martes, 25 de febrero de 2014

MATERIALISMO Y ENTRELAZAMIENTO CUÁNTICO



















MATERIALISMO Y ENTRELAZAMIENTO CUÁNTICO

Fermín Huerta Martín


“Multitud de filósofos espiritualistas han abrazado con gran alegría estas teorías”
Javier Pérez Jara, La filosofía de Bertrand Russell.


Espoleado por la lectura del libro En busca de lo real de Bernard d´Espagnat  decidí leer el libro La realidad cuántica de A. Cassinello y J.L. Sánchez, así como  releer otros artículos o fragmentos de libros relacionados con el tema de la no-separabilidad en mecánica cuántica. El tema me persigue desde hace tiempo (más bien yo lo persigo a él), como no puede ser de otra manera si tenemos en cuenta la importancia que tiene dentro del panorama científico, consecuentemente debe interesar a quien se interese por la ciencia (como es mi caso) aunque sea un interés derivado del interés filosófico (intereses mezclados en mi caso). En este caso concreto el tema tiene mucho de interés filosófico, basta leer frases como estas:
“Es el realismo estricto, lo que la experiencia ha invalidado en el terreno de la realidad cuántica”, Las carencias de la realidad. R. Lapiedra.
“La no-separabilidad viola el postulado del multitudinismo y esto acaba con el cientificismo”, En busca de lo real. B. d´Espagnat.
“El teorema de Bell fuerza a abandonar la imagen realista del mundo”. La realidad cuántica, A. Casinello y J. L. Sánchez.
“Dicho experimento se mueve casi por completo dentro del campo filosófico”. La hipótesis del realismo y las desigualdades de Bell, M. Ferrero.
“Resultados experimentales comienzan a dilucidar cuestiones filosóficas”. Realidad del mundo cuántico, A. Shimony, Investigación y ciencia, Temas 10.
“Un área donde algunos valerosos experimentadores han puesto recientemente la filosofía a prueba experimental”,  J. S. Bell, Lo decible y lo indecible en mecánica cuántica.
Una de las dificultades a la hora de abordar el tema es el andamiaje matemático con el que está unido, por eso libros como La realidad cuántica son una buena aproximación al tema. Entre otros interesantes asuntos explican dos maneras de entrelazamiento cuántico encontradas en determinados experimentos, el relacionado con la denominada desigualdad de Bell (al que dedicare el siguiente artículo de mi blog)  y el relacionado con el interferómetro de Mach-Zender, que da ocasión de leer frases como estas:
“Si no está colocado el espejo semirreflector F, el fotón, o bien va por la ruta A, o bien va por la ruta B. Cuando está puesto el espejo semirreflector F el fotón va a la vez por las rutas A y B como haría una onda.”
“Nadie sabe cómo la partícula “fotón” se las ingenia para afectar a la vez a ambas rutas, nadie lo sabe porque, insistimos, la condición para que eso suceda es precisamente que nadie lo vea”
“Si hay dos (o más) alternativas indistinguibles de llegar a un resultado, la función de onda será la superposición de las funciones de onda de las diferentes posibilidades (…) en cuanto hay manera de distinguir cuál de las alternativas puede darse, la función de onda colapsa”
“Como el fotón no está seguro, se ha de poner en el caso peor. No va a permitir que haya interferencia y a la vez sepamos la ruta. Por eso ante la amenaza, rompe la interferencia, colapsa la función de onda”
“El mero hecho de poder distinguir por qué camino ha ido el fotón es suficiente para producir el colapso de la función de onda: el fotón superior ya no va por las dos rutas a la vez sino por una de ellas. ¡Sencillamente porque yo podría averiguar su ruta, si quisiera, observando su compañero de abajo!
Remito al libro o a Internet al que quiera profundizar en estas cuestiones, lo que parece claro es que son resultados experimentales, no hipótesis o elucubraciones, son hechos comprobados que nos ponen delante de cuestiones interesantísimas.
El modesto objetivo de este artículo es reunir las opiniones que sobre el tema se manifiestan desde los dos materialismos que más me han influenciado, el materialismo filosófico de Gustavo Bueno y el materialismo emergentista de Mario Bunge.
Por parte del materialismo filosófico el tema ha sido tratado por un representante tan cualificado como Javier Pérez Jara (de plena actualidad por la publicación del libro La filosofía de Bertrand Russell) que aborda el tema de pasada en su artículo “De la Física a la Metafísica: cuestiones sobre Teología Natural, Mecánica Cuántica y Cosmología” donde habla de la imposibilidad de las relaciones a distancia y dice:
“Tenemos que comenzar por señalar que siempre que se ha creído detectar una relación o acción a distancia, como en los fenómenos del magnetismo, o de la gravitación, &c., la Física siempre ha acabado demostrando que la «acción a distancia» no era más que una mera apariencia –como no podía ser de otra manera desde una Ontología no mágica–; es decir, que la acción no era «a distancia», sino mediada por una tercera materialidad o «mecanismo».”
Propuesta de lo más sensata desde mi punto de vista.
Por su parte Mario Bunge dice en Ser, Saber, Hacer:
“La física cuántica no es local y, por tanto, los componentes de un sistema no son separables “Once a system, always a system”. Por ejemplo, si un sistema se divide en dos partes que se alejan mutuamente a gran distancia, lo que se le hace a una de ellas repercute en la otra, como si ambas siguieran unidas (…) este es un hecho contraintuitivo, tanto como el aspecto ondulatorio de las “partículas”, el efecto túnel y la sustancialidad del vacío. Pero resulta natural si se piensa que la teoría cuántica es una teoría de campos. En todo caso, la no-localidad es parte del paquete cuántico, tan desconcertante para el sentido común, como excitante para la imaginación científica. Al fin y al cabo, no es más extraño  que la flotación de los barcos, la propulsión a chorro, el nacimiento de los fotones o la levitación electromagnética.”
Dice también en Controversias en física:
“Quienes admitimos la teoría cuántica como una excelente aproximación, o sea como un mapa de la realidad que es aproximadamente verdadero, nos preocupamos solamente por las interpretaciones equivocadas  de que es objeto. Una de ellas es la pretensión de que la teoría nos obliga a abandonar el realismo, o sea la tesis de la existencia autónoma del mundo externo. Sin embargo, la teoría cuántica puede interpretarse de manera estrictamente objetiva o realista, como se vio en el capítulo 10. Más aún, es imposible refutar experimentalmente el realismo, ya que todo experimento bien diseñado y ejecutado involucra una distribución neta entre el objeto que se observa, el dispositivo experimental y el observador. (Incluso si hay interacciones entre los tres se mantiene la distinción entre ellos, ya que no hay interacción sino entre dos o más cosas distintas.) De lo contrario no sabríamos si estamos observando el objeto mismo o bien un “artefacto” introducido por los instrumentos de observación o medición; acaso ni sabríamos si somos víctimas de alucinaciones. En resumen, el experimento presupone el realismo. Si se abandona el realismo se debe proceder a clausurar todos los laboratorios.”
Podríamos decir que aunque los experimentos sean aceptados por todas las partes se difiere tanto en la interpretación de ellos como en su explicación, esta frase de A. Shimony puede ser sintomática:
“Dos entidades, separadas por varios metros de distancia y que no poseen ningún mecanismo para comunicarse entre sí, pueden a pesar de todo “entablar relaciones””.
Dice Bunge en Filosofía de la física:
“Para explicar en profundidad, para ir al meollo de las cosas, debemos conjeturar mecanismos (no necesariamente ni, por lo usual siquiera, mecánicos)”
En esto concuerdan los dos materialismos, porque la opción que ejemplariza la frase de Shimony parece apelar más a la magia que mencionaba Javier.
Llegados a este punto parece que la cuestión ya no sería materialismo/idealismo sino racionalismo/irracionalismo. Se descubre aquí la importancia de la filosofía en el quehacer científico.
Es como si este tipo de experimentos hubiera acentuado la vena idealista de muchos investigadores, o hubiera decantado a los científicos indecisos filosóficamente hacia un idealismo espontaneo (por no decir ingenuo) que les hacen abandonar las más básicas normas del método científico para en lugar de proponer alternativas (científicas y racionales) apelar directamente a la magia. Nos encontramos en ese punto que J. S. Bell describe en Lo decible y lo indecible en mecánica cuántica: “Lo que resulta mucho más probable es que la nueva manera de ver las cosas comportará un salto imaginativo que nos asombrará”.
Busquemos nuevas propuestas, señales que viajan más rápido que la luz (la comunicación a una velocidad superior a la de la luz o quizás instantánea, implicaría otro problema, ¿Cómo sabe una partícula hacia donde enviar el mensaje? ¿Lo manda en todas direcciones, o conoce la situación previa del destinatario?), entidades que conforman un todo a pesar de estar separadas sus partes “observables” pero que responden como una “unidad” en según qué circunstancias (Dice D´Espagnat en su artículo Teoría cuántica y realidad: "Pueden entenderse como elementos de un sistema físico único que se crea durante la primera interacción y progresivamente se va extendiendo más y más en el espacio hasta que la primera medición lo destruye"), etc.
Reorganicemos la inteligibilidad del mundo, dice Pérez Jara en su libro sobre Russell citándolo: “nuestro conocimiento es muy finito y limitado, y que del hecho de que no conozcamos las leyes, razones o motivos que mueven a tales o cuales fenómenos a comportarse de tal o cual manera, no significa que estas leyes, motivos o razones no existan. Afirmar lo contrario sería tan presuntuoso como gratuito. Según esto, no debería hablarse nunca de la “completud”, en sentido estricto, de tal o cual teoría; las ciencias están en continuo avance, y con casi toda probabilidad el ser humano jamás podrá llegar a conocer todo lo que se esconce detrás de una simple gota de agua. Ninguna ciencia, en suma, agota su campo.” O como dice J. S. Bell en Lo decible y lo indecible en mecánica cuántica: “La actitud científica es que las correlaciones están pidiendo a gritos una explicación”.
Porque para desistir de la razón, para abandonarnos a lo sobrenatural y al espiritualismo siempre estamos a tiempo.

ARTICULOS DE ESTE BLOG DEDICADOS A LA MECANICA CUANTICA:
D´ESPAGNAT FILÓSOFO
MATERIALISMO Y ENTRELAZAMIENTO CUÁNTICO
REFLEXIONES SOBRE "TEORÍA CUÁNTICA Y REALIDAD"
DUDAS SOBRE LOS ESTADOS GHZ
OSCILACIÓN CUÁNTICA COORDINADA
BUNGE CUÁNTICO








martes, 28 de enero de 2014

D´ESPAGNAT FILÓSOFO



















D´ESPAGNAT FILÓSOFO
Fermín Huerta Martín

Los átomos concurren para crear mi mirada, pero mi mirada concurre para crear los átomos, es decir, para hacer emerger las partículas desde lo potencial a lo actual; desde una realidad que es un Todo indivisible a una realidad extendida en el espacio-tiempo.
Bernard d´Espagnat

Casi un año después de comprar los libros del señor J. he podido leer el primero de ellos, se trata de En busca de lo real (la visión de un físico) de Bernard d´Espagnat, aunque el libro es suficientemente complejo e interesante como para distraerse durante su lectura con otras cuestiones debo confesar que (sobre todo al inicio de la lectura) tuve algún pensamiento dedicado al anterior dueño del ejemplar en cuestión, con quien me une una afinidad de temas de lectura considerablemente alta, las manos del señor J. tocaron cada una de las páginas del libro igual que lo han hecho mis manos, y seguramente al igual que yo resopló mentalmente ante algunos fragmentos especialmente enrevesados, que la temática sea enrevesada es inevitable, que la exposición de esa temática lo enrevese todo mas no es inevitable.
Este libro es un claro ejemplo de lo que Gustavo Bueno describe como “filosofía espontánea de los científicos”. Bernard d´Espagnat, anticipándose quizás a este tipo de objeciones dice: “Una persona que conoce un dominio determinado, no está descalificada ipso facto para hablar de ideas generales”. Sin embargo su interés filosófico tiene una limitación, pues matiza: “Hace mucho que nadie cree ya en construcciones filosóficas  de esta especie (sistema) y los hombres de ciencia están, todavía menos que cualquiera otros, inclinados a interesarse por ellas”. Dice también d´Espagnat: “El dialogo entre hombres de ciencia y “hombres de pensamiento” resulta a veces difícil, debido a que estos últimos erigen todavía de forma espontánea en imperativos de la lógica ideas cuya contingencia ha sido reconocida por los primeros”. También compara la “hormiga científica frente a las cigarras filosóficas”.
D´Espagnat demuestra en el libro conocimientos filosóficos unidos a los de física (que es su profesión) lo que le ha permitido escribir este texto donde expone su “concepción del mundo”, la que esquemáticamente se podría resumir en palabras del autor en: “Realismo  lejano y no-físico, el ser sigue siendo la explicación última de las existencia de regularidades en los fenómenos observados, pero en la cual los elementos de dicha realidad no pueden ser puestos en relación, ni con las nociones tomadas de nuestra existencia habitual, ni tampoco con entidades matemáticas localizadas”.
El autor manifiesta: “Para los que rechazamos el idealismo”, sin embargo en otras ocasiones parece mostrar idéntica equidistancia del materialismo. Confiesa que hay un “paralelismo entre el concepto de realidad “lejana” y la Sustancia de Espinosa”, esto le lleva a referirse al Ser en forma ambigua. Ciertos aspectos de la postura filosófica de Bernard muestra puntos de coincidencia con la obra de Gustavo Bueno, no por casualidad se ha mostrado ya las conexiones entre la obra de Espinosa y Bueno (ver El materialismo de Espinosa).
También critica la filosofía de la experiencia o positivismo. Todo esto confluye en su postura de lo real velado cuya equidistancia del idealismo y del materialismo la hace especial. El autor se diferencia de Bueno en que no da el paso de concretar el Ser como materia, una forma de materia no accesible a las ciencias categoriales. Sin embargo al no dar el paso, esa equidistancia le hace decir cosas como estas: “El uso de la palabra Dios para nombrar la realidad tiene la ventaja de dejar abiertas ciertas puertas”. “No toda comprensión es necesariamente intelectual. Nuestra inteligencia no es transcendente.” ”En el estado actual de nuestros conocimientos resulta por ello arriesgado negarle, de manera perentoria, todo valor “explicativo de los fenómenos” al mito del amor divino creador de formas.” “La física muestra que las únicas filosofías realistas aceptables son las del realismo lejano; es decir, concepciones en las que la realidad independiente escapa a nuestras categorías de uso común y a nuestros conceptos habituales. Sobre todo el hecho del transcurrir del tiempo, que no es familiar y que tenemos una tendencia casi invencible a entender como una realidad primera, se vuelve en estas concepciones de que hablamos, un dato relativo que se refiere a los fenómenos y no a la realidad.” ”O, como todo lo que tiene un sesgo de realidad independiente (o ser), tal relación debería más bien trascender el tiempo, por lo menos en ciertos aspectos”, “En vista de la necesidad que hay de tomar en serio la noción de una realidad lejana (situada fuera de los marcos del espacio y del tiempo, y “anterior” a la excisión sujeto-objeto)”. No deja de tener su gracia que una realidad situada fuera de los marcos del espacio y el tiempo  sea “anterior” a la excisión sujeto-objeto. Cuando la palabra “anterior”, aunque vaya entrecomillada es una referencia temporal (aquí vuelve a tener algo en común con el materialismo filosófico de Gustavo Bueno en esta toma de postura concreta, ver Tiempo y devenir en el materialismo filosófico). Algo similar ocurre con el espacio, una realidad al margen del espacio no podría tener cambios, que siempre implican movimientos de partes o del Todo indivisible que a veces menciona. Entonces o hablamos de algo radicalmente diferente, por ejemplo de espíritu que se convierte en materia (y al hablar de espíritu cabe recordar las palabras de Holbach de que “es imposible para cualquier ser material formarse una idea real de un espíritu”), o negamos radicalmente la materia y afirmamos que todo es espíritu con todo lo que eso implica.
“Una fidelidad matizada y no literal a la religión de su infancia es una actitud de espíritu que se recomienda a todo individuo que haya tenido una y esté deseoso de no encerrarse en ninguna perspectiva”.
Bajo mi punto de vista y paradójicamente d´Espagnat peca de ignorancia científica, los avances de la neurociencia ponen la noción de espíritu en su lugar. De tal forma que se podía haber ahorrado buena parte de las conjeturas del libro y haber dado el paso de Gustavo Bueno y hablar de “materia” en lugar de “ser”.
Parte de toda esta construcción la deriva el autor de la noción de no-separabilidad de la que dice: “viola el postulado del multitudinismo y esto acaba con el cientificismo” Aunque este tema concreto por su interés lo tratare en el siguiente artículo de forma separada.
“De hecho, para quien tiende a mantener la idea de un papel eminentemente ejercido por la conciencia en los fenómenos físicos, la no-separabilidad hablará más bien en favor de la noción de alguna conciencia cósmica, de la cual las conciencias individuales no serían más que un emanación” Bernard d´Espagnat

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jueves, 19 de diciembre de 2013

RADIO 3 NO SE TOCA





















RADIO 3 NO SE TOCA

La finalidad de las artes es excitar o sosegar, entretener o edificar, en todo caso jugar con nuestras emociones.
Mario Bunge, Tratado de Filosofía Tomo I pág. 118.

Un desafortunado día de noviembre de 2013 leí la noticia de que: “El presidente de RTVE anunciaba convertir Radio 3 en una radio fórmula al estilo de los 40 principales”. Radio 3 es una emisora pública española que funciona desde 1979, tras leer la noticia, mi cerebro, en piloto automático, repasó todos los programas de esa emisora que a lo largo de los últimos 25 años me han hecho disfrutar de buena música: Diálogos 3, El Ambigú, El sótano, Cuando los elefantes sueñan con la música, Flor de pasión, Discópolis,  Melodías Pizarras, Toma uno, Ruta 61, Sateli 3, Carne cruda, Peligrosamente juntos, UNED, El rimadero, Atmósfera, Músicas posibles, Disco grande, Capitán  demo, Alma de león, casi pongo toda la programación. Los programas no han sido elegidos entre toda la parrilla semanal, simplemente los he escuchado cuando el devenir del día a día me ha obsequiado con la soledad, conduciendo, trabajando, en casa, cuando he podido, pero siempre solo. A veces en horarios intempestivos como las 4 de la mañana.  No recuerdo quien me puso tras la pista de la emisora, seguramente fue una recomendación de alguno de mis amigos (Jaime o Ramón), lo que si recuerdo es el primer programa que me enamoro, es el que he puesto el primero de la lista: Diálogos 3 del gran Ramón Trecet, de su mano fui descubriendo una lista de autores que marcaron mi vida musical para siempre,  Trecet es el culpable de la compra de un buen puñado de discos de gente como: Bill Douglas, Brian Eno, Carlos Núñez, Durruti Columne, Hedningarna, Lito Vitale, Madredeus, Michael Nyman, Nitghnoise, Paul Winter, Penguin Café Orchestra, Philip Glass, Richard Stoltzman, Suzanne Ciani, The Chieftains, Win Mertens. ¿En qué programa de radio fórmula hubiera descubierto estos músicos? A pesar de que el programa desapareció en 2008, una prueba de su importancia es la existencia de un blog que se llama Huérfanos de Diálogos 3, como olvidar la frase con la que terminaba el programa:
"Buscar la belleza, que es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo".
Una vez puesta Radio 3 en el dial, fui escuchando los demás programas.
Si descartamos las emisoras que emiten música clásica, no he encontrado otra emisora en la que encontrar tanta buena música junta.
He usado un par de veces la expresión “buena música”, (ellos en la emisora utilizan la expresión “música de calidad”), esto no es más que un residuo de mi prehistoria, cuando era más joven tenía unas ideas estéticas más “radicales” y podía sin vacilar evaluar música buena y mala, con o sin calidad, etc. Recuerdo que cuando tuve mi primer coche (un viejo Seat 127 de segunda mano) y me paraba en un semáforo al lado de un Mercedes o un BMW, pensaba en broma, tú tienes mejor coche pero yo tengo mejor música. Años después y algunas reflexiones por medio, no sería capaz de hacer semejantes distinciones, simplemente diría “música que me gusta”, dado que sería incapaz de argumentar contra una adolescente fan de One Direction  o de Shakira si mi música es mejor o peor que la suya, buena o mala, bella o fea, etc.
Así, siguiendo esa argumentación, podría decir que no defiendo la fórmula actual de Radio 3 porque ahora pongan buena música y con la radio fórmula no la pusieran, tendría que decir, con una argumentación subjetiva, que la música que ahora ponen me gusta más que la de la radio fórmula. Pero claro esta argumentación no haría que el presidente de RTVE cambiase de opinión (suponiendo que perdiese el tiempo leyendo esto) así que voy a intentar mostrar las virtudes objetivas de Radio 3 sin apelar a la calidad de sus programas:
Mi argumentación tiene dos ideas centrales, que considero las dos características principales de la emisora, el conjunto y la diferencia. El conjunto que forman los programas de la emisora y el tipo de músicas diferentes que ponen en esos programas en comparación con los programas de radio fórmula tipo 40 principales.
Radio 3 tiene una cobertura nacional, cuando la mayoría de emisoras son locales, provinciales o autonómicas, hay zonas de España donde la oferta de emisoras es abundante, pero en otras no, zonas rurales o de baja población, de tal forma que si bien en estas zonas si se reciben programas de radio fórmula no se recibiría ninguna con músicas diferentes, minoritarias, poco rentables económicamente, tendrían que depender de Internet para ello, pero no todo el mundo dispone de Internet, tampoco se puede buscar algo que se desconoce absolutamente, Radio 3 es un puente en ese aspecto. Nunca olvidare en un viaje a una pequeña capital de provincia española, mi visita a una pequeña librería, donde la emisora que acompañaba la contemplación de los libros era Radio 3.
No tiene publicidad, algo que solo se puede sostener de forma pública,  con una audiencia de medio millón de personas (el 1% de la población) supongo que poca publicidad se puede poner. Contiene un buen número de programas especializados, es decir que interesan a una variedad de pequeños grupos de personas. Pero que no tendrían cabida en emisoras más “mayoritarias”. Algo que de nuevo solo podría sostener una emisora pública, pues para una emisora privada no le sería rentable.
Promociona músicos que empiezan, que difícilmente tendrían otra forma de promocionarse sin apoyo monetario.
Tiene una gran variedad musical, tanto por los programas como por los contenidos de los programas, hasta el punto de que puede considerarse la antítesis de las radio formulas, basadas en la repetición machacona de las mismas músicas lo más comerciales posibles, para que el oyente las reconozca y las escuche, Radio 3 por el contrario se basa en la mínima repetición de sus contenidos, hasta el punto de que por ejemplo en mi caso, la finalidad de escuchar Radio 3  ha pasado del modelo de cuando escuchaba a Trecet, oír cosas para profundizar en autores nuevos y comprar música de estos autores, al modelo actual que supone escuchar música nueva diariamente que me gusta en esa primera audición. Sin necesidad de profundización en ello pero sin descartarlo, ahora con Internet es más fácil esa profundización.
Me diréis, con la cantidad de recortes que se están haciendo en la actualidad en España, sanidad, educación, etc., por qué preocuparse de una cosa así, primero, el tema de los recortes ha sido tratado en el blog con alguna breve referencia, pero en general gente mucho más preparada que yo lo ha tratado en múltiples sitios, segundo, el de Radio 3 se trataría de un recorte emocional (aquí entra la frase de Bunge de la cabecera), seguramente menos importante que los otros recortes, pero si se añade a estos el efecto es más demoledor.
Quizás alguna lectora o lector se estará preguntando ahora mismo ¿Qué tiene que ver todo esto con la filosofía? De forma directa se puede responder que en el apartado que dedica la emisora a la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia), si se elimina, se perderían unas interesantes charlas filosóficas (y de otros temas). De forma indirecta se podría argumentar que la música es un arte y que del arte se ocupa la filosofía a través de la filosofía del arte o estética, en cuanto ciencia de lo bello. Aquí volvería a lo subjetivo, podría utilizar muchos adjetivos para describir la belleza de la música que suena en la emisora diariamente (esa belleza que Trecet nos conminaba a buscar), el conjunto que se logra a lo largo de un día es de un nivel tan alto que no lo he encontrado en ninguna otra emisora.
Convertir Radio 3 en unos 40 principales públicos es absurdo, solo tendría sentido si se intentara aumentar la audiencia y poner publicidad, pero lo primero que conseguirían es perder la audiencia que en la actualidad tienen pues esta audiencia quiere escuchar radio3 formulas y no otras radio formulas.
No creo que sea por causas ideológicas, si algún programa molesta se le elimina y ya está, como en el caso de Carne cruda, no sé si la excusa es el dinero, hacer una emisora más barata que gaste menos en compra de música a base de comprar menos y repetirla más, o a base de eliminar programas, para reducir la plantilla.
He llegado a un punto que cuando me preguntan qué clase de música me gusta tendría que responder: la que ponen en Radio 3.
Una de las frases promocionales de la emisora dice: "eres lo que escuchas", si nos cambian la programación de Radio 3, habría que preguntar ¿en que nos convertiremos el medio millón de oyentes?

sábado, 9 de noviembre de 2013

CARTA A FERMIN HUERTA


















Carta a Fermín Huerta

Francisco Aguilar Piñal



Como autor de “La quimera de los dioses”, creo que no sólo debo dar las gracias a Fermín Huerta por su detallada recensión de mi libro, sino también responder con algunas precisiones al comentario, para aclarar mi pensamiento sobre temas concretos.
1. “Círculos de trigo” como un misterio inexplicado, me da pie para rebatir mi supuesta candidez con argumentos de sensatez, sin acudir ni a la filosofía ni a la ciencia, que, por ahora, no han conseguido descifrar el misterio.
Cándido será quien acepte como solución al enigma el “fraude” o la “broma” de dos vejestorios como autores de esos “agroglifos”, como afirman en los enlaces de la reseña Ernesto Carrasco (dice que son “obra humana”) y Luis Alfonso Gámez (afirma que es “un negocio típicamente británico”) amparados por la web arp-sac.org. Ellos son los crédulos en la superchería. Como tantos otros que han escrito sobre el tema.
Llevo más de veinte años recopilando artículos y estudios sobre los dibujos en los campos de trigo y tengo la firme convicción de que, aunque hubiera algún bromista que pretendiera sacar beneficio, la inmensa mayoría de esos dibujos no se han podido hacer de forma chapucera. Todos (o casi todos) responden a unas ecuaciones matemáticas y geométricas de alta complejidad, precisos en los límites y distancias; algunos siguen los más sofisticados patrones fractales, que sólo pueden surgir de mentes superiores a las de simples bromistas (fuesen o no subvencionados para hacer declaraciones de autoría) que no empleaban para su fraude más que un tablón, unas cuerdas y linternas. (Fácilmente se rebate esta teoría con decir que no todos son círculos, hay también triángulos, cuadrados, líneas serpenteantes, etc.).

Nunca he calificado de sobrenaturales a tales fenómenos, sí de paranormales, puesto que se salen de lo normal. Tampoco, por supuesto, pienso en bromistas extraterrestres (aunque los ovnis no pertenezcan al campo de lo sobrenatural). Todavía no hay una solución científica, pero confío en que algún día la habrá. De momento, yo sólo descarto el fraude. ¿Tantos bromistas hay en el planeta como para que hayan aparecido tales fenómenos en Estados Unidos, Alemania, Suiza, Austria, Bélgica, Italia, Canadá, Rusia, Filipinas y Kazajstán? ¿Sabes que hasta en España aparecieron los círculos en junio de 1004 en Castellfollit, cerca de Manresa? Desde luego, los más bellos y sofisticados han aparecido al sur de Inglaterra, sobre todo en el condado de Wiltshire, y el sorprendente de Walkershill, un dibujo de geometría fractal, que no ha podido salir de unas manos humanas, mucho menos en unos pocos minutos, durante una madrugada.
No, amigo Fermín, no soy una mente brillante, pero tampoco cándida. No sé cuál es el secreto de estos “pictogramas”, pero que nadie me hable de bromistas nocturnos.
2. Ciencia. Creo que mi “optimismo” por los resultados científicos está más que justificado, a la vista de todo lo que se ha avanzado en el último medio siglo. Cuando hablo de Ciencia (con mayúscula) me refiero a todas las ciencias (excepto la teología, que no puede ser ciencia porque carece de libertad para la investigación, al estar sometida a unos dogmas intocables). Ciertamente ninguna ciencia en concreto estudia el “problema de Dios”, porque para ellas no existen los espíritus, que son una “invención humana”, una “fantasía sin fundamento real”.
Admito, con los grandes científicos materialistas de hoy que la “hipótesis de un Dios es innecesaria”, por la sencilla razón de que la ciencia última puede explicar todo lo que existe sin necesidad de una creación “ex nihilo”. Los avances cosmológicos, neurológicos o de física cuántica en los últimos años han sido tan espectaculares como desconocidos para el gran público. Por eso es tan necesaria la divulgación de tantos descubrimientos, que repelen instintivamente a la cultura recibida hasta hoy.
Sabemos que los grandes científicos del pasado, y muchos del presente, aún no han podido asimilar la idea de un universo (o puede ser que multiverso) increado. A los anteriores se les puede disculpar su creencia en un dios creador porque en su tiempo no existían los datos de que hoy disponemos. Pero a los científicos creyentes de hoy no se les puede disculpar, porque están obligados a conocer los avances de la mecánica cuántica y del nacimiento de la vida en un laboratorio científico.
3. Ateísmo. No me gusta el calificativo de “ateo” porque parece incluir en su concepción semántica un activismo proselitista de que carezco. Con mi actitud y mis escritos no pretendo convencer a nadie para que siga mi camino. Una persona que, como yo, es feliz no creyendo en ninguna otra vida después de esta terrestre, no debe buscar un “compañero de camino” creyente, al que, sin duda, le hará sufrir en el cambio de su fe.
El sentido de esta vida (aparte de la supervivencia) es la búsqueda de la felicidad (diga lo que diga el bueno de Bueno). Por tanto, ¿quién soy yo para apartar a nadie de su fe, si le hace plenamente feliz? Cada cual debe buscar la felicidad donde quiera, aunque esté tan equivocado como los creyentes en las cientos de religiones existentes, todas falsas. Pero mi postura es neutral: Libertad y respeto a toda conciencia que, a su vez, me respete, aunque no me comprenda.

Me defino como religioso no-creyente porque quiero distinguirme del ateo violento o del indiferente. Soy religioso porque no hay nada que más me interese que la religión, es decir, ese “meme” que, según Dawkins, desde la infancia se ha agarrado a mi cerebro como una garrapata a la piel del perro. He estudiado el tema religioso hasta el fondo, sin desfallecer, y mi conclusión ha sido La quimera de los dioses, que me he permitido dar al público por si hiciera algún bien en alguna conciencia timorata, incapaz de luchar contra lo aprendido.
Por mucho que lo afirmen los papas católicos, la fe y la razón son incompatibles. Nunca se encontrarán en el camino intelectual. Porque la fe es un “sentimiento” que no depende de la razón, el único atributo que nos hace humanos. La fe se basa en algo tan fraudulento como las “revelaciones” y las consignas de los eclesiásticos (seguir por este camino me llevaría muy lejos). En cambio, la razón me anima a aceptar las conclusiones científicas, empíricas, que me hablan de un mundo misterioso y eterno, sin necesidad de un Ser superior que lo creara (porque, ¿quién creó a ese Ser? La eternidad se puede predicar de algo o de alguien, sin solución de continuidad).
Lo mío no es agnosticismo, sino convicción en la imposibilidad de una existencia divina, porque así me lo enseña la Ciencia moderna, desde la cosmología hasta la física cuántica, no por deducciones filosóficas. Por eso puedo escribir (en la pág. 249) que “el ateísmo está fundamentado en la razón”, aunque debería añadir científica. El “ateísmo esencial total” de Gustavo Bueno tiene un poso espiritual que no se acomoda con el fundador del materialismo filosófico. Con el catedrático de Oviedo estoy muy de acuerdo en sus opiniones políticas, pero en cambio, soy deudor de Gonzalo Puente Ojea en sus opiniones sobre “el mito del alma” y sobre la falsedad de las religiones. Por lo demás, todos somos tan insignificantes que dentro de muy poco estaremos convertidos en un puñado de cenizas. Que sigas con salud.

sábado, 26 de octubre de 2013

EXTENSA INTRODUCCIÓN AL ATEÍSMO



















EXTENSA INTRODUCCIÓN AL ATEÍSMO

Fermín Huerta Martín


Con estas páginas quisiera contribuir a que, voluntariamente, abrieran los ojos para ver la verdad de la Ciencia y de la Razón.
Francisco Aguilar Piñal


A pesar de que al autor no le gusta la palabra ateo y se declara religioso no creyente, durante la lectura del libro La quimera de los dioses de Francisco Aguilar Piñal tuve la sensación de leer una interesante, documentada y extensa introducción al ateísmo. Por su variedad temática y su exposición asequible a un público no iniciado, resulta un libro muy recomendable para adentrarse por primera vez en los vericuetos del ateísmo, las abundantes referencias bibliográficas  pueden servir de guía para futuras lecturas o profundizar en cualquiera de las múltiples argumentaciones que sustentan sus opiniones. Comparado con otros libros que se podrían considerar de iniciación al ateísmo, cojo los tres ejemplos que tengo más a mano en mi biblioteca, Curso acelerado de ateísmo de A. López y J. I. Ferreras (79 páginas), Doce pruebas que demuestran la no existencia de Dios de S. Faure (92 páginas) y Ateos clandestinos de A. Izquierdo (192 Páginas), el libro que aquí nos ocupa muestra una diferencia, su extensión, 549 páginas. Nueve años de lectura tras su jubilación le han dado para mucho al autor que hace un despliegue de citas bibliográficas sencillamente impresionante. Quizás su extensión puede desanimar al lector perezoso pero asegura una iniciación más sólida y argumentada.
Un buen libro iniciático debe ser un puente, el primero que cruza un neófito (que a pesar de serlo ya ha tenido la inquietud de ponerse a andar) que le da acceso a un cruce de caminos con múltiples opciones de seguir avanzando, ese es el valor de las citas bibliográficas, dar la posibilidad al lector de profundizar en las cuestiones que le hayan parecido más interesantes. Por qué no nos engañemos, cuando uno lee por puro placer intelectual sin obligación académica, la lectura tiene que enganchar y satisfacer, de lo contrario se puede abandonar.
Afortunadamente el número de libros “ateos” se ha multiplicado en los últimos tiempos, hasta el punto de ser complicado seguir a todos los autores que en la actualidad tratan el tema, o la constelación de temas que involucran la palabra ateísmo. Sin embargo en esta ocasión me permito recomendar uno de ellos, que no cuenta con la publicidad de otros autores, que el autor ha publicado en autoedición y que merece la pena leer.
Tuve conocimiento del libro porque su autor tuvo la amabilidad de escribirme y preguntarme si lo había leído.
De su contenido, especialmente interesante y documentado me ha parecido el capítulo dedicado a El mito del alma y el dedicado a El dios bíblico. El capítulo dedicado a Jesucristo es un buen resumen de investigaciones mucho más extensas (por citar un ejemplo que yo he leído las de Gonzalo Puente Ojea), pero es una exposición que ha sabido mantener lo esencial de la crítica atea a este fenómeno y que como todo el libro contiene un impresionante despliegue bibliográfico que puede orientar en futuras lecturas.
Algunas posibles críticas al contenido del libro podrían ser estas:
Pienso que peca de optimismo cuando dice en la pág. 451: “La comprobación de la teoría de cuerdas dará la explicación a todos los “misterios” de la naturaleza”, hay misterios que no se resolverán aunque se compruebe la teoría de cuerdas o la gravedad cuántica de bucles, porque se encuentran en otro nivel ontológico, o es que la comprobación de alguna de esas teorías explicaría el paso del organismo unicelular al multicelular, por ejemplo.
Dice en la página 365 que la verdad solamente se puede encontrar en la Ciencia. Para empezar solo metafóricamente puede hablarse de Ciencia, lo que existe son ciencias determinadas, Física, Química, etc., que nos ofrecen datos (que suponemos verdaderos), pero la construcción que realizamos con esos datos que nos dan las ciencias ya no es ciencia, es filosofía (que también puede ser verdadera). La misma construcción que realiza en este libro, que le lleva al ateísmo, es una reflexión filosófica basada en los datos científicos, ¿Qué ciencia concreta sería pertinente para atacar el problema de Dios? Las cosmovisiones o concepciones del mundo solo pueden ser filosóficas, aunque las realicen físicos, antropólogos, etc.
Me ha parecido detectar una cierta candidez en algunos de sus comentarios relativos a hechos “paranormales” como la Qui-ja, o en una entrevista leída por Internet donde comenta el tema de los círculos del trigo, donde dice:
“El segundo de los misterios que me confunden es el de los “círculos” del trigo y maíz en las cosechas de tantas tierras y lugares diferentes. Es imposible el fraude humano.” Le recomiendo la lectura de estos enlaces:
http://www.escepticos.es/repositorio/elesceptico/articulos_pdf/ee_15/ee_15_los_creadores_de_circulos_de_cereal_reivindican_su_arte.pdf
http://www.escepticos.es/node/3038
Me parece equivocada su opinión:
“Desde un punto de vista filosófico, no me gusta la palabra ateo, porque la negación de Dios supone un conocimiento absoluto que no se tiene.”
Hay otras maneras de enfocar el asunto que no dependen de un conocimiento absoluto, que en el caso ateo sería imposible, si se exigiera lo mismo al creyente, solo podría creer aquel al que se le apareciese Dios de forma inequívoca, pero al ateo no le bastaría que no se le apareciese Dios para demostrar que no existe, pues siempre cabría esa posibilidad. Tanto el creyente como el ateo se basan en sus respectivas posturas de otros argumentos que la mera “comprobación”. De  aceptar esta opinión del señor Aguilar, la única postura posible seria el agnosticismo, que no deja de ser una apuesta por el desconocimiento (el agnóstico “desconoce” si Dios existe o no). El mismo autor de La quimera de los dioses, que confiesa haber sido educado en el catolicismo, de haber tenido en cuenta ese argumento, difícilmente hubiera podido pasar de su postura crédula a la de “religioso no creyente”. En cualquier caso no cuadra con su frase de la pág. 249 donde dice:”El ateísmo está fundamentado en la razón” o con lo dicho en la pág. 276: “En el cual la idea de un Dios, tal como se ha concebido hasta hoy, no tiene cabida”, o con este texto de la pág. 361: “Para ser ateo no es preciso ser marxista ni extremista de izquierda política. Basta tener un juicio medianamente crítico y libertad de pensamiento” o con esto de la pág. 532: “Nada hay más sagrado en el hombre que la libertad de conciencia, siempre tan perseguida y menospreciada. En mi caso, y en el de otros muchos, me ha conducido al ateísmo”, o con esto de la pág. 539: “Admito, pues, con la Ciencia, que la hipótesis de Dios es innecesaria”.
Basta leer la exposición de Gustavo Bueno sobre ateísmo esencial total que realiza por ejemplo en La fe del ateo, para entender este otro enfoque.
Termino con una lista de los errores que he encontrado en el libro, la edición en papel ya no es posible corregirla (si una posible reedición), pero teniendo en cuenta que existe una edición digital (más barata), esta si podría corregirse.
A veces escribe Internet con minúsculas (pág. 81) y otras con mayúsculas (pág. 99).
A veces escribe Ácido Desoxirribo-Nucleico (pág. 68) y otras ácido desoxirribonucleico (pág. 71).
Pág. 26, dice: más dos milenios atrás, debería decir: más de dos milenios atrás.
Pág. 106, desconsoladoras - desconsoladora.
Pág. 160, ver a hablar – ver o hablar.
Pág. 181, falta cerrar comillas después de: (como quieren hacerlo las religiones dogmáticas).
Pág. 183, al final de la hoja falta la G de Gili.
Pág. 186, falta un punto y seguido entre Jesús y Si.
Pág. 254, todo lo que hay es mi cerebro – todo lo que hay en mi cerebro.
Pág. 267, he venido abolir la ley – he venido a abolir la ley.
Pág. 268, Darrin M.McMahon - Darrin M. McMahon.
Pág. 310, 1874 – 1974.
Pág. 313, Pilles Kepel, La Yihad, Península 201 - Gilles Kepel, La Yihad, Península 2001. (Error en el nombre y en la fecha).
Pág. 358, falta punto y aparte después de hebreo.
Pág. 380, Milton Ash – MiltonAsh.
Pág. 394, falta punto y aparte tras “Vaticano)”.
Pág. 398, la mayoría de lo textos – la mayoría de los textos.
Pág. 399, textos agnósticos – textos gnósticos.
Pág. 420, del hebreo naz_r – del hebreo nazir.
Pág. 426, Richard Ambelain, Jesús o el secreto mortal de los Temparios - Robert Ambelain, Jesús o el secreto mortal de los Templarios. (Error en el nombre del autor y en el título del libro).
Pág. 427, Richard Ambelain, Jesús o el secreto mortal de los templarios - Robert Ambelain, Jesús o el secreto mortal de los Templarios. (Error en el nombre del autor y en la “T” de Templarios puesta en minúsculas).
Pág. 427, llega mis oídos – llega a mis oídos.
Pág. 429, ¡siete¡ - ¡siete!
Pág. 429, surgidos otros – surgido otros.
Pág. 445, Flp 2:6-9) – (Flp 2:6-9).
Pág. 447, de de las religiones – de las religiones.
Pág. 456, el la “cristianización” - la “cristianización”.
Pág. 463, priscialianismo – priscilianismo.
Pág. 463, del la “Gran iglesia” - de la “Gran iglesia”.
Pág. 463, desde que, consiguiera - desde que consiguiera.
Pág. 475, msma – misma.
Pág. 476, Yahvéh.. – sobra un punto y aparte.
Pág. 478, ¿”Cuál fue – comillas iniciales puestas como comillas finales.
Pág. 488, parta alta – parte alta.
Pág. 513, tal puerta?) – falta punto y aparte.
Pág. 543, autosugestionada que – autosugestionada de que.

sábado, 28 de septiembre de 2013

HOLBACH QUE ESTAS EN LOS CIELOS (y III)



















Holbach que estas en los cielos (y III).

Holbach moralista.



Las pasiones son los verdaderos contrapesos de las pasiones.

Holbach



He de confesar que de las tres partes en que he dividido Sistema de la naturaleza (y que se corresponden con los tres artículos que he publicado sobre Holbach en el blog) la última (el presente artículo) es la que más me ha sorprendido. El Holbach ontólogo y el Holbach ateo eran en cierta medida previsibles, el Holbach moralista no tanto, y sin embargo la concepción moral que da el barón está muy próxima a la mía. Mientras leí el Holbach moralista recordé una conversación mantenida en un blog con un católico “profundo e informado” donde decíamos:

“Irichc:

No hay convicción moral que defina al ateísmo. Por tanto, nadie más sensible que el ateo a la demagogia y a la sensiblería, ya que su condición de tal no guarda una relación clara con los principios que sigue o dice seguir. No hay mandamientos ateos, virtudes ateas, doctrinas ateas, consuelos ateos ni penitencias ateas. Puede sostener una cosa y acto seguido la contraria, sin que su calidad de descreyente se resienta por ello. Hoy puede ser Lenin y mañana Buda.

Yo:

El ateísmo no tiene convicción moral, pero eso no quiere decir que no lo tenga cada ateo particular.

Irichc:

Tampoco quiere decir que la tenga, y de eso me quejo.

Yo:

Yo como ateo si tengo convicción moral, al resto de ateos tendrás que preguntarles.”

Desde luego la postura moral defendida por Holbach es la antítesis de lo comentado por Irichc, para empezar lejos de cambiar de opinión gratuitamente Holbach defiende: “La moral debe ser estable, la misma para todos los individuos de la raza humana, no debe variar de un país o de un tiempo a otro”.

Pero no adelantemos acontecimientos y empecemos por el principio, por lo que Holbach entiende que es la moral:

La moral es una ciencia de los hechos.

La moral es la ciencia de las relaciones existentes entre los espíritus, las voluntades y las acciones de los hombres, al igual que la geometría es la ciencia de las relaciones existentes entre los cuerpos.

La moral es la necesidad de las relaciones existentes entre los hombres enseñada a seres razonables.

Ya en las primeras páginas del libro Holbach matiza: Es muy importante para los habitantes de este mundo ser justos, bondadosos y pacíficos.

Más adelante pregunta: ¿Cuál es el objetivo del hombre en la esfera que ocupa? Conservarse y llevar una existencia feliz.

El hombre virtuoso es aquel cuyas acciones tienden constantemente al bienestar de sus semejantes.

La felicidad es la coordinación del hombre con las causas que actúan sobre él.

La política debería ser el arte de regular las pasiones de los hombres y dirigirlas hacia el bien de la sociedad.

La libertad es la facultad de hacer todo lo que no perjudica a la felicidad de los semejantes para conseguir la propia felicidad.

No hay patria sin bienestar, una sociedad sin justicia sólo contiene enemigos (…) La libertad, la propiedad y la seguridad, hacen amar a la patria, y el amor a la patria es lo que constituye al ciudadano.

La sociedad es justa, buena y digna de nuestro amor cuando satisface las necesidades físicas de todos sus miembros.

(Podríamos decir que en la España actual, hay muchas personas a las que solo les queda la libertad, porque la propiedad la han perdido al quedarse sin trabajo y les han desahuciado de sus viviendas, la seguridad queda relativizada, ya no hay trabajo seguro (duradero) ni vivienda segura si no está terminada de pagar, y la libertad que les queda se convierte en libertad de emigrar. En estas circunstancias es difícil amar la patria que esta encallada en un modelo de capitalismo que parece no tener alternativa porque los que podrían cambiarlo son los que más se benefician de su inmovilismo, así solo pueden amar a la patria los que trabajan y conservan sus viviendas y pueden vivir, aunque con el temor de perderlo todo).

Recalca la importancia de la educación:

Nuestros padres e instructores son quienes nos hacen buenos o malos, sabios o insensatos, estudiosos o distraídos, firmes o frívolos y vanos. Sus ejemplos y discursos nos modifican para toda la vida.

En la moral la educación  no es otra cosa que la agricultura del espíritu.

Educados así, los hombres no tendrán necesidad de las recompensas celestes para conocer el valor de la virtud, ni de ver a sus pies el abismo en llamas para sentir el horror del crimen.

(Otra cosa que peligra en la España actual, los recortes en la educación, la limitación de becas o la subida de tasas universitarias, prepara el terreno para perpetuar ese inmovilismo del que hablaba antes, solo aquellos que provienen de las clases que más se benefician del estado actual de las cosas podrán licenciarse y perpetuar la situación de un capitalismo que culpa del paro a la clase política y no lo ve como una responsabilidad propia, pues el empresario defenderá su parcela particular y no la totalidad del bien público que concierne a todos los ciudadanos, así los más beneficiados son muchas veces los menos patriotas, pues evitan pagar impuestos o evaden capital al extranjero que podría invertirse aquí).

Dice también:

Para que el hombre fuese virtuoso sería necesario que tuviese interés o encontrase ventajas en practicar la virtud. Sería necesario que la educación le inculcase ideas razonables, que la opinión pública y el ejemplo le mostrasen la virtud como el objeto más digno de estima, que el gobierno le recompensase fielmente, que la gloria le acompañase siempre y que el vicio o el crimen fuesen constantemente despreciados y castigados.

(El ejemplo falla también en la España actual, repleta de evasores fiscales y una clase política corrupta en parte, y que parece afectar al mismo gobierno y su presidente que afirma no estar en política por dinero pero no dejaba de cobrar  “presuntamente” sobresueldos).

La sociedad puede, con el fin de conservarse, amedrentar y castigar a quienes intenten dañarla o cometan acciones que reconoce verdaderamente perjudiciales para su reposo, seguridad y felicidad.

La ley no tiene derecho a castigar a quienes la negligencia de la sociedad ha privado de los medios de subsistencia, del ejercicio de su laboriosidad y sus talentos, de la oportunidad de trabajar para ella.

La sociedad tiene el derecho de quitar la vida a sus miembros.

Aunque el hombre actúe por necesidad en todo lo que hace, sus acciones son justas, buenas y meritorias siempre que tienden a la utilidad real de sus semejantes y de la sociedad en la que vive.

Cuando decimos que la virtud es su propia recompensa queremos decir simplemente que en una sociedad cuyas intenciones fueran guiadas por la verdad, por la experiencia y por la razón, todos los hombres conocerían sus verdaderos intereses, sentirían el objetivo de la asociación, encontrarían  ventajas o motivos reales para cumplir sus deberes; en suma, se convencerían de que, para ser verdaderamente feliz, el hombre debe ocuparse del bienestar de sus semejantes y merecer su estima, afecto y ayuda.

Una política fundada sobre la naturaleza del hombre y de la sociedad, armada de leyes equitativas, vigilante respecto a las costumbres de los hombres, fiel en recompensar la virtud y castigar el crimen, sería mucho más adecuada para hacer la moral respetable y sagrada que la autoridad quimérica de ese Dios.

Volviendo a lo planteado por Irichc: “No hay convicción moral que defina al ateísmo”, podríamos decir, lo que no hay es un ateísmo que sea un calco en negativo del cristianismo (a cuya rama católica pertenece Irichc) y eso se ve claro al decir que no hay mandamientos, virtudes, doctrinas, consuelos y penitencias ateas, tampoco hay sacerdotes, obispos, cardenales ni Papas ateos, ni cielo ni infierno ateo. Lo que Holbach demuestra es que puede haber argumentaciones morales en base al ateísmo que podrán ser compartidas o discutidas por otros ateos, pues el ateísmo no tiene una jerarquía ni dogmas que hagan inútil la reflexión pues lo único que exigen es la obediencia. Como describe Holbach en su libro: “El cristianismo ha causado más divisiones, disputas, guerras civiles y políticas y crímenes de toda clase que todas las demás religiones del mundo juntas”, por lo tanto no le ha servido de gran cosa tener mandamientos, virtudes, doctrinas, consuelos y penitencias. Holbach intenta poner otras bases distintas y debo decir que el resultado no está mal para ser una moral materialista y atea.

sábado, 31 de agosto de 2013

HOLBACH QUE ESTAS EN LOS CIELOS (II)















Holbach que estas en los cielos (II).
Holbach ateo.

Fermín Huerta Martín

Si la ignorancia de la naturaleza dio a luz a los dioses, el conocimiento de la naturaleza está hecho para destruirlos. Holbach

De todo lo expresado en el artículo anterior, Holbach ontólogo, debería deducirse el ateísmo de Holbach. Sin embargo a veces se ha propuesto que “Hay dos maneras de sortear la incompatibilidad entre teísmo y materialismo. La primera consiste en hacer de los dioses entidades corpóreas, como hacen, entre otros, Epicuro y Hobbes (…) La segunda consiste en añadir un principio racional divino que opera causalmente en el mundo (…) Spinoza acepta la equivalencia entre Dios, la Sustancia y la Naturaleza.” Esto lo cuenta Alberto Hidalgo en su interesante artículo Materialismo filosófico. Voy a intentar confrontar lo expuesto por Hidalgo con lo desarrollado por Holbach en Sistema de la naturaleza (y expuesto en parte en Holbach ontólogo) para intentar averiguar si en el caso del barón  es posible compatibilizar su materialismo con algo de lo expuesto por Hidalgo.
Un principio fundamental del materialismo de Holbach es este: La materia es eterna y necesaria pero sus combinaciones y formas son pasajeras y contingentes.
En base a esto podríamos empezar por preguntar si por ejemplo Holbach admitiría los dioses de Epicuro. Estos son descritos en el libro Epicuro de Carlos García Gual:
“La eterna felicidad de los dioses es incompatible con el cuidado por los asuntos humanos. Su eterna vida es incompatible con el existir dentro de nuestro mundo, que, como todos los demás mundos en el universo atómico e infinito, está sujeto a nacimiento y destrucción. Los dioses epicúreos habitan, pues, en los espacios íntercósmicos, en esos intermundia que quedan al margen de las catástrofes cósmicas. También los dioses tienen cuerpo, aunque éste es de una increíble sutilidad, y están formados por agregación de átomos en renovación continua, sin decadencia ni desgaste corporal. Y tienen forma humana.”
“Son seres apáticos y ociosos”. “La divinidad eterna y feliz”. “Serenos e inmortales”
Está claro que estos dioses a pesar de ser corpóreos no encajan con lo expuesto por Holbach que no admite ninguna realidad concreta como eterna al margen del gran todo y de esos “elementos indestructibles” incluso menciona “átomos de Epicuro”, lo de que “están formados por agregación de átomos en renovación continua, sin decadencia ni desgaste corporal”  implica un mecanismo sobrenatural y además iguala a los dioses eternos con un universo eterno en una coexistencia difícil de explicar.
Lo del principio racional divino; o el principio es inherente al mundo y entonces se podría aplicar lo que dice Holbach: “Esta fuerza, que crees conocer mejor llamándola Dios, no es sino la energía del gran conjunto”. O si es impuesto desde fuera implica la existencia de un Dios que no acepta Holbach. Finalmente si se establece la equivalencia entre Dios y naturaleza, o toda la realidad sería espiritual o material, o una tercera cosa que desconocemos (para Holbach también se desconoce lo que es el espíritu, del que dice que es la negación de todo lo que conocemos), la cuestión entonces es si esa sustancia de innumerables atributos tiene o no conciencia, si tiene conciencia sería algo parecido a algún Dios teológico, si no tiene conciencia estaríamos en el plano materialista y llamar realidad material o espiritual a esa sustancia sería una cosa de etiquetas.
Aunque su posición ontológica excluye a dios, Holbach se enfrenta a las hipótesis espiritualistas analizando la naturaleza de lo que denomina un fantasma con cualidades imposibles de conciliar, profundizando en las contradicciones que se derivan de ello: Sustancia privada de extensión que actúa sobre órganos materiales extensos. Un ser privado de extensión no podría moverse ni comunicar movimiento  al cuerpo puesto que tal ser, al no tener partes, es incapaz de cambiar sus relaciones de distancia respecto a otros cuerpos ni provocar movimientos en el cuerpo humano, que es material. El motor del mundo material es un espíritu puro, un ser inmenso puede llenar el espacio sin excluir por ello a la naturaleza, un ser inmutable es la causa de los cambios continuos que se operan en el mundo, un ser omnipotente no puede impedir el mal que le disgusta, la fuente del orden está obligada a permitir el desorden.
¿Cómo pueden influir las acciones físicas de un ser material sobre una sustancia inmaterial y hacerle experimentar sentimientos desagradables?
Si es bueno, ¿cómo puede consentir que se les haga sufrir, aunque sólo sea  por algún tiempo?  Si lo sabe todo, ¿por qué necesita poner a prueba a sus favoritos, de los que nada tiene que temer? Si en verdad es todopoderoso, ¿no podría ahorrarles estas desgracias pasajeras y procurarles de una vez una felicidad duradera?
Si Dios supera en bondad a todos los seres de la especie humana ¿por qué no utiliza su poder infinito para hacerlos a todos felices?
¿No es él mismo la causa primera o el cómplice de las ofensas que le hacen? ¿No es él el  verdadero autor del mal o del pecado que permite cuando podría impedirlo?
No es infinito si la naturaleza entera, sin ser él, puede existir junto a él. No está en todas partes si no está en el hombre que peca o si se retira en el momento en que comete el pecado.
Toda revelación, ¿no supone en los hombres una ignorancia, una imperfección, una perversidad que un Dios sabio, bueno, todopoderoso y previsor habría tenido que prever?
Pero Holbach va más allá de exponer las contradicciones que se derivan de la idea de Dios, para el barón: El espíritu es la negación de todo lo que conocemos. Es imposible para cualquier ser material formarse una idea real de un espíritu.
Me gustaría comentar dos opiniones de los traductores, una expuesta en el epilogo donde se habla de que Holbach es terriblemente anticlerical, obsesivamente antirreligioso. Parecen expresiones vertidas desde el bando confesional, me recuerda algunos fragmentos de la definición de ateísmo del Diccionario de teología de L. Bouyer donde se dicen cosas como estas: El ateísmo es un fenómeno que aparece en todas las civilizaciones, pero que corresponde a un momento de decadencia… Su ateísmo provine de que un desarrollo intelectual desordenado… La vuelta a Dios, para el ateo, aparece, pues, como una condición de su curación psicológica…
Por  cierto, curiosamente, dice la entrada: El materialismo, al negarse a admitir cualquier realidad que no sea material, implica evidentemente el ateísmo.
Por lo que a mí respecta, si en la actualidad (especialmente  aquí en España) encuentro motivos sobrados para ser anticlerical (hablo naturalmente de un anticlericalismo no violento) en la época de Holbach mucho más.
También resulta muy curiosa la siguiente nota: Holbach no se cansa de decir que Dios es aquello de lo que no se puede hablar, pero no opta por callar. Una y otra vez insiste en mostrar la insensatez  de decir lo indecible, pero él sigue diciendo indecible a lo indecible, impensable a lo impensable. Su espíritu filosófico le lleva a aceptar el juego de marcar los límites de la razón, donde ésta se enrosca y hace piruetas para poseerse, para decir sus formas dignas e indignas de ser usada. Ahí, donde Holbach parece menos convincente, es donde se muestra más filósofo.
Parece el comentarista querer decir que cuando Holbach se contradice es cuando se muestra más filósofo. Pero entonces cuando es convincente y no se contradice ¿Qué es? ¿Menos filósofo? ¿Científico? o ¿Jardinero?
Por lo menos en este punto Holbach no se contradice, el no habla de Dios, no propone a Dios, lo que hace es hablar de la imposibilidad de Dios, lo cual es muy diferente, no dice lo indecible, dice que lo indecible es indecible. El comentarista parece querer poner en el mismo plano al que propone lo imposible y al que lo niega.
Aquí merece la pena recordar las palabras de Bunge en su segundo tomo del Tratado de Filosofía donde dice: “En cualquier semántica extensionalista, que la teología sea significante o no significante depende de las creencias religiosas del individuo. Según nuestra concepción, los enunciados teológicos pueden ser perfectamente significantes en sus propios contextos, los cuales determinan tanto su sentido como su referencia. La creencia, así como el escepticismo, deben apoyarse en la asignación de extensiones, no de sentido o de referencia. Así pues, mientras que para un teísta E(Creador)=R(Creador)={Dios}, para un ateo R(Creador)={Dios}, pero E(Creador)=conjunto vacío. (Donde E significa extensión y R referencia). En consecuencia, si alguien deseara argumentar a favor o en contra de una religión en particular, no debería buscar apoyo en nuestra semántica: debería recurrir a medios alternativos. En particular, el no creyente no logrará salirse con la suya por medio de la simple afirmación de que la teología no tiene sentido. (Pero sí puede conseguir mostrar que algunas teologías son contradictorias o que todas carecen de pruebas empíricas positivas)”.
Holbach expone con verdadera maestría un argumento que yo usé una vez en un artículo sin publicar y que me hace pensar en si ateos de diferentes épocas llegamos a los mismos argumentos, el problema es que en muchas ocasiones para llegar al ateísmo hay que leer mucho, y esas lecturas muestran los argumentos sobre los que después se reflexiona y nos terminan volviendo ateos, en mi caso, sin duda, mi argumento favorito contra la existencia de Dios lo leí en el libro de Bertrand Russell  Por qué no soy cristiano: ”Si todo tiene que tener alguna causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede haber algo sin causa, igual puede ser el mundo que Dios”.
Cuando atravesé mi desierto de agnosticismo entre mi fase crédula y la actual atea (ver mi artículo Fervoroso creyente, fervoroso agnóstico, fervoroso ateo), leí durante mucho tiempo a Gustavo Bueno, algunos de sus argumentos ateos me fascinaron, como no puede ser de otra manera, ahora que he leído a Holbach veo a muchos de los argumentos de Bueno como actualizaciones de los argumentos de Holbach (quien tenga conocimientos más profundos sobre el tema podrá señalar que los argumentos de Holbach actualizaban o repetían ideas de autores anteriores), en su libro La fe del ateo da un puñado de estos argumentos que muestran a Dios como un mosaico de ideas incompatibles. Pero en aquella época había un argumento más “técnico”  al que le di muchas vueltas, que se encuentra en el segundo tomo de su Teoría del cierre categorial: «Entrelazamiento y, a su vez, desconexión de cosas entrelazadas con terceras: el principio de Symploké, así interpretado, alcanza un significado claramente materialista. Al menos, él es incompatible con cualquier tipo de concepción ontoteológica del mundo que presuponga un Dios creador y gobernador del Universo, omnipotente y omnisciente, y que mantenga coordenadas todas las realidades del Universo (desde el astro más grande hasta la hoja más pequeña del árbol, pero que ‘no se mueve si Dios no dispone las cadenas de causas para moverla’). La symploké, al reconocer ‘cortaduras’ en el Mundo, implica propiamente el ateísmo ‘terciario’, es decir, la negación de un Dios omnisciente y omnipotente, y aquí reside su principal significación gnoseológica. No es posible un entendimiento capaz de conocer todas las cosas, porque la symploké las hace incognoscibles (en este sentido). El reconocimiento de esta implicación entre la tesis de la symploké y el ateísmo terciario (el que niega el Dios omnisciente de Molina, pero también el ‘genio’ de Laplace), será acaso considerado como abusivo por algunos teólogos; sin embargo, nos parece que la implicación está reconocida, al menos en su forma contrarrecíproca por el propio teísmo molinista, no sólo en su versión tradicional escolástica, sino también en la versión del monismo idealista del pasado siglo».
Caí en la cuenta de que las objeciones que yo ponía (desde mi posición agnóstica) al argumento de Bueno eran de índole crédula, espiritualista. Es decir, si se aceptaba el principio de symploké (ver mi artículo Críticas de Gustavo Bueno a la causalidad en Mario Bunge), el razonamiento de Bueno es impecable, por eso la importancia de una base materialista que fundamente el ateísmo, estos dos conceptos se sustentan conjuntamente.
Solo lecturas incompletas pueden permitir “redescubrir” argumentos clásicos como si fueran propios. El argumento que Holbach  expone es también muy interesante, tiene que haber “relaciones morales” entre Dios y los hombres para que el invento cristiano funcione, debe haber nociones análogas de bien en Dios y en los hombres, pero si se acepta eso se abre paso a un alud de críticas que Holbach desarrolla en este libro que no en vano es considerado la biblia del ateísmo.