muerte, si en vida nos ayuda a sobrellevar los sinsabores de la existencia, tras la muerte nos ayuda a “digerir” mejor los malos sueños.

Consecuentemente nuestra “Religión” debe incluir una formación del carácter, una parte importante del mismo se hace a través de lecturas filosóficas, donde la noción de BIEN tiene una importancia capital. Hay otras cosas modeladoras del carácter como la cuestión de la disciplina, los que hemos tenido vida militar aprendimos eso a temprana edad y de la forma más traumática. Superado el trauma el resultado merece la pena, sin disciplina y capacidad de sufrimiento son pocas las cosas que se pueden conseguir en este mundo.

Los sueños en vida son un ensayo de los sueños en muerte, la diferencia es que duran unas horas y despertamos, pudiendo reflexionar sobre ellos. En los sueños post mortem no hay reflexión porque no hay despertar y porque el yo liberado de sus obligaciones en vida se relaja hasta casi diluirse en el proceso de soñar, quedando un pequeño poso de ego, pero sin llegar a desaparecer. Para ello nuestra religión nos encamina con todo lo dicho al equilibrio del ego tras la muerte sobrellevando nuestros sueños. Tenemos una ventaja, por largo que sea ese periodo de sueño mortuorio (no descarto que sea permanente aunque me inclino por una disolución total de los restos del ego),  el yo privado de cuerpo no puede ya aprender ni olvidar ni cambiar, permanece tal cual en el tiempo. Eso quiere decir que el esfuerzo preparatorio en vida no es en vano y le vamos a sacar provecho.

Como digo la práctica de nuestra Religión del Sueño exige una disciplina existencial fundamentada en lecturas filosóficas que nos nutren de una gran variedad de modelos metafísicos sobre la realidad. Las lecturas son una fuente de conocimiento y este resultado, así como el proceso de obtenerlo son una fuente de placer. Este placer nos da a su vez mejores sueños. Prácticamente la mitad de mis sueños están relacionados con libros, librerías, revistas, tebeos, bibliotecas, autores y colecciones, y aunque algunos tienen un componente de angustia, la mayoría son placenteros.

La ceremonia mas importante en nuestra Religión es ir a dormir, ya sea una siesta, ya sea el dormir nocturno. En el dormir se da un acontecer metafísico, no es que se active el Lado 2, que siempre está conectado, es que se desactiva el Lado 1, el que regula nuestra vida consciente. Por ello, es el acto más importante del día, un acto sagrado, durante el periodo del sueño hacemos un ensayo de lo que será nuestro devenir post mortem. Siempre se sueña, se recuerde o no, pues el Lado 2 no puede no tener actividad.

Los momentos previos al ir a dormir han de ser de contenido regocijo, pues nos adentramos en una experiencia que no solo tiene el placentero premio del descanso del cuerpo sino que nos deja frente a la experiencia metafísica del ensueño. Los momentos posteriores al despertar son igualmente importantes, hay que intentar recordar lo soñado, a veces está nítido, otras veces es una neblina sinuosa, cuando el recuerdo es vivo, recomiendo anotar el sueño, resulta interesante acumular estos sueños recordados, releerlos al cabo del tiempo, en ellos se muestran las tendencias de nuestro mecanismo onírico que seguramente mantendremos tras la muerte.

El ensueño es el reino de la libertad al margen de la voluntad, es como ser libre al margen de uno mismo, ¿no es contradictorio? Pero es que ese “uno mismo” en que normalmente pensamos es el yo practico atrapado en un cuerpo lleno de obligaciones necesarias para sobrevivir en el mundo del Lado 1, pero ese no es el mismo yo del Lado 2 que termina resultando ser el post mortem. En el Lado 2 no existen obligaciones ni amenazas, ni posibilidad de entrar en contacto con otro yo, ni por supuesto comunicarnos con otros en ninguno de los dos Lados.

En esa situación lo que queda del yo del “uno mismo” es apenas un mecanismo que se dedica a soñar, el mecanismo se basa en una “aleatoriedad condicionada” mientras estamos vivos, pero tras la muerte la parte condicionada va desapareciendo progresivamente, el shock que nos produce nuestra propias muerte condiciona nuestros primeros sueños post mortem, dependiendo del carácter (de nuevo) de cada uno y de lo asumido que tengamos el hecho de nuestra muerte (algo que se debería entrenar toda la vida), este shock terrible puede durar más o menos tiempo (tiempo medido desde las coordenadas de los seres vivos), pero, inexorablemente al cabo del tiempo, se pierde la parte condicionada del ensueño y se entra en una aleatoriedad “pura”. Esta fase es extraordinaria, nunca la hemos experimentado mientras hemos soñado estando vivos, tenemos para el mecanismo del sueño la totalidad de nuestros recuerdos (según Bergson la memoria almacena la totalidad de nuestras experiencias) por lo que el resultado puede ser fascinante. Si en vida ya experimentamos sueños que nos parecen alucinantes, en esa fase pura esto se incrementa absolutamente. Siempre quedara, aunque atenuado, la sensación de angustia o placer que estas ensoñaciones nos producirían en función del contenido de esos recuerdos.

Ahora quiero plantear la siguiente pregunta: ¿se acumulan como recuerdos los sueños post mortem? En mi artículo Materialismo ontológico onírico escribí este anexo:

“¿Cesa la memoria tras la muerte del cuerpo de guardar recuerdos o puede almacenar los sueños? Ambas posibilidades están abiertas a consideración, por una parte si planteamos que la memoria es un auxiliar imprescindible para la existencia humana, con la muerte del cuerpo esta necesidad desaparecería. El lado 2 desconectado del lado 1 es autosuficiente y aislado, no tiene que luchar contra nadie por la existencia, un aumento de la memoria es esas circunstancias solo aumenta la variedad de los sueños futuros, pero no se necesita para preservar su existencia. Por otra parte, en vida del cuerpo, recordamos los sueños y los incorporamos a la memoria, por lo que este proceso puede seguir dándose tras la muerte del cuerpo.”

A nivel científico existen teorías de porque se recuerdan o no los sueños, en cualquier caso estos mecanismos cerebrales desaparecerían después de morir. Mi opinión actual (aunque lo considero un problema abierto) es que el mecanismo de memorizar desaparece tras morir y que por lo tanto los sueños tenidos tras la muerte no realimentan la memoria como nuevos elementos para crear sueños, la memoria es en primera instancia una necesidad practica para la supervivencia en el Lado 1, lo que luego termina siendo después de la muerte sería algo así como un efecto no deseado, tampoco es un efecto deseado la unión de ambos Lados. Es un hecho que ha ocurrido y que ha dado un resultado.

En mi texto Teoría filosófico-onírica de los dos lados digo en el anexo 3:

“La segunda materialidad solo puede comunicarse usando los cuerpos en la primera materialidad, cuando se desconecta del cuerpo “vive” para sí misma sin posibilidad de comunicación, sus sueños son su nueva vida, alimentados por su memoria integral y construidos en “historias” por su yo. La materia en el lado 2 es como una cinta de casete virgen vacía, así no puede desarrollarse el yo que está en potencia allí. Cuando la materia del lado 2 contacta con la del lado 1 empieza a grabar, a registrar todos los acontecimientos, paralelamente el yo se desarrolla en base a esa información según se amplía la memoria. Los sueños son el “entrenamiento” de lo que nos acontece tras la muerte, en el sueño, el yo distendido construye historias con lo almacenado en la memoria. En el lado 2 se vive solo para sí mismo, no hay posibilidad de comunicación con otras partes del lado 2, eso solo es posible en el lado 1. Tras la muerte, los restos del cuerpo humano se disgregan en el lado 1, pero en el lado 2 su materialidad ya no es interrumpida por el ciclo vigilia/sueño, libre de esa necesidad, vuelve a vivir solo para sí mismo, esta vez con un contenido de memoria que garantiza la multiplicidad de sueños-historia. Al igual que el casete, su función es durar hacia delante. Es decir, preservarse en el tiempo como estructura material y avanzar en su movimiento de construirse sueños.”

Me reitero en ello, la comunicación solo es posible donde existe el espacio “clásico”, en el Lado 2 el concepto de “espacio” solo es viable como metáfora del espacio  clásico, la principal consecuencia de esto es que no es posible la comunicación ni el contacto entre los yos oníricos. El yo del Lado 2 solo puede “comunicarse” hacia dentro (si es que esto tiene algún sentido) con sus propios recuerdos, que finalmente lo constituyen. Pero como sostengo, es un yo muy disminuido dado que no debe hacer nada para sobrevivir, el único mecanismo que mantiene de cuando vivía en el Lado 1 es el de fabricar sueños constantemente. No habrá asimilación consciente de nada porque a ese estado no se le puede llamar consciente comparándolo con cuando se vivía plenamente.

No pretendo con este desarrollo fundar una nueva religión, ni ser un nuevo gurú, soy plenamente consciente de que las reflexiones aquí expuestas son altamente especulativas, toda la filosofía no es más que una larga sucesión de especulaciones, desde la más elaborada tesis idealista a la más  estricta filosofía científica. Pero de alguna manera me siento obligado a hacer públicas todas estas divagaciones que a muchos les parecerán absurdas. Lo veo como un deber. Es una ocasión propicia para comunicarse, entrar de alguna manera en contacto con “otros” seres humanos, algo que según mi tesis no podré hacer después.

 

 

 

 

viernes, 29 de diciembre de 2023

DIVAGACIONES SOBRE LOS TRANSFINITOS DE CANTOR




 



DIVAGACIONES SOBRE LOS TRANSFINITOS DE CANTOR

Fermín Huerta Martín

 

“Me imagino un conjunto como un abismo”

Fundamentos para una teoría general de conjuntos

 

El tema del presente artículo ya fue tratado de alguna manera en mi anterior texto titulado Niebla en la niebla escrito en 2005 y publicado en mi blog en 2012. Dejo al lector interesado la valoración de si contradigo o reafirmo lo allí expuesto.

GALILEO

Una obligada introducción al tema es la paradoja de Galileo, en el magnífico libro de Julián Garrido titulado Verdad matemática (Nivola 2003) se encuentra una clara exposición del mismo, básicamente consiste en presentar dos colecciones de números “los naturales (IN) y “los pares y el cero (IP)” que tienen dos relaciones IP es parte de IN y IP puede emparejarse con IN, con lo que llegaba a la paradójica conclusión de que IP tiene menor número de elementos que IN y IP tiene el mismo número de elementos que IN. Cantor soluciona la paradoja con su noción de infinito actual, definiendo un conjunto infinito como aquel que tiene un subconjunto propio biyectable con él.

Esta primera reflexión es muy importante y marca el desarrollo posterior de la investigación en un punto fundamental. Consideremos el conjunto de los números naturales sin el cero, este conjunto es infinito, no tiene un último elemento, si tiene un primer elemento que sería el uno, es fácil ver que está compuesto a su vez por dos conjuntos, los números pares y los impares, ambos conjuntos a su vez son infinitos, dado que tampoco tienen un último elemento pero si un primer elemento, el 2 y el 1. Copio dos frases:

“Aplicando el mismo principio de correspondencia, demostró que la propiedad que Galileo había considerado paradójica era, en realidad, una propiedad natural de los conjuntos infinitos. El conjunto de los números pares es equivalente al conjunto de todos los números enteros positivos, pares e impares reunidos, porque los emparejamientos entre miembros de uno y otro conjunto pueden proseguir por siempre, sin omitir a miembro alguno de ninguno de ambos conjuntos (…) Podemos emparejar, uno por uno, los números enteros con los números pares, sin que ninguno de ambos conjuntos llegue a AGOTARSE. Por consiguiente, aunque pueda PARECER que hay más números enteros que números pares, ambos conjuntos tienen en realidad el MISMO número de elementos.”

Joseph W. Dauben. Investigación y ciencia nº 83.

“La intuición nos dice que DEBERIA haber el doble de números naturales que de pares, pero la correspondencia uno a uno dice que hay los mismos números en cada conjunto.”

Bryan H. Bunch. Matemática insólita.

A esta forma de proceder lo denominaremos estrategia mecánica.

DIAGONAL

El argumento de la diagonal lo creo Cantor con la finalidad de demostrar la imposibilidad de biyectar IN con los números comprendidos entre 0 y 1. Una vez escritos esos números bastaría con cambiar el primer digito del primer número, el segundo digito del segundo número, etc., así obtendríamos un número  que sería diferente del primero en el primer número, diferente del segundo en el segundo número, etc. (Ver Wikipedia para más información).

A esta forma de proceder lo denominaremos estrategia dialéctica.

Es necesario introducir esta distinción de procedimientos con el objetivo de clarificar el enfoque crítico que voy a realizar sobre algunas propuestas del matemático Georg Cantor en torno a los números transfinitos, con tal fin he propuesto estos dos criterios de estrategias que he dado en llamar estrategia mecánica y estrategia dialéctica, de tal manera podemos decir que en la biyección IP y IN estamos usando una estrategia mecánica, de cierta simpleza, basta colocar los dos conjuntos ordenados uno al lado del otro y proceder a la biyección, de haber seguido utilizando siempre esta estrategia no hubiera podido “demostrar” lo que quería, así que en la biyección IN e IR abandona este modelo de estrategia y adopta la estrategia dialéctica, en este caso en forma de su famosa diagonal, aquí ya se abandona la supuesta “simpleza” de la estrategia mecánica para entrar en algo mucho más elaborado.  En algunos ejemplos donde se trata la creación de la diagonal no se ordena el conjunto IR, este hecho tendría una doble interpretación, primero lastraría la posibilidad de una estrategia mecánica en la biyección y después serviría para resaltar más la aparición del nuevo número que “demostraría” la  imposibilidad de la biyección. Este hecho no parece ser tomado en toda su gravedad por parte de los que aplauden la aparición de ese número casi como una revelación matemática maravillosa. Pero una vez creado queda la cuestión de su ubicación en el conjunto, un conjunto fácilmente ordenable dado que está compuesto de números naturales. Por lo tanto la serie entre el 0 y el 1, tanto en extensión a la derecha como en sucesión hacia abajo, es ordenable. De hecho hemos aceptado los puntos suspensivos (que en mi anterior artículo había criticado) y lo hemos hecho de buena fe, tanto a la derecha como hacia abajo, sin embargo esa buena fe es traicionada al suponer que el número creado con la diagonal no se encuentra en un listado fácilmente ordenable al estar compuesto de números naturales.

Aunque el argumento está pensado para negar la numerabilidad del tramo 0 y 1, su planteamiento parece más enfocado en negar la capacidad de realizar correctamente una tarea sencilla. Se pide que se construya una lista de los números comprendidos en ese intervalo, la tarea no parece difícil ya que todos los miembros de la lista están compuestos de números naturales fácilmente ordenables. Sin embargo Cantor nos dice que él es capaz de encontrar un número que no está en la lista, es decir está llamando tonto al hombre o la maquina que ha trabajado en su realización, a pesar de que la tarea no parece difícil. La cuestión es bien diferente, en realidad el encargo de construir tal lista es inabordable para el hombre y para la máquina. Defendía Quique Ruiz en sus críticas a mi artículo Niebla en la niebla, la necesidad de los puntos suspensivos, si aplicamos el mismo principio aquí, los puntos suspensivos suplen un desarrollo imposible de realizar, pero cuyas premisas de realización están claramente establecidas. La diagonal es inaplicable a un conjunto finito tratable de alguna manera, solo mostraría un ERROR de realización de la tarea si se encontrase un número que debería aparecer en la lista pero que no aparece. De ese error en el conjunto infinito, Cantor deduce su no numerabilidad. No dejan de ser graciosos algunos ejemplos que se usan normalmente para ilustrar este desarrollo de Cantor, por su facilidad para localizar usaré el de la Wikipedia: “Se colocan los números en la lista (no necesariamente en orden).” En muchos sitios se ponen los números desordenados, creo yo con la esperanza de que el efecto de la aparición del nuevo número sea más sorprendente. Esta frase “no necesariamente en orden” es clarificadora, porque presupone la posibilidad de su ordenación, algo evidente. A pesar de ello se acepta, de manera acrítica y ridícula, que el número creado no puede estar en una lista perfectamente ordenable.  Yo me pregunto ¿Por qué el encargado de realizar la lista iba a olvidarse del número 0´6251346… que es el ejemplo de la Wikipedia? Si esta ilusión es posible se debe no a que no sea numerable (como luego demostraré) sino a lo ya mencionado de que la tarea de construir tal lista es imposible, inasumible, sin embargo la existencia teórica de esta lista COMPLETA (y a eso va encaminado el uso de puntos suspensivos) es posible, lo que inhabilitaría totalmente la propuesta de Cantor. Un enfoque de esta posibilidad lo encontramos en el artículo de Carlos Calleja Xifré Los infinitésimos como números transfinitos y la continuidad matemática (Actas del II Congreso de teoría y metodología de las ciencias. Pentalfa 1984), donde plantea la lista empezando con el 0´00…001 y termina con el 0´999…999. Esta utilización del infinito “hacia dentro” que Quique no entendía en mi anterior artículo puede servir de muleta visual de la posibilidad de realizar la lista, dado que formado un número (con la ayuda de los puntos suspensivos) se le puede aplicar “el siguiente de”, la verdad es que escribir (sin puntos suspensivos) cualquier número de la lista es tan inabordable como escribir la lista entera. La utilización del infinito hacia dentro solo retrasa la toma de conciencia de la imposibilidad de realizar el trabajo y la gratuidad del planteamiento de la diagonal.

Por supuesto también es una estrategia dialéctica la de usar “biyecciones autorreferentes” con el mismo objetivo de anular la posible biyección y demostrar la diferencia de tamaño de los conjuntos. En este segundo caso se puede ver con más claridad aun la diferencia mecánico/dialéctico, puesto que se crean conjuntos en cuya definición entran los miembros del otro conjunto biyectado.

Una vez establecidas las dos estrategias y su alcance, nos debemos plantear la siguiente cuestión:

¿Qué ocurriría si solo aplicáramos una estrategia en cada ejemplo y siempre la misma?

Probemos la situación, imaginemos que usamos en todos los casos la estrategia mecánica, como hacemos al biyectar IP con IN, por ejemplo en la biyección IN e IR, dado que ambos conjuntos son infinitos, la biyección no acabaría nunca y por lo tanto ambos conjuntos tienen el mismo tamaño, lo mismo ocurriría al biyectar IN y su conjunto potencia.

Ahora usaremos exclusivamente la estrategia dialéctica, al biyectar IP y IN podemos biyectar todos los miembros de IP con los pares de IN, dado que nos sobran en esa biyección todos los impares, podemos decir que IN es más grande que IP, concretamente el doble de grande, el doble de infinito.

En la biyección IN con su conjunto potencia, podemos biyectar todo IN con los conjuntos unitarios de ese conjunto y sobrarían todos los demás, con lo que podemos decir que el conjunto potencia de IN es mucho más grande que IN, siendo ambos infinitos.

Un caso curioso es el de la numeración de los números racionales, Cantor “demostró” la numerabilidad de estos números, es famoso el cuadro donde coloca tales números y luego les da un orden con flechas que revelan la posibilidad de “contarlos”. En el cuadro se disponen en filas los números de la siguiente manera, en la primera fila todas las fracciones con numerador 1 y denominador cambiante. En la primera columna todas las fracciones con numerador cambiante y denominador 1. Las flechas indican su camino que empieza 1/1, 2/1, 1/2, 1/3, 2/2, 3/1, 4/1, 3/2, 2/3, 1/4,… etc. Esta sería una mezcla de estrategia dialéctica y mecánica, sin embargo es fácil ver que podemos usar una variante de este proceder que demostraría lo contrario, basta observar que es suficiente la primera fila (o columna) para “agotar” IN. Así es, dado que los denominadores de la primera fila ya son todos los números naturales. Por lo tanto, el conjunto de fracciones (números racionales) sería, al igual que el conjunto potencia de IN, mucho mayor que IN.

Parece como si las contradicciones surgieran al cambiar de estrategia, usemos siempre la misma. Cuando tenemos un argumento evidente y claro que nos permita decir sin dudas cuando un conjunto infinito es más grande que otro igualmente infinito, no deberíamos dudar en usarlo y aceptarlo. Esto iría en contradicción con la aritmética de los transfinitos presentada por Cantor donde Alef cero mas Alef cero es igual a Alef cero, en nuestro caso A cero (IP) más A cero (II) es igual a 2 A cero (IN). Siempre que de forma inequívoca podemos establecer una comparación de este tipo no debemos temer hacerlo.

En realidad podría decirse que solo existe un conjunto numérico infinito, el de los naturales, podríamos llamarlo el conjunto infinito patrón, por su facilidad para contar, para numerar, para obtener el cardinal. Está compuesto de múltiples subconjuntos, a su vez infinitos, los pares, los impares, los múltiplos de cualquier número natural, los  primos, etc. El conjunto de los enteros sería un duplicado de este conjunto numérico patrón. El conjunto potencia de este conjunto patrón, también sería una multiplicación del conjunto patrón, pues ese conjunto potencia está compuesto del conjunto de unitarios que sería una copia del original, del conjunto de parejas, del conjunto de tríos, etc.

Los reales entre el 0 y el 1, si queremos decir algo sobre él, debe ser un conjunto operable, de lo contrario no tiene sentido ni hablar del tema, esto quiere decir que necesariamente el segundo número debe terminar en 1 y que la cantidad anterior, que era infinitos ceros, mengua en un numero, es decir pierde el “ultimo” cero que se convierte en un 1. ¿Podemos dejar el infinito para los restantes ceros? ¿Tiene esto sentido? ¿Es este infinito al que hemos cambiado un cero por un uno igual de grande?

Si queremos operar con este conjunto debemos aceptar una serie de normas, de lo contrario no tendría sentido plantearnos ninguna cuestión ni intentar estrategias mecánicas o dialécticas en la biyección.

Por lo tanto, debemos considerar este infinito como acotado al principio y al final, siendo un infinito hacia dentro. Esto nos permite dar el salto de infinitos cero a terminado en uno y así poder construir la sucesión, con lo que se puede plantear la biyección con los naturales. En la práctica solo podemos nombrar algunos miembros del conjunto, como el numero infinitos unos, o doses, etc., o el “sucesor de” de esos números. En realidad, el mero salto de los números 0,00… a 0,10… es ya inviable ni para el hombre ni para la maquina, pero fingimos que lo podemos hacer para plantearnos las cuestiones de la biyección.

El intervalo 0-1, en números reales es infinito, cada uno de sus integrantes a su vez, son infinitos, pero en estos intervalos acotados pero infinitos hay algo que chirria, como he dicho el segundo miembro debe ser el infinitos ceros y acabado en uno, al igual que el intervalo 0-1 este primer número también empieza por cero y acaba en uno y el infinito es hacia dentro ¿Cuál es la naturaleza de este infinito hacia dentro? Porque si hablamos del último número, el infinitos nueves, parece menos conflictivo, porque el infinito no parece hacia dentro, aunque de hecho debería serlo al igual que el anterior, aunque también debe acabar en 9 necesariamente, pero ¿puede “acabar” un número infinito? De no ser así no podríamos hablar del intervalo 0-1.

Es en esta indefinición del asunto donde creo que se asienta el argumento de la diagonal de Cantor, como no sabemos muy bien de que estamos hablando por eso podemos hacer surgir un número nuevo, que no estaría en la lista, pero no.

En este avanzar del infinitos ceros terminado en 1 hasta el infinitos 9, no se alcanzaría nunca, pero como sucesión lógica si debe ser posible y a esto nos agarramos para hacer la construcción del intervalo. Pero claro esta “lógica” está basada en nuestra intuición finita.

Y SIN EMBARGO CANTOR TENIA RAZON

Pero no por el argumentos de la diagonal, que ya he demostrado que es falso, sino por la distinción que el mismo establece entre los números enteros finitos y los infinitos

El asunto clave de toda esta exposición lo encontramos en la pág. 123 de su Fundamentos para una teoría general de conjuntos (Editorial Crítica 2006), donde dice:

“Mostraremos ahora cómo se llega a las definiciones de los nuevos números y de qué manera surgen los segmentos naturales que yo llamo clases numéricas  en la serie absolutamente infinita de los verdaderos números enteros. A esta explicación quiero añadir solamente los principales teoremas sobre la segunda clase numérica y su relación con la primera. La sucesión (I) de los verdaderos números enteros positivos 1, 2, 3,…, v (nu minúscula),… tiene su principio de formación en la repetida posición y unión de unidades que se toman por base y son consideradas como iguales; el número v es la expresión tanto de una determinada cantidad finita de tales posiciones, como de la unión en una totalidad de las unidades puestas. La formación de los verdaderos números enteros finitos se basa pues en el principio de agregar una unidad a un número ya formado y disponible; a este momento, que desempeña también, como enseguida veremos, un papel esencial en la generación de los números enteros superiores, lo llamo primer principio de generación. La cantidad de números v de la clase (I) así formados es infinita y no hay ninguno que sea el mayor de ellos. Aunque sería por tanto contradictorio hablar del mayor número de la clase (I), no hay por otra parte nada objetable en concebir un nuevo número, al que llamaremos w (omega minúscula), que será expresión de que la colección (I) completa está dada regularmente conforme a su sucesión natural. (Similarmente a como v expresa que una cierta cantidad finita de unidades han sido unidas en una totalidad). Es admisible incluso considerar al recién creado número w como el límite al cual tienden los números v, siempre y cuando no se entienda por esto sino que w ha de ser el primer número entero que sigue a todos los números v; esto es, ha de ser considerado mayor que cualquiera de los números v.”

El mismo menciona la palabra “contradictorio”, porque se habla de que una colección infinita está dada. Es más claro cuando considera a w como el límite al cual tienden los números v. Esto se puede interpretar de la siguiente manera: los números naturales finitos (en extensión de cifras de cada número) son infinitos en cantidad de tales números, dado que siempre podemos añadir una unidad a cualquiera de ellos y por tanto ampliar la colección, por lo tanto se puede decir que cualquier numero natural finito tiene infinitos ceros a su izquierda sea como sea de grande el número, sin embargo imaginamos otros números que ya parten directamente de la infinitud, el más pequeño de ellos sería w, el cual ya tendría una extensión de cifras infinita, w sería infinitos ceros, con las normas actuales los ceros a la izquierda no significan nada, en esta teoría esto debería cambiar, igual que Cantor considera que w no es par ni impar, ni tiene validez la propiedad conmutativa, nosotros debemos cambiar la norma de que los ceros a la izquierda no valen nada, así tendríamos que decir que lo mismo que es cero el primer número natural, infinitos ceros sería el primer transfinito, esta noción de infinitos ceros debe entenderse como una extensión determinada, de tal forma que si decimos “infinitos ceros y terminado en uno” debemos suponer que tiene la misma extensión, de tal forma que se ha sustituido un cero por un uno. En este contexto lo que Cantor quiso decir con su diagonal, sería reexplicado. El intervalo O-1 no puede biyectarse con los números naturales.

El primer transfinito sería infinitos ceros, y sería mayor que cualquier número natural, de la misma manera que el número cero es mayor que cualquier número negativo, no es lo mismo no tener dinero que tener deudas, en el número transfinito infinitos ceros ya estarían acumulados todos los números naturales, sería w. Así definiríamos que un número natural, por muy grande que sea siempre está compuesto de una cantidad finita de cifras, mientras que un número transfinito siempre se compone de una cantidad infinita de cifras, en la biyección que pretendemos realizar en la Diagonal de Cantor, entre el intervalo 0-1 y los naturales, ocurre lo siguiente, aunque los números transfinitos estén compuestos de infinitas cifras, pueden tratarse como una unidad, así al número infinitos ceros lo biyectamos con el cero, al siguiente, infinitos ceros y terminado en uno, lo biyectamos con el uno y así sucesivamente. Este proceso es muy interesante. Si suponemos una estrategia mecánica tendríamos que decir que la biyección sería posible, pues por inducción los naturales no se acabarían nunca y los suponemos suficientes para cubrir el otro conjunto, sin embargo si aceptamos la distinción entre números finitos y números transfinitos, en ese proceso hay un salto que los naturales no pueden dar por inducción, lo que impediría la biyección.

Resumiendo, consideramos que cualquier número natural, por muy grande que sea, tiene una cantidad de ceros imaginarios a su izquierda infinita y que nunca puede romper esa barrera por más que crezca, sin embargo un número transfinito ya parte de la infinitud y por consiguiente no tiene que romper esa barrera, así podemos pensar un transfinito que tenga solo cuatro ceros a su izquierda, y la infinidad quede a su derecha, o un transfinito del que conozcamos su primer y último número y que la infinidad quede “en medio”, por supuesto, este “en medio” quiere decir que también tiene infinidad a su izquierda y a su derecha.

Es por esta razón por la que la biyección no puede realizarse, los naturales no pueden romper la barrera interna del infinito y por lo tanto no pueden biyectar a los que sí lo han hecho ya.

 

“La esencia de la matemática radica precisamente en su libertad”

Fundamentos para una teoría general de conjuntos

 

 

  

jueves, 20 de octubre de 2022

ESPACIO, MEMORIA Y ENSUEÑO EN EL EGO TRASCENDENTAL DE GUSTAVO BUENO

 


ESPACIO, MEMORIA Y ENSUEÑO EN EL EGO TRASCENDENTAL DE GUSTAVO BUENO

Fermín Huerta Martín

La noción de Ego trascendental la desarrolló Gustavo Bueno (1924-2016) en su libro Ensayos materialistas en 1972 (1), este año se cumplen 50 del que considero es su mejor libro, en el nº 40 de El Basilisco se publicó en forma de artículo único el texto El puesto del Ego trascendental en el materialismo filosófico (2), correspondiente a abril de 2009, este texto, con muy pocas modificaciones, se convirtió en el libro El Ego trascendental publicado por Pentalfa en 2016. Este verano dedique mi semana de vacaciones a leer el texto por tercera vez, leer y releer a Bueno siempre es un placer, incluso cuando no se está de acuerdo con lo que dice, su erudición enciclopédica siempre me ha apabullado y fascinado, su originalidad en algunos planteamientos, su manera de escribir, su seguridad, en fin un autor sin desperdicio. La lectura la acompañé (como siempre que leo cosas importantes) de un buen número de anotaciones de las cosas más relevantes (que en autores como Bueno suele ser casi todo), también lo acompañé de comentarios míos sobre estas anotaciones, al terminar me di cuenta de que destacaban tres temas en estos comentarios, el espacio, la memoria y el ensueño, pensé que había material para escribir un artículo.

Resulta curioso que ninguno de estos tres términos aparezca con entrada propia en el Diccionario filosófico de Pelayo García Sierra (4), ni en otras obras que incluyen Glosario de términos como el Vol. 5 de su Teoría del cierre categorial (5), o como otros libros que contienen glosarios más pequeños como Symploké (6), El mito de la izquierda (7), El mito de la cultura (8) o La fe del ateo (9).

MEMORIA

Igual de extraño resulta que la memoria no se recoja entre los contenidos de M2 de forma clara y explícita. En  Ensayos materialistas pág. 296 se habla de series de recuerdos. En El Ego trascendental pág. 224 dice: “Supuesto un organismo animal que se desplaza con solución de continuidad de un dominio hacia otro dominio de su medio entorno –desplazamiento que se representa en M1— se hace imprescindible, para el organismo animal, mantener su continuidad entre los dominios de los que sale y los dominios en los que entra.

Ahora bien: esta continuidad entre diversos dominios M1 no puede mantenerse a través de otros contenidos M1: sólo puede mantenerse a través de M2 (el dominio abandonado se mantendrá presente en la anamnesis, y el que va a ser ocupado estará presente por la prolepsis vinculada a una presencia apotética). 

Debemos precisar que lo que englobamos en el término anamnesis, no es tanto la “presencia del territorio abandonado en el organismo” sino la presencia de las interacciones que el organismo experimenta con el territorio. Ahora bien: la continuidad de estas presencias implicadas en el desarrollo de una capa segundogenérica (que irá proporcionando al organismo los cauces que necesita para habitar, aunque sea provisionalmente, en otros dominios, por ejemplo, en una laguna, para beber agua, y para orientarse en cada caso, según la posición relativa de su organismo, en tanto que motor activo del desplazamiento) tiene lugar en M2. Según esto la capa M2 que “tapiza”  la convexidad de los organismos globulares irá formándose ya en los primeros organismos protozoarios. En ellos habría que reconocer por tanto una vida psíquica tan rudimentaria como pueda serlo su propio organismo. Una vida psíquica que se hará más compleja y “espesa” en los organismos pluricelulares.”

Para de alguna manera corregir este lapsus de Bueno debemos acudir a su discípulo Javier Pérez Jara, dice en su artículo El materialismo filosófico y los formalismos terciogenéricos  (10): “Así, los pensamientos, recuerdos, sentimientos, &c., provienen, en su génesis, del sistema nervioso (contenido primogenérico), pero no se reducen a lo físico, sino que constituyen un nuevo género de materialidad, inconmensurable a los otros, independientemente de su génesis –sobre todo cuando los contemplamos desde la materia ontológico general–. Pongamos como ejemplo: aunque no haya recuerdos sin descargas de acetilcolina en el hipocampo del sistema límbico, &c., los recuerdos –contenidos segundogenéricos– no son «formas» de las descargas de neurotransmisores –contenidos primogenéricos– que están en la génesis; sino que la memoria es inconmensurable a las conexiones primogenéricas entre el sistema límbico, la corteza cerebral, &c., y sin las que, sin embargo, no podría existir bajo ningún modo)” “M2 designa la interioridad –sentimientos, recuerdos, proyectos, &c.)”.

Sin duda esta es la definición de M2 que Bueno tenía que haber dado desde un principio, reconociendo la importancia de la memoria dentro de M2. Ignoro cuál es la razón de que no lo hiciera.

ESPACIO

En Ensayos materialistas, Bueno hablaba de M1 como mundo exterior, M2 como interioridad y M3 como ni exterior ni interior. Así pág. 292, M1 “mundo físico exterior”, pág. 321 “entidades que caen en el ámbito de espacio”, M2, pág. 293, “mundo como interioridad”, pág. 322 “ámbito del tiempo presente”, M3, pág. 302 “objetos abstractos no exteriores ni interiores”, pág. 323 “no caen ni en el espacio ni en el tiempo”. En el tomo 5 de su Teoría del cierre categorial pág. 1421 habla de M1 con contenidos espacio temporales, M2 dados en el tiempo más que en el espacio y M3 ni espaciales ni temporales.

En el Diccionario filosófico de Pelayo García Sierra M1 y M2 están construidas con fragmentos de Ensayos materialistas y de ese volumen de TCC. No sé hasta qué punto ese diccionario fue supervisado por Bueno, en el Ego trascendental vuelve a decir, pág. 246: “Pero cuando asociamos necesariamente el espacio a M1 y el tiempo a M2”, como si mantuviera su primera definición dada en Ensayos materialistas. Pero me temo que ni el “arreglo” hecho por Pelayo en su diccionario es suficiente para solucionar la cuestión. Nos guste o no, no puede haber tiempo (desde el punto de vista fenoménico, ontológicamente es otra cuestión) separado de espacio, eso no implica aceptar la idea relativista del espacio-tiempo que desvirtúa el tiempo convirtiéndolo en una dimensión espacial. La lista de referencias espaciales a M2 son abundantes en El Ego trascendental:

206, M2 tiene contenidos.

214, concavidad o fuero interno.

215, vida psíquica interior y la materialidad segundogenérica se corresponden en extensión.

216, dominios de la materialidad segundogenérica que no alcanzan.

217, con una capa, estrato o tejido que “tapiza”.

298, el tapiz segundogenérico solo afecta a una capa muy fina, insignificante en extensión espacial. Es el género que está más próximo al sujeto.

En Ensayos dice, pág. 295: “la realidad del “espacio” constituido por los contenidos M2”. 296: “La naturaleza “privada” que dentro de este “espacio” corresponde a los contenidos de M2.”

En 322 matiza: “El espacio de que hablamos no es tanto un concepto cuanto un ámbito ontológico concreto, dotado de unicidad, cuyas partes están dadas en él como irrepetibles”.

Vamos a apoyarnos de nuevo para esta exposición en su discípulo más aventajado, mi admirado Javier Pérez Jara, en su texto Disputas ontológicas sobre temas cosmológicos (11)dice: “la materia primogenérica es un plenum energético en el que el espacio y el tiempo son la propia materia en una de sus formas de codeterminación diamérica (ya que la materia siempre es plural, y la pluralidad implica codeterminación) de tal modo que el espacio-tiempo de Minkowski de curvatura nula es sólo una entidad imaginaria, una entidad de M3 construida regresivamente, pero contradictoria físicamente.”

En La cosmología moderna como fuente de teorías metafísicas, monistas y míticas, dice: “1) el espacio-tiempo es un sistema de relaciones materiales (vertebrado por tanto por los principios de multiplicidad y codeterminación en symploké) resultante de la codeterminación diamérica de las masas gravitatorias de la materia cósmica. 2) El espacio-tiempo está ligado sinectivamente a la materia cósmica porque es la propia materia cósmica codeterminándose fundamentalmente a través de las masas gravitatorias (¿y sin masas gravitatorias cómo va a existir el espacio-tiempo que es una forma de codeterminación entre dichas masas? Es como pretender que existan colores sin cerebros ni ondas electromagnéticas). 3) El Universo de Minkowski no puede existir físicamente porque si existiese físicamente el espacio-tiempo estaría «lleno» de materia cósmica (sin la cual, obviamente, nada tiene significación física) que haría que la curvatura no fuese nula (sin la mediación de M1 el espacio-tiempo no tendría entidad física). 4) Es completamente irracional y absurdo hipostasiar el espacio-tiempo como «forma separable» de la materia primogenérica; el espacio-tiempo de Minkowski de curvatura nula sólo tiene una coherencia terciogenérica (que no se puede hipostasiar mediante un formalismo terciario); es una mera construcción matemática derivada que ha sido realizada regresivamente a través del ámbito fenoménico en el que actúa el sujeto operatorio.

También podríamos añadir un punto 5) fundamental, a saber: el espacio-tiempo está dado a escala de lo que el materialismo filosófico conoce como Ego trascendental (E) [que está muy relacionado con algunas formulaciones del principio antrópico débil]; si, por hipótesis, desapareciesen todos los sujetos operatorios de la realidad, desaparecería el espacio-tiempo, quedándonos en pleno territorio de la materia trascendental (M). Es absurdo pensar en un espacio-tiempo vacío hipostasiado, porque no es más que una mera construcción (contradictoria) dada a escala del Ego. Lo contrario, desde luego, es más bien un realismo ingenuo y metafísico que sólo puede abrirse paso tratando de hipostasiar contenidos (materiales por tanto) que en modo alguno son subsistentes por sí mismos.”

Dice Jara que el Espacio-Tiempo está dado a escala del Ego trascendental ligado a la materia cósmica, la cuestión es saber si esa materia cósmica que es un “momento” de la materia ontológico general tiene alguna similitud con esta, o si ese espacio es una “ilusión” de nuestro cerebro y no tiene nada que ver con el espacio ontológico en el que se desenvuelve la MOG, ni siquiera si la noción de espacio es pertinente para este ámbito, pero esto quizás no lo sepamos nunca.

Cuando hablamos de la formación del concepto de  espacio debemos citar a Henri Poincaré cuando en su libro Ciencia e hipótesis (12) pág. 108 nos habla del espacio representativo y el geométrico. Poincaré explica que la génesis del concepto de espacio proviene del espacio visual puro, del espacio táctil y del espacio motor. Distingue el espacio representativo del espacio geométrico, voy a usar la metáfora entre las diferencias de estos dos espacios que usa el matemático para nuestra diferenciación entre el espacio fenoménico y el ontológico. Así nos dice Poincaré, pág. 109: “Nuestras representaciones solo son la reproducción de nuestras sensaciones; no pueden, pues, colocarse sino en el mismo marco que ellas, es decir, en el espacio representativo”, Pág. 110: “Ninguna de nuestras sensaciones aislada, habría podido conducirnos a la idea de espacio; hemos sido conducidos a ella solamente estudiando las leyes según las cuales  esas sensaciones se suceden.” Pág. 109: “también nos es imposible representarnos los cuerpos exteriores en el espacio geométrico como le es imposible a un pintor pintar sobre un cuadro plano objetos con tres dimensiones”.

De alguna manera parece como si no pudiéramos escapar del concepto de espacio al hablar de ontología, también con relación a la materia ontológico general se usa la metáfora del espacio, así en El Ego trascendental pág. 45: “La idea de Ego trascendental, en la ontología del materialismo, en tanto desempeña el papel de eslabón entre la Ontología especial (el universo finito) y la Ontología general (que engloba aquellas realidades que actúan más allá del universo, pero también las realidades que actúan desde el interior, rebasando el propio Universo, no agotado por la perspectiva antrópica)”.

Pág. 77: “Materia M entendida, entre otras cosas, como el “reverso virtual” de un Universo finito pero ilimitado, que no tiene propiamente ni reverso ni entorno”.

Pág. 79: “Una multiplicidad discontinua que denominamos “materia ontológico general”, M”.

Todas estas definiciones son difíciles de entender al margen de la noción de espacio.

Las necesidades impuestas por nuestro espacio representativo hacen que nos sea difícil huir de él. Aunque es posible que en el ámbito ontológico la noción de espacio carezca de sentido por motivos que desconocemos.

Si el espacio fenoménico con el que tratamos en primera instancia es eso, un fenómeno producido por el Ego, pero existe un espacio ontológico, todas nuestras metáforas sobre el tema “proyectan” uno en el otro, cuando este último lo desconocemos  absolutamente. Así al hablar de espacio ontológico damos un salto mortal. Así en la cita anterior en 322 matiza: “El espacio de que hablamos no es tanto un concepto cuanto un ámbito ontológico concreto, dotado de unicidad, cuyas partes están dadas en él como irrepetibles”. Ese ámbito ontológico tiene unicidad y partes como el fenoménico.

ENSUEÑOS

Bueno en Ensayos sitúa los “ensueños” en M2 de forma muy acertada, pero no puede haber ensueños sin memoria, naturalmente no puede haber memoria sin vivencias, sensaciones y emociones, todo eso nutre la memoria, pero sin memoria no puede haber Ego trascendental, quizás si algún tipo de ego categorial muy básico con capacidad operatoria pero sin poder aprender, pues para ello necesita memoria, un ego inscrito en el instinto como fuente de supervivencia. Este instinto puede sustituir la memoria para sobrevivir porque de alguna forma contiene unas “instrucciones” básicas de funcionamiento que suplen la memoria. Por ello sorprende que Bueno no lo especifique y le de la importancia real que de verdad tiene.

En El Ego trascendental pág. 206 dice: “M2 tiene contenidos que no son egoiformes, y las pruebas  más inmediatas de esta tesis pueden tomarse de las experiencias de los sueños, actos fallidos, &c.”

Pág. 207: “Y no es el yo quien sueña (como aún lo creía Descartes); a lo sumo el yo es soñado en el sueño”.

Lo primero que sorprende es ese intento de evitar el error en el ego como si fuese algo perfecto, culpando a otros factores del gazapo, ¿Por qué no iba a poder equivocarse el ego? Luego dice que no es el yo el que sueña, que M2 no se reduce al ego. Desde mis propias coordenadas filosóficas, que he denominado Materialismo ontológico onírico (13),  la función de M2 la cumple el Lado 2 que contiene el ego y la memoria (no he dilucidado todavía si forman un solo género de materialidad o son dos unidos), así la expresión de Bueno “M2 no se reduce al ego” estaría corroborada en nuestro sistema, el Lado 2 no se reduce al ego, sin embargo no tenemos ningún problema en aceptar que el ego se puede equivocar y que sueña. El ensueño no es más que la actividad del ego cuando dormimos, es decir cuando desconectamos de M1, de sus alertas y preocupaciones, el ensueño es la forma de duración del ego mientras duerme, ese movimiento consiste en crear historias con aleatoriedad condicionada, es decir, tener sueños, usando para ello el fondo de recuerdos de la memoria como base, postulamos también que esa actividad se mantiene post mortem dado que M2 (el Lado 2) no se sustenta en M1 (el Lado 1), son materialidades conectadas pero separadas. Javier Pérez Jara ya abrió esa posibilidad en su artículo Principios y problemas abiertos del materialismo discontinuista, ahora caigo que Bueno de alguna manera también lo hace al decir en El Ego trascendental pág. 206: “Tesis fundamental del materialismo es la de la materialidad de M2, y, por tanto, la negación de su separabilidad, sustantividad, supervivencia o metempsicosis de la conciencia egoiforme. En  cualquier caso, M2 no se reduce al ego, así como tampoco el ego se reduce a M2”. ¿Podemos deducir de esta frase que la parte  de M2 que no es el ego tiene alguna posibilidad de supervivencia post mortem? Por su parte Jara argumenta en pág. 174: “el materialismo niega cualquier pervivencia de los contenidos psíquicos después de la muerte biológica. Ahora bien, si con la muerte biológica el organismo se transforma en un cadáver, que es un estroma primogenérico, ¿qué ocurre con los contenidos psíquicos en la muerte cerebral? El materialismo filosófico no puede aceptar ni que pervivan ni que se aniquilen.”

Se da la paradoja de que Javier primero niega (con un materialismo sin apellido) la pervivencia de los contenidos psíquicos después de la muerte biológica y poco después dice que el materialismo filosófico (ahora con apellido) no puede aceptar ni que pervivan ni que se aniquilen.

En esta distinción de materialismo puede estar la clave del asunto.

La premisa “el materialismo niega…”, es válida en el caso, por ejemplo, del materialismo emergentista de Mario Bunge, dado que concibe la mente como una biofunción del cerebro, no esta tan claro que valga para el materialismo filosófico, si nos atenemos al juego que dan los géneros de materialidad, si como dice Jara “son inseparables pero discontinuos entre sí”, la naturaleza de esto es una “originalidad” de ese sistema con respecto a otros como el mencionado de Bunge. Se basa en las diferencias que estos géneros ofrecen frente a la emergencia de Bunge, si los géneros “surgen” unos de otros, el primero (M1) marca el paso a los otros dos, así la muerte del cuerpo (y del cerebro) hace desaparecer a M2, los dos materialismos se ecualizarían en esto. Pero si los géneros “los consideramos desde la perspectiva de M, estos “canales genéticos” pueden desvirtuarse, de suerte que M3 puede pasar a verse como una “refracción” de “algo de M” en cuanto a su estructura, independientemente de su génesis” (5), pág. 1427.

Si M2 surge de M1, desaparece con este (Bunge).

Si M2 es una refracción de M, ya no depende de M1 para subsistir  (ya veremos cómo). Mi propuesta (13) es una apuesta sobre cómo es esa “supervivencia” de M2.

Por supuesto si se sigue esta deducción M2 (en cuanto fase de M) también terminaría por desaparecer, al igual que M1 y M3. Comentario aparte, para nosotros M3 es innecesario, en ese punto nos alineamos con el ficcionismo de Bunge.

En resumen una tercera lectura del libro de Bueno muy fructífera y satisfactoria. En esta fase cercana al fin de mi vida he vuelto a ser atraído por su pensamiento que no ha parado de deslumbrarme desde aquel lejano febrero de 1990 en que después de verlo en televisión varias veces decidí comprar su primer libro.

BIBLIOGRAFIA 

1. Ensayos materialistas. Taurus, 1972.

2. El puesto del Ego trascendental en el materialismo filosófico. El Basilisco 40, 2009.

3. El Ego trascendental. Pentalfa, 2016.

4. Diccionario filosófico de Pelayo García Sierra. Pentalfa, 2000.

5. Teoría del cierre categorial Vol. 5. Pentalfa, 1993.

6. Symploké. Ediciones Júcar, 1987.

7. El mito de la izquierda. Ediciones B, 2003.

8. El mito de la cultura. Editorial Prensa Ibérica, 1996.

9. La fe del ateo. Ediciones Temas de Hoy, 2007.

10. El materialismo filosófico y los formalismos terciogenéricos. El Catoblepas 23, 2004. 

11. Disputas ontológicas sobre temas cosmológicos. El Catoblepas 28, 2004.

12. Ciencia e hipótesis. Espasa Calpe, 2002.

13. Materialismo ontológico onírico. http://ferminhuerta.blogspot.com/2021/12/materialismo-ontologico-onirico.html

14. Principios y problemas abiertos del materialismo discontinuista. Studia Iberica et American journal of Iberian and Latin American literary and cultural studies, 3, 2016.